Al centro Alberto Fernández; a su derecha, Horacio Rodríguez Larreta, y a su izquierda, Axel Kicillof. Tal vez sea sólo el azar. En la presentación, Alberto nombró correctamente el cargo de Rodríguez Larreta (jefe de gobierno porteño), mientras que a Kicillof lo presentó como el “gobernador de la ciudad de Buenos Aires” y éste, incómodo, atinó a corregirlo, pero optó por dejarla pasar.Tal vez sea sólo un lapsus. Por Agustin Lapietra* -TNA-
En la conferencia de prensa de tres, hubo dos que estuvieron en sintonía, hablaron con un tono pausado, agradecieron el trabajo en equipo entre gobiernos de distinto signo, mientras que el tercero se mostró un tanto alterado, como si estuviese en un centro de estudiantes. Kicillof nunca se dirigió al jefe porteño de manera directa, siempre trató de evitarlo, como si su presencia molestara. Gestos que pueden significar lo incómoda que resulta para el kirchnerismo duro la persistencia de Rodríguez Larreta en la escena nacional.

El presidente se encargó de destacar la labor del jefe porteño y del resto de los gobernadores opositores que están trabajando codo a codo con Nación, y los diferenció de los que no tienen cargos de gestión y desde las redes sociales y medios de comunicación se encargan de esmerilar la labor del gobierno y movilizar cacerolazos (entiéndase Mauricio Macri y Patricia Bullrich, por citar a los más notorios). La relación entre Alberto y Rodríguez Larreta se ha mostrado fluida desde la asunción presidencial del 10 de diciembre y sólo tuvo un breve cortocircuito cuando circuló la posibilidad de que Nación le recorte presupuesto a la ciudad; la pandemia los unió, se consultan asiduamente y realizan trabajos mancomunados como el que comenzó a verse ahora en los barrios de emergencia donde, tras brotes de Coronavirus, Nación salió a reforzar la ayuda en la Villa 31 y la 1-11-14.
¿Es solo un amor de pandemia? ¿Puede esta relación solidificarse y prosperar más allá de la emergencia? Y yendo aún más lejos, ¿hay posibilidades de una alianza electoral entre el presidente y el jefe de gobierno porteño de cara a las legislativas del año que viene? Todo está muy fresco y por ahora sólo parece un romance de otoño. Sin embargo, hay señales para tener en cuenta y no refutarlo a buenas y primeras. Rodríguez Larreta y su vicejefe, Diego Santilli, representan una especie de peronismo con buenos modales, que gobierna desde 2015 la ciudad más reacia al kirchnerismo (algunos, como Sergio Massa, afirman que Rodríguez Larreta gobierna la ciudad desde 2007, cuando Macri fue electo intendente y él designado como su jefe de Gabinete). A su vez, a ambos los une una buena relación con Massa, del que el jefe porteño es íntimo amigo (solían vacacionar con las familias) y con el que conformarían el tridente necesario para gestionar el país: el armado del tigrense en provincia, el peso del larretismo en ciudad y la capacidad de aunar las voluntades del resto de los gobernadores del propio Alberto.
Las señales de la prosperidad de este romance también pueden vislumbrarse por el celo kirchnerista. El pasado 2 de mayo, la vicepresidenta hizo un descargo en su Twitter sobre las presuntas presiones que la jueza Ana María Figueroa habría recibido por parte de Juan Bautista Mahíques en el marco de la causa por el Memorándum de Entendimiento con Irán y aprovechó a pegarle a Rodríguez Larreta, quien designó a Mahíques como Fiscal General de la ciudad de Buenos Aires. Por su parte, la diputada nacional Gabriela Cerrutti también se sumó a las críticas hacia el jefe de gobierno a quien acusa de hacer negocios inmobiliarios y desproteger a los barrios de emergencia. Es curiosa la enjundia del kirchnerismo hacia Rodríguez Larreta cuando éste se encuentra en la trinchera con Alberto, mientras desde el PRO duro se encargan de agitar el avispero y en el fuego cruzado resulta difícil identificar bandos.
Claro que esta relación a conveniencia es clara en el corto plazo (por afinidad, fondos públicos, pandemia) pero se dificulta a mediano y se torna conflictiva hacia más adelante. ¿En el mediano plazo qué podría aportarle Rodríguez Larreta a Alberto? Votos de la ciudad, un interlocutor opositor moderado y luz verde y apoyos legislativos para el Congreso. Claro que Cambiemos no es sólo Rodríguez Larreta o Santilli; Martín Lousteau es un comodín con peso político y votos que busca posicionarse dentro de la alianza (con miras a 2023, en Ciudad de Buenos Aires), la Coalición Cívica sigue la verticalidad de Lilita Carrió, quien difícilmente acepte un pacto con el peronismo-kirchnerismo que rodea a Alberto, y el radicalismo, como siempre, es una incógnita que puede caer para cualquier bando. El tándem Macri – Bullrich sería la luz roja en el semáforo, mientras que María Eugenia Vidal todavía brilla por su ausencia.
El problema mayor se daría en 2023, donde ambos proyectos confluirían hacia el mismo objetivo: la presidencia. Alberto, como todo presidente, buscaría reelegir. De Rodríguez Larreta se conocen sus aspiraciones presidenciales, buscando emular la hazaña macrista de 2015 con dos mandatos en ciudad y la presidencia. A esto se suma que el jefe de gobierno no puede ser reelecto por un tercer mandato en ciudad, por lo que la presidencia sería la única meta por cruzar. Claro que para todo esto falta y en el medio estará el devenir de la pandemia, la salida de la crisis, el posible default y las jugadas de Cristina para evitar una traición más grande que la que ya vivió con Julio Cobos en 2008, cuando su aliado de fórmula y entonces Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, no resistió el desgaste y presentó la renuncia.
Agustin Lapietra dirige *El Ingenuo.com
