
La pandemia del nuevo coronavirus obligó a los presidentes de los países alrededor del mundo a tomar medidas. Algunos fueron drásticos; otros más flexibles y algunos lentos. En
estos meses, las políticas públicas fueron diversas y cambiantes. Muchos mandatarios, incluso, dieron marcha atrás en sus decisiones.
El último fue el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, quien en las últimas horas incitó a los mexicanos a “quedarse en casa” a fin de evitar la propagación del nuevo coronavirus, en un cambio radical de su postura tras el aumento de casos y fallecidos ligados a la pandemia.
Hasta hace unos días, seguía recomendando a la población a salir y en sus actividades, daba la mano y abrazos, a pesar de las recomendaciones sanitarias. Tras conocer las cifras de 717 casos positivos y 12 muertos, AMLO pidió: “Hay que quedarse en casa y cuidarnos entre nosotros”.
AMLO ayer, durante una gira en Bahía de Banderas en el estado de Nayarit, México. Obrador sigue haciendo sus recorrida de fin de semana, pero ahora sin actos multitudinarios.
Gran Bretaña fue uno de los primeros países que recomendó a sus ciudadanos continuar con sus hábitos: allí creían que si contraían el virus, se iba a generar la “inmunidad colectiva”. Según estimaciones del gobierno, esto significaría que quienes superaran el virus quedarían inmunes a él, sobre todo los niños, los más jóvenes y las personas sanas, por lo que quedaría tomar medidas para proteger a los ancianos y a los más vulnerables.
Por ese motivo, el gobierno retrasó la suspensión y cierre de escuelas y universidades así como medidas de aislamiento social argumentando que aún era muy pronto ya que el Reino Unido todavía no había llegado al pico del contagio.
Después de algunos días, el discurso cambió completamente y el Ministerio de Salud británico informó el 16 de marzo que el COVID-19 permanecerá en el Reino Unido por lo menos un año y se espera que, en el peor de los escenarios, el 80% de los británicos se infecten.
Boris Johnson arrancó minimizando la situación. Hoy está contagiado de coronavirus y permanece aislado.
Esta semana, se conocieron los positivos del príncipe Carlos, el Primer Ministro, Boris Johnson, y el ministro de Salud, Matt Hancock. El Reino Unido, además, está en el top 10 de los países con más infectados (14.745, según los últimos reportes) y registra ya 761 muertos.
El Príncipe Carlos, otro que está contagiado de coronavirus en Inglaterra.
El país con más contagios es Estados Unidos, con un total de 100.000 y 1.600 fallecidos. Sin embargo, su presidente, Donald Trump, tomó variadas (y cuestionadas, en muchos casos) medidas. Después de descartar repetidamente el coronavirus, diciendo que estaba “totalmente bajo control” y “desaparecerá”, e insistiendo en que no estaba “preocupado en absoluto”, se tardaron en hacer pruebas y muchos gobernadores comenzaron a tomar sus propias decisiones.
Trump pasó de tener la situación bajo control a movililzar a todo el país.
La primera de Trump, en cambio, llegó el 12 de marzo cuando prohibió el ingreso de vuelos desde Europa, con excepción de Gran Bretaña (al que incluyó después). Luego, declaró la emergencia nacional y liberó fondos para combatir el coronavirus. Esta semana, lanzó un paquete de ayuda económica de 2 billones de dólares y ordenó por decreto al fabricante de automóviles General Motors producir respiradores artificiales, que se agotan en los hospitales y son vitales para los pacientes.
Rusia, el último país importante en no haber tomado medidas de confinamiento generalizado, decidió cerrar a partir de este sábado los restaurantes y la mayoría de las tiendas antes de una semana feriada. De esta manera las autoridades esperan que los rusos se queden en casa aunque no estén obligados a hacerlo. Y desde el lunes cerrará sus fronteras para evitar la expansión.
Vladimir Putin, presidente de Rusia, el último país entre las potencias en adoptar medidas drásticas.
Según un decreto del gobierno, Rusia, donde hay 1.264 casos, “restringirá temporalmente el tráfico” de entrada y salida en todos los pasos fronterizos por carretera, ferroviarios y marítimos a partir del lunes a medianoche. La frontera con Bielorrusia, normalmente abierta y que se cruzaba sin control aduanero, también permanecerá cerrada.
En cambio, por estas latitudes, Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, lleva semanas minimizando la gravedad de la pandemia, que tilda de “gripecita”, y emprendió una campaña contra las medidas de confinamiento decretadas en muchos estados, entre ellos Sao Paulo y Rio de Janeiro. Sus propios gobernadores y aliados políticos le están dando la espalda y, para colmo, la Justicia le frenó su decisión de que permanezcan abiertos los templos religiosos y las casas de lotería, que el mandatario consideraba esenciales.
Jair Bolsonaro encadenó varias frases que quedarán en la historia, empezando por decir que el coronavirus es “una gripecita”. Hoy recibe críticas de la gran mayoría de los brasileños.
Por otro lado, mientras en algunas partes del mundo el confinamiento es factible, en otras es materialmente imposible. En Johannesburgo, capital de Sudáfrica, la policía disparó el sábado con balas de goma para dispersar a centenares de personas que se agolpaban ante un comercio y hacían caso omiso del confinamiento decretado.
En países musulmanes como Pakistán e Indonesia también ha resultado difícil impedir que los fieles vayan a la mezquita. Las imágenes contrastan con la fotografía, casi onírica, del papa Francisco, bendiciendo al mundo frente a una plaza de San Pedro completamente desierta el viernes por la noche.
En América Latina, donde ya hay más de 11.000 casos confirmados y 232 muertos, según un balance de la AFP, la mayoría de los países ha aumentado las restricciones de movimiento. Así, hay órdenes de confinamiento obligatorio en Argentina, Bolivia, Paraguay, Venezuela, Colombia, Panamá o El Salvador y toques de queda prolongados en Chile, Honduras, Perú y Guatemala, además de cierres de fronteras casi generalizados.
En resumen, según la agencia AFP, más de 3.000 millones de personas en todos los continentes están confinadas en un mundo castigado y asustado ante el avance de una pandemia que ha causado más de 27.000 muertos y se ceba especialmente con España e Italia, mientras en China la vida intenta retornar paulatinamente.
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