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Japón quedó atrás, logramos entrar a Brasil y la repatriación ahora parece posible

Redacción TN by Redacción TN
21 marzo, 2020
in Sociedad
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Nuestro “operativo repatriación” demandó hasta el momento el uso de un tren urbano y uno de media distancia, dos aviones Boeing 737-300, un colectivo y un taxi. Todos esos medios de

transporte, a lo largo de 36 horas agotadoras, nos permitieron ir primero desde Tokio hasta Nueva York, y luego de allí a San Pablo, Brasil, adonde llegamos este viernes para pasar la noche en un hotel antes de seguir camino. Ese recorrido, de 18.500 kilómetros en total, fue el único hallado para que mi novia y yo podamos finalmente regresar a la Argentina, algo que intentaremos concretar este sábado, con un tercer y último vuelo.

Nuestro itinerario original para regresar de Japón (Tokio-San Francisco-Houston-Ezeiza), previsto con meses de anticipación, había quedado suspendido por la decisión del gobierno argentino de bloquear el ingreso de vuelos originados en los Estados Unidos y otros países con circulación del temible coronavirus. Al principio, la línea aérea se había negado a reprogramar el boleto y nadie nos daba respuestas sobre cómo podíamos volver, pero días después accedió a hacerlo, buscando una ruta entre los pocos corredores aéreos que aún quedaban habilitados (tras el cierre de Chile y de Perú).

Ir por Estados Unidos y Brasil era viable y lo más conveniente en nuestro caso, según nos dijeron, aunque hasta último momento temimos que esta chance también se cayera, por nuevas restricciones sanitarias.

Hasta el momento, sin embargo, todo fue saliendo según lo planeado. Y fuimos festejando cada paso. Primero, haber podido dejar Asia y llegar a Norteamérica, algo que mejoraba las chances de repatriación en cualquier escenario; y luego, este viernes, haber ingresado a un país vecino del nuestro y miembro además del Mercosur, con chances eventualmente de llegar a la Argentina por tierra ante un cierre de cielos. Así, a esta altura, en la que sólo nos resta un vuelo de tres horas, la repatriación aparece ahora como una posibilidad cierta. Aunque no queremos cantar victoria antes de tiempo.

Cada vez más cerca

Cada vez más cerca

En el último vuelo, el que nos trajo a San Pablo, algo que llamaba la atención era que los pasajeros -mayormente brasileños y estadounidenses- mostraban grados de preocupación muy dispares respecto del coronavirus y su contagio. Mientras unos se esforzaron por mantenerse puesto un barbijo durante las diez horas del recorrido, otros no tenían mascarilla alguna y hacían visiblemente lo desaconsejado por los especialistas, como taparse la boca con la mano al toser y estornudar.

Los miembros de la tripulación, en contacto con turistas todo el tiempo, tampoco usaban mayormente barbijo, del mismo modo que los empleados de muchos locales gastronómicos del aeropuerto internacional de Guarulhos.

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En Japón, el país del que venimos y en el que estuvimos casi tres semanas, el uso del barbijo en cambio está muy generalizado en todos los medios de transporte, entre quienes caminan por las calles y en los comercios. Es popular a tal punto que se venden ejemplares con diseños refinados, fundas portabarbijo con personajes infantiles y un spray facial para que la mascarilla no dañe el maquillaje.

Venta de barbijos de diseño en una tienda de Shibuya, en Tokio. Pueden costar hasta 30 dólares.

Venta de barbijos de diseño en una tienda de Shibuya, en Tokio. Pueden costar hasta 30 dólares.

Un producto para guardar el barbijo, a la venta en Japón.

Un producto para guardar el barbijo, a la venta en Japón.

Otra notoria diferencia entre lo que está ocurriendo en Japón y lo que pudimos ver en San Pablo, en lo que hace a la prevención, aparece en la atención al público. En Tokio, al ingresar en el primer hotel, lo primero que hizo el empleado a cargo fue preguntarnos de qué país y ciudad llegábamos, y nos midió la temperatura. En San Pablo, en cambio, no tomaron esos recaudos. Y nos ofrecieron comer con la modalidad buffet (tenedor libre), algo que en el país asiático dejó de hacerse este mes, por orden oficial, por considerar que incrementa las chances de contagios.

Si finalmente podemos concluir, este sábado, el tramo final hacia el aeropuerto de Ezeiza, sabemos que nos espera el inicio de una estricta cuarentena. De a poco, así, la preocupación deja de ser si podremos llegar -confiamos en que sí- y se va trasladando a cómo será nuestra vida en las próximas dos semanas, en Buenos Aires, con trabajo a distancia, sin poder salir a la calle y ojalá sin síntomas de habernos contagiado la enfermedad en nuestro largo viaje.

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