
A Pablo, con 20 años y trastorno del espectro autista, le cuesta entender que no pueda salir a la calle; que se hayan suspendidos las clases en el colegio Ángel Riviere y
que no puede realizar por las tardes ninguna de las actividades deportivas que tiene programadas. Es un gran aficionado al patinaje y a salir en bicicleta. «Ha vivido de buenas a primeras un cambio muy radical», explica a Sevilla Solidaria su madre, Mª Ángeles Maisanaba. La permanenciaindefinida en su domicilio provocada por la obligación de frenar la curva del COVID- 19, puede suponer alteraciones significativas del comportamientode personas como Pablo y un impacto significativo en su bienestar físico y emocional. Sigue leyendo en Sevilla Solidaria.
FUENTE DIARIO ABC: