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Ganaderos: la parte más débil

Redacción TN by Redacción TN
24 marzo, 2020
in Argentina
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Dice Enrique Martín Arranz, personaje singular donde los haya, que el mundo de los toros ya tenía el coronavirus antes de que apareciera la pandemia. Habla en un sentido metafórico, claro, pero

ahí están los números: si en el año 2007 hubo 1.035 corridas y 665 novilladas picadas en España, en el 2019 fueron 399 corridas y 238 novilladas. Entre medias, es verdad, hemos pasado una tremenda crisis esconómica, si bien eso solo explica una parte del problema. La realidad es que la recesión acabó hace años, el IVA se ha reducido para los espectáculos taurinos y, sin embargo, el número de festejos sigue bajando. «Si somos un poco inteligentes tenemos que hacer lo que hasta ahora no se ha hecho, porque así nos lo van a exigir las circunstancias, y es una reconversión del sector en su base: en la formación y la promoción», afirma Martín Arranz a ABC desde la cama en la que está postrado por un accidente que le ha roto el menisco. El coronavirus ha dado al traste con todas las ferias de principios de temporada. Se han aplazado las Fallas de Valencia, la Magdalena de Castellón y hasta la feria de Abril de Sevilla, de las que se desconoce cuándo se celebrarán. «Te puedes imaginar cuál es la situación; se ha parado todo», comenta José Luis Lozano a este periódico. Lozano es el propietario junto con sus hermanos Pablo y Eduardo de la ganadería de Alcurrucén, una de las más prestigiosas del país. El año pasado lidiaron 71 toros y 34 novillos (además de Alcurrucén, poseen los hierros de El Cortijillo y Hermanos Lozano) en plazas como Valencia, Madrid (dos corridas), Toledo, Pontevedra o Albacete. Este año la camada era similar, ya tenían vendidas dos corridas para la feria de San Isidro y estaban habladas otras dos para Bilbao y San Sebastián, según José Luis. Además, «este mes de marzo era clave» para que los empresarios (o sus representantes) se acercaran a la ganadería, vieran lo que había y compraran los diferentes lotes. El ganadero, sin duda, es el eslabón más débil del sector. Haya o no festejos, los toros siguen comiendo cada día. Es decir: los gastos son los mismos, pero se han cortado los ingresos. Y criar a un toro bravo es muy, muy caro. Según confesó el ganadero Victorino Martín a ABC hace unos días, cada animal le cuesta unos 5.000 euros desde que nace hasta que muere en la plaza. La familia Lozano es originaria de Alameda de la Sagra y tiene varias fincas por España. En la de «El Cortijillo», ubicada en el término municipal de Urda, aguardan las corridas de este 2020. Desde allí José Luis no se moja respecto al futuro cercano, aunque intuye que no se celebrarán todas las corridas de las ferias ahora aplazadas. «Eso es imposible», dice resignado. «Arrimar el hombro» También en la provincia de Toledo tiene Martín Arranz una de sus cinco fincas: en «Prado del Arca», en Talavera de la Reina, hay «300 y pico vacas». Martín Arranz, junto con Joselito, es el propietario de la ganadería El Tajo y La Reina. En 2019 lidiaron 20 toros y cuatro novillos entre Olivenza, Arles, Madrid, Calasparra, Velada y Albacete. Este año «solo teníamos una corrida hablada». En cualquier caso, «tengo 70 u 80 novillos que voy a ofrecer un 30 por ciento más baratos para que se den toros en cualquier pueblo», dice, y añade:«Hay que arrimar todos el hombro. La economía se va a resentir, queramos o no». Por último, Martín Arranz asegura que, «quitando diez ganaderías», todas las demás pierden dinero. Por ello, en esa imprescindible reconversión del sector, aboga por crear «una escuela superior» para los novilleros, «reducir las camadas» y acotar los gastos superfluos. «No puede ser que en una becerrada haya doce banderilleros», pone como ejemplo. No se puede comparar con lo de las vacas locas José Luis Lozano asegura que el coronavirus no es comparable al mal de las vacas locas porque entonces no se paralizaron los festejos. La encefalopatía espongiforme bovina, que así se llama esta enfermedad, afectó sobre todo al Reino Unido. El primer caso de una vaca infectada en España se registró en Carballedo (Lugo) el 22 de noviembre del 2000. A principios del 2001, como medida de prevención, se hizo obligatorio quemar todas las reses una vez lidiadas. Esto supuso un contratiempo para los empresarios taurinos, quienes obtienen una parte de sus beneficios con la venta de la carne de los animales, por lo que pidieron una compensación al Gobierno de entre 50.000 y 60.000 pesetas (entre 300 y 360 euros) por res. La crisis pasó y el 8 de abril de 2002 se autorizó de nuevo la venta de la carne de lidia.

FUENTE DIARIO ABC:

https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/abci-ganaderos-parte-mas-debil-202003241251_noticia.html

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