
Justo al día siguiente de que se conociera que el histórico bar Casa Eme en la Puerta Osario cierra definitivamente sus puertas, la casa que acoge el local comercial ha salido a
la venta. La inmobiliaria Metron Sevilla oferta este inmueble de cien metros cuadrados y tres habitaciones, incluyendo el bar, por 210.000 euros. Se trata de un edificio de tres plantas que necesita una rehabilitación integral. En su planta baja se encuentra el bar de Emeterio Serrano, muy conocido por conservar un servicio tradicional que las modas no pudieron cambiar ni en las formas (tiza en la barra para llevar la cuenta y un antiguo megáfono para avisar a los clientes de los veladores) como en la carta (solomillo y tortilla al whisky o las almendras fritas). El hostelero compró la casa hace 30 años y ahora, por la situación actual, ha tomado la decisión de concluir la actividad y vender el inmueble. La limitación del aforo en las barras una vez que se alcance la fase 2 de la desescalada, así como la reducción del aforo en las terrazas, han terminado de convencerle de que ha llegado la hora de despedirse, consciente de que la esencia de Casa Eme es precisamente la cercanía del público y el bullicio que se genera en torno a su barra. Dos de sus clientes tradicionales lamentaban ayer su cierre. Los Compadres, que se hicieron famosos por sus diálogos en las puertas de Casa Eme, homenajeaban ayer al propietario de este mítico establecimiento cuya carta está escrita en azulejos junto a otros de los cristos y las vírgenes de Sevilla. Y, en la fachada de la casa de la Puerta Osario, 5, se encuentra un retablo céramico del Señor de la Salud de los Gitanos que forma parte del paisaje de esta zona del casco histórico. Uno tras otro Casa Eme cierra y el inmueble se vende. El coronavirus está cambiando no sólo las costumbres y las formas con las que se relacionan las personas sino que también va a acabar con elementos enraizados en la ciudad como son los negocios históricos. Junto al bar de Emeterio Serrano, también ha anunciado su cierre definitivo Benjamín Martín, en la Huerta de la Salud. Continuar la actividad y abrir en las próximas semanas sería «como empezar de cero, más complicado aún», y aunque no estaba en sus planes inminentes sí que sus propietarios habían soñado ya con la vida que llevarían una vez que dejaran la hostelería. «Últimamente estábamos saturadísimos y teníamos un día a día de no parar, ha tenido que pasar esto para que nos planteemos nuestro futuro», subraya. En este caso, además de la esquina de la calle Cruz, los parroquianos del Porvenir dicen adiós al bacalao con tomate, las espinacas con garbanzos y al aguacate con gamba y crujiente de alioli.
FUENTE DIARIO ABC:
