
Si bien el 40% de las utilidades ya fueron giradas al Tesoro, hoy se dio a conocer finalmente el balance del Banco Central. Como se esperaba, el resultado mostró un salto
notable, inflado por el efecto de la devaluación pero sobre todo, de la “contabilidad creativa” y sus ganancias artificiales.
El balance arrojó un resultado de $ 1,6 billones contra $ 576.000 millones el año anterior, un incremento de 180 %, es decir que casi se triplicaron. Según la Consultora Ledesma, es el equivalente al 5% del PIB nominal esperado para 2020 ( 2% del PIB ya fue girado).
Las letras intransferibles fueron determinantes para lograr estos resultados. Estas letras son los títulos ilíquidos que entrega el Tesoro al Banco Central como contrapartida cada vez que toma reservas para pagar deuda. El año pasado se decidió cambiar el criterio según el cual son valuadas. De no haber sido por eso, no habría habido resultado positivo.
“Acá pasaron de un proxy de valor de mercado que con la destrucción del precio de los bonos implicaba una pérdida, a valor técnico“, explica Gabriel Caamaño, de Ledesma. Y el Central está empapelado de letras intransferibles.
Ese efecto puede observarse en las diferencias netas de cotización, en el renglón de títulos públicos nacionales, que pasaron de $ 483.000 millones a $ 2.400 millones (+ 400%). Su valor se multiplicó por cinco (se suma también impacto de la devaluación).
Por otro lado, jugó como otros años el ajuste del tipo de cambio nominal, esto es la suba del dólar, que mejoró el rendimiento de los activos en esa moneda y otras monedas extranjeras, básicamente las reservas y las letras intransferibles.
“También te hace perder versus los pasivos en esas mismas monedas. Pero lo que importa es el neto. Tenés muchas menos reservas que letras intransferibles y buena parte de las reservas tienen contrapartida en pasivos en moneda extranjera”, explica Caamaño.
Y agrega: “Hay un bonus track. Todavía queda susceptible de distribución más de la mitad del resultado no asignado de 2018. Son unos $ 380.000 millones más. Ergo, hay capacidad de giro de utilidades por 6% del PIB nominal estimado para 2020.”
El uso de la maquinita se había acotado a un mínimo el año pasado con la gestión macrista pero la política en ese sentido se dio vuelta por completo, sobre todo de cara a la pandemia.
La “monetización” de estas ganancias, su transferencia al Tesoro para ayudar con el déficit fiscal, deberá ser vía giros de utilidades ya que el límite autorizado para préstamos llamados adelantos transitorios ya está agotado.
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