
Joaquín Béjar Martínez «Quini» (Linares, 1968) es uno de los grandes delanteros de la historia del CD Toledo, digno sucesor de Esteban Martínez «La Bruja», Juan Carlos Paniagua, además del ya reciente
Rufino Segovia. Gracias a sus goles, el club verde estuvo muy cerca de subir a Primera División en 1999. «Marqué 16 goles a pesar de que no jugué 15 partidos por las lesiones. De lo contrario, creo que hubiera sido el pichichi de la categoría», recuerda en conversación teléfonica con ABC desde Benalmádena, en plena Costa del Sol. Sobre este frustrado ascenso hubo muchos comentarios sobre si el Toledo no quiso subir. Al respecto, Quini afirma: «¿Cómo no me iba a interesar ascender a Primera División si yo tenía una claúsula de renovación en mi contrato por la cual se me doblaba automáticamente la ficha? Además, era mi sueño deportivo el disputar un campeonato en la máxima categoría. Repito, yo estaba como loco por subir a Primera División. Hablo por mi, claro». La siguiente temporada «se hizo un equipo de menor calidad, sin duda. Yo me operé en ese verano de una hernia discal que me daba mucha guerra y la arrastraba de la temporada anterior, de ahí mis lesiones. Tardé en recuperarme varios meses y cesaron al entrenador, Miguel Ángel Portugal, cuando ya empezaba a jugar. Ficharon a Luis Sánchez Duque, con el que no conecté desde el principio y ni me entendía; de hecho, apenas jugaba. Al final, el equipo terminó bajando a Segunda B». Entonces «me fui a jugar un play-off de ascenso con el Universidad de Las Palmas porque el Toledo estaba sentenciado. Subimos a Segunda en una promoción en la que estaban Hércules, Xerez y Zaragoza B. El equipo canario quería que me quedara, pero tenía contrato con el Toledo, que me reclamó para volver con José Ramón Corchado de entrenador. Sin embargo, me tocó estar seis meses sin jugar por una claúsula federativa que desconocíamos. Ese año fue el que eliminamos al Real Madrid en la Copa del Rey y dos semanas después, en el mercado invernal, fiché por el Córdoba para jugar en Segunda tras un traspaso por el que el Toledo se ahorró el segundo semestre de mi ficha, una cifra importante». Finalmente, Quini se retiró con 38 años. «Tuve un periplo de descanso para dedicarme a la familia (tengo esposa y dos hijos), hasta que me entró de nuevo el gusanillo del fútbol y empecé entrenando a niños. Más tarde fui entrenador del Benamiel en distintas categorías y del Juventud Torremolinos B. Luego me decidí a sacarme los tres niveles de entrenador, que me costaron cuatro años, incluidas las prácticas», relata, y añade que sus dos últimas experiencias han sido, primero, como ayudante de Ángel Vivar Dorado en la selección AFE y, después, como primer entrenador de este equipo en una concentración en San Pedro del Pinatar. Ahora tiene «la gran ilusión de volver al CD Toledo como entrenador. Creo que estoy preparado para acometer un reto que me apasiona, pero quiero hacerlo sin prisas. No me importa el tema económico. Mi deseo es enseñar a un delantero centro a jugar de espaldas a la portería, a hacer un buen control del balón o a dar una asistencia de gol a un compañero que venga desde atrás. Vamos, lo que yo hacía cuando era jugador. Esto no se hace en el fútbol de ahora y es fundamental. Aparte tengo mis conocimientos técnico-tácticos para que el equipo sea competitivo, tanto en defensa como en ataque». Marcó 29 goles en el Talavera CF, en el mejor año de la historia del club La temporada 1997-1998, justo antes de recalar en el CD Toledo, Quini jugó en el Talavera Club de Fútbol. Lo hizo gracias al entrenador Gregorio Manzano, paisano del delantero (Manzano es de Bailén, a 15 kilómetros de Linares) y que por tanto conocía de sobra sus cualidades goleadoras. Quini completó un gran curso, metiendo 29 tantos (26 en Liga y tres en la promoción) que sirvieron para que el conjunto blanquiazul estuviera a puntro de subir a Segunda. De hecho, lo hubiera conseguido de ganar al Beasain en la última jornada de la liguilla de promoción. Aquel partido «fue una encerrona. Cuando llegamos al campo vimos que lo estaban regando y estaba lloviendo a mares. Ellos se pusieron 1-0 en el primer minuto con un penalti claro, pero absurdo. Logramos empatar con tanto de Quique Gandul a pase mio en el minuto 72, pero el Beasain se defendió luego con uñas y dientes y no pudimos marcar el gol de la victoria», recuerda. Finalmente, subió el Málaga tras ganar 4-1 al Terrasa y entre acusaciones de que el portero visitante «se vendió». Y añade: «En lo que a nosotros se refiere, y según algunos medios, los jugadores del Beasain estaban fuertemente primados por el Málaga. Además, ese verano estuvieron 15 días acompañados de novia o esposa, con gastos pagados, en un hotel de la Costa del Sol. La verdad es que corrían como locos en un partido en el que no se jugaban nada; a no ser que tuvieran la prima de un tercero».
FUENTE DIARIO ABC:
