

El laborista ha señalado ya los cuatro asuntos más relevantes de los últimos días en los que piensa vigilara al Ejecutivo de Johnson. Aunque agradece que Downing Street comience a dar señales de claridad sobre sus planes para realizar test de la enfermedad, en cuanto a cifras y grupos de personas, Starmer exigirá que se cumpla la promesa de alcanzar las 100.000 pruebas diarias para finales de abril, tal y como anunció el ministro de Sanidad, Matt Hancock. A la espera de que la comunidad científica sea capaz de dar con una vacuna, el jefe de la oposición reclama que se diseñe ya un plan nacional de vacunación, con centros destinados a tal propósito por todo el país, para que pueda protegerse cuanto antes a toda la población británica.
El Gobierno, pide Starmer, debe escuchar y atender de inmediato las reclamaciones del personal sanitario de una mayor protección. Y finalmente, dice el líder laborista, el Gobierno debe diseñar y hacer pública cuanto antes su estrategia de salida. Es decir, los pasos que deberán darse para que el país comience a dejar atrás la situación de excepcionalidad y regrese la vida normal.
El Partido Laborista eligió este sábado a Starmer, abogado especializado en la defensa de los derechos humanos y hasta la fecha portavoz de la oposición para el Brexit, como nuevo líder de la oposición, en sustitución de Jeremy Corbyn, con el 56,2% de los votos. El nuevo líder de la oposición supo mantener durante su campaña un equilibrio en el mensaje que le presentaba como el cambio gradual de imagen y contenidos que necesita el laborismo, después de la estrepitosa derrota electoral cosechada el pasado diciembre. Su nombramiento coincidía con la carta que Boris Johnson había enviado a todos los partidos políticos en la que les reclamaba cooperación.