
Fuertes cacerolazos sonaron este miércoles a la noche en varias de las principales ciudades de Brasil contra Jair Bolsonaro, como cuestionamiento a su manejo de la crisis social y
económica provocada por el coronavirus.
Las protestas más importantes y prolongadas, que incluyeron proclamas pidiendo la renuncia del mandatario, ocurrieron en San Pablo, Brasilia, Río de Janeiro, Fortaleza, Recife, Belo Horizonte y Porto Alegre, sobre todo en barrios de clase media y alta.
El Gobierno confirmó que en Brasil ya hay cuatro muertos y 428 casos confirmados, incluido el del presidente del Senado, Davi Alcolumbre, diagnosticado en las últimas horas.
Los cacerolazos se dieron en simultáneo al lanzamiento de medidas que Bolsonaro realizó para frenar los contagios: instaló un comité de crisis y hubo anuncios económicos.
Muchos brasileños no olvidan las palabras del Presidente de hace una semana, cuando se refirió al coronavirus como “una fantasía” que, gracias al periodismo, había generado “histeria” entre la población.
Ante el avance de los contagios y la falta de reacción del Gobierno, hay gente que incluso decidió llevar adelante una cuarentena autoimpuesta.
Luego de las protestas que estallaron por segundo día consecutivo, algunas personas expresaron también mediante un cacerolazo de menor magnitud su apoyo al Presidente, que horas antes había convocado a manifestarse en su favor.
Uno de los cacerolazos más fuertes contra Jair Bolsonaro fue en San Pablo. Foto Reuters
Por su parte, los diputados de Brasil aprobaron por unanimidad este miércoles el proyecto del Gobierno para decretar el “estado de calamidad pública” en el país, que tendrá que pasar por el Senado a principios de la semana que viene.
De acuerdo con el proyecto presentado por Bolsonaro, esta proclama permitirá a las autoridades elevar el gasto público sin tener que cumplir el techo fiscal previsto para este año, que está en torno a los 23.000 millones de euros.
El Gobierno explicó, como consignó la cadena brasileña Globo, que intentar cumplir con las cuentas teniendo que hacer frente a la pandemia del coronavirus pone “en peligro las labores de la autoridad pública en un momento en el que más se necesita de ella”.
Aunque la oposición ha apoyado el decreto del Gobierno, el diputado comunista Orlando Silva ha insistido en que este respaldo no supone un “cheque en blanco” y que deberá ser utilizado “con responsabilidad”.
Informe de Guido Nejamkis, corresponsal en Brasil, y agencias.
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