
Creció con sus abuelos maternos y a los 12 años su madre lo trajo a vivir con ella en Asunción, donde ella trabajaba, aunque a Fernando le agradaba
“Lunes, martes y miércoles entrenaba en el Parque Azulgrana con Cerro; jueves y viernes en Para Uno con Olimpia, mientras seguía jugando los domingos con el América. Probaba cuál de los dos era mejor”, recuerda a través de la charla por WhatsApp.
Hasta que una lesión, líquido en el talón, decidió su futuro. “Le comuniqué a los de Cerro mi lesión y no me hicieron tanto caso. ‘Volvé cuando estés bien’, me dijeron”. Y en la vereda de enfrente la respuesta fue otra: “Sí, te vamos a tratar, me dijeron en Olimpia, y me llevaron al centro de rehabilitación Cocodrilo”.
Justo en ese año su tío Aldo Paniagua militaba en el Decano, lo que lo llevó a ficharse en el club.
Consultado cómo se atrevió a entrenar en ambos clubes a la vez, respondió: “Sabía qué podía pasar si me llegaban a pillar, pero necesitaba una respuesta y esa era la única manera. Valió la pena y me di cuenta que Olimpia estaba más interesado en mí que Cerro. Y fue una buena elección”.
Hoy todo aquello quedó como anécdota, mientras vive en la ciudad de Oporto, de Portugal, con 19 años y tres títulos con Olimpia y transferido al Boavista. “Vivo completamente solo. Justo ahora entreno en el hotel donde vivo. Solo salgo para ir al súper, farmacia o al banco. Los policías acompañan para que no vayas a otra parte”, comenta. Fernando aún no pudo debutar con su nuevo club, pese a haber ido concentrado y hasta ocupado el banco de suplentes en varias ocasiones.

