
El sábado por la mañana le facilitaron el horario de rezos: laudes, nona, vísperas… Acudió a la farmacia y al supermercado, donde compró un congelador que llenó con comida para dos meses.
«Fue entonces cuando empecé a llorar, y vi una oración en el locutorio : “Si tienes a Dios nada te falta”, y de pronto me dio mucha paz. Me di cuenta de que la promesa se hará realidad algún día porque soy feliz allí en Lucca. De mi estancia en Lucca volví con una conversión interior de mi trato con Dios y necesitaba seguirlo». La sevillana afirma que se podía haber ido a casa de algún hermano, pero quise llevar esto más en silencio. Aquí no tengo tele. Tengo wi-fi, la Biblia, «Camino de perfección» y las obras completas de Santa Teresa de Lisieux. Esos tres libros, nada más. Las monjas tienen oración a las 7. «A los laudes no voy porque es muy temprano y aquí hace mucho frío. Lo que es las tercias, nona y sextas, sí las hago. Lo que más me gusta son las vísperas, antes de cenar, que es cuando cantan. Me calma muchísimo y es precioso. No veo a nadie y tienen un huerto, pero les he dicho que si necesitan algo que me lo digan. Ya me he puesto en contacto con una farmacia y un hospital para que supieran el protocolo que debían seguir si me pasara algo», asegura. «Me he puesto un horario para poder caminar, que es bueno para la diabetes, y lo puedo hacer en el patio (en Valencia o Sevilla viví en un piso). Leo, rezo mucho, y como no tengo tele, estoy conectada a través de WhatsApp, pero necesito retirarme y no quiero saber cómo avanza el coronavirus. Estoy a las puertas de un convento, y no en un convento, aunque la hermana nada más llegar me dijo: «Nosotras necesitamos vocaciones». «Hermana, me encantaría, pero creo que hago más bien en el mundo», le dije. «Aquí me siento muy segura», concluye. Entrada al convento de las Carmelitas Descalzas – ABC Clausura y epidemias Según el catedrático de Historia Medieval, Manuel González Jiménez, «El séptimo sello» de Ingmar Bergman expone muy bien el ambiente de devoción piadosa que se generaba en época de epidemias, mostrando las manifestaciones religiosas más llamativas con procesiones, penitencia o asistencia a conventos… rezando y sabiendo que la muerte era inminente -La peste negra (1347-1353) acabó con más de un tercio de la población europea-. Se trataba de epidemias mucho más graves que la pandemia actual», subraya. Para el historiador, «en esa época tuvo difusión dentro de la clase nobiliaria enviar a alguna de sus hijas a un convento, ya que era muy complicado el futuro de éstas. A la primogénita se le buscaba un buen marido, y las siguientes iban a los conventos con una buena dote, normalmente tierras. Estas jóvenes no tenían dinero para casarse y por ello vivían en los conventos», afirma el historiador.
FUENTE DIARIO ABC: