
Repeinados y con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en sus rostros, algunos con mascarillas y la mayoría sin ellas, guardando las oportunas distancias de seguridad, unos a lomos de sus
bicis, otros guardando el equilibrio sobre patinetes o con un balón en las manos, sentados en carritos de bebés o en sillas infantiles… Los niños sevillanos rompieron al fin su confinamiento para saborear de nuevo, después de más de cuarenta días, el valor de la cotidianeidad de un simple paseo o del reencuentro con calles, plazas, parques y espacios públicos. Cierto es que a la ciudad le costó desperezarse después de una larga noche de «alumbrao» donde en muchas casas se bailaron sevillanas y corrió la manzanilla a rienda suelta. La resaca de la primera noche de esta Feria de Abril virtual fue larga, lo que provocó que durante las primeras horas de la mañana las calles presentaran un aspecto casi desértico y hasta cercano ya el mediodía la animación no fuera en aumento. Hoy era el día que tanto habían estado esperando los pequeños, así que una gran mayoría de pequeños despertó de un salto de la cama preguntando si al fin era domingo y gritando que ya podían salir. Aunque a cuentagotas, ya a las diez de la mañana había padres o madres, o los dos juntos pero guardando la distancia en grupos separados, paseando a sus pequeños por el Parque de María Luisa, un pulmón natural en el centro de la ciudad predestinado a convertirse en el destino ideal para el primer paseo con los niños tras un largo enclaustramiento entre cuatro paredes. Uno de esos padres era Guillermo, un vecino de Los Remedios que paseaba de la mano a su hijo Nacho de tres añitos. «Hemos pensado que a esta hora habría menos concentración de niños y por tanto menos riesgo que de las doce en adelante. La verdad no me esperaba encontrar el parque tan solitario. Estamos acostumbrados a venir a este parque y nunca lo habíamos visto así, sin coches de caballos, sin bicis de alquiler, sin vida prácticamente. Me recuerda a escenas de la película ’28 días después’. Mi mujer es la que se ha quedado un poco envidiosa en casa, pero a ella le tocará mañana’». El pequeño Nacho anda tan nervioso que le llama la atención cualquier cosa, desde el coche de policía que se detiene a saludarlos hasta el gorjeo o el graznido de las aves o el borboteo del agua en las fuentes. El célebre estanque de los patos se convirtió en un punto de atracción para los niños de las zonas más próximas al Parque de María Luisa. También Carlos ha madrugado para pasear con sus hijas Belén y María, de 11 y 10 años respectivamente. «Aprovecharemos la vuelta a casa para saludar a la abuela desde la ventana». La presencia de la Policía Local en el parque es muy numerosa y un coche de Protección Civil se pasea casi a ralentí por las vías y senderos de este espacio repartiendo mascarillas a la población. Al igual que en los parques, también en el centro, en Nervión, en los Bermejales, en Sevilla Este… en todos los barrios de la ciudad se han despertado hoy con un nuevo sonido, el de la algarabía de los niños.
FUENTE DIARIO ABC: