
Frialdad fue la sensación con la que María del Carmen y Manuel describieron su boda, que había tenido lugar en un breve espacio de cinco minutos y delante de una juez. Sólo
acompañados por la madre y la hermana de él. Los dos hijos de la pareja no pudieron vivir ese momento. Con mascarillas y el bolígrafo para estampar sus firmas traído de casa. «Al menos nos han permitido no ponernos los guantes», bromeaba el novio. Pero esa frialdad del momento no les impidió esbozar una sonrisa, que difícilmente podían eliminar de sus rostros a la salida de los juzgados del Edificio Viapol, donde les esperaban sus dos hijos, de 16 y 15 años. GALERÍA Ayer el Registro Civil de Sevilla, que ha puesto en marcha todos sus servicios desde esta semana tras el parón obligado por el estado de alarma, inició la celebración de los enlaces matrimoniales. Manuel y María del Carmen llegaban pasadas las 10.30 horas a la calle Vermondo Resta. Lo hacían acompañados por sus dos hijos, fruto de una relación que supera las dos décadas. Preguntaron a los agentes dispuestos en la entrada de los juzgados a qué puerta tenían que dirigirse para casarse. Tenían cita a las once de la mañana. No eran los primeros. Por delante cumplieron su deseo dos mujeres. La funcionaria abre la puerta, dice los nombres de la pareja y éstos entregan su DNI en un portafolio para evitar el contacto. Hasta nueva orden no podrán entrar nada más que los contrayentes y los dos testigos. Y así lo hicieron en las seis bodas que estaban fijadas ayer. Carmen y Manuel tenían previsto casarse el 16 de abril. Con la llegada del coronavirus recibieron una llamada desde el Registro Civil para su cancelación. Después, se volvieron a poner en contacto con ellos para proponerles una nueva fecha: el 20 de mayo. No lo dudaron. No querían esperar más. Un sueño, formar una familia, irse a vivir juntos, etc. Son muchos los planes que se esconden detrás de la fórmula de consentimiento del «sí, quiero», aunque en el caso de Manuel está su familia y su protección. «Tengo miedo» Tras más de 20 años de unión sentimental, la boda nunca fue una prioridad para ellos, pero Manuel tiene «miedo» a la enfermedad y las consecuencias de ésta sobre él. Trabaja como t écnico en electromedicina en un hospital y es consciente del riesgo que asume en el desarrollo de su labor por el coronavirus. «Tengo miedo», insiste Manuel en declaraciones a este periódico, quien explica que con este paso garantiza a su familia una cobertura social. Y ese sentimiento de miedo es lo que ha movido a esta pareja a no posponer más su enlace matrimonial, como sí están haciendo otros novios, que prefieren esperar más adelante y evitar las restricciones actuales para la asistencia y la posterior celebración. Manuel y María del Carmen no querían esperar más. Lo que sí va a tener que esperar es la fiesta con familiares y amigos, a los que ayer echaron en falta. «La foto no es la misma», afirmó la novia. Ellos no pretendían un evento a lo grande, pero sí estar más acompañados. No hubo flores, ni arroz, ni anillos ni beso. Menos aún traje blanco, pero sí muchas felicidad. También la advertencia del agente de la Guardia Civil de que había que mantener la distancia de dos metros entre personas de un mismo grupo. Aunque muchos eran convivientes. Tampoco hubo pedida de mano, pero el novio no dudó en hacerlo minutos antes de entrar a la «sala de bodas» del Registro. Ellos nunca pensaban que el día de su boda iba a ser así cuando hace meses pidieron cita e iniciaron el expediente. Pero ya tendrán «una anécdota» que contar a sus nietos. Entre risas reconocían que ha tenido que llegar una pandemia como el coronavirus para poner «a muchos en nuestro sitio», a los que como Manuel «iban de modernos» y decían que las bodas no iban con él. Al final hubo boda pero con una celebración pendiente.
FUENTE DIARIO ABC: