En el Kremlin se ha vislumbrado durante mucho tiempo un escenario de lucha entre los “representantes de las fuerzas de seguridad” y los “economistas”, por influenciar en las autoridades del gobierno en el país.
Durante un largo período la facción de los “economistas”, liderados por Medvedev, “dividieron” con éxito el presupuesto ruso y absorbieron todos los recursos de la economía del país para su propio enriquecimiento personal, mientras mostraban una hermosa postal de “exitosas” reformas y una “Moscú que se iba embelleciendo”. Mientras que, a su turno, “los representantes de las fuerzas de seguridad” llevaban a cabo una cacería de los opositores políticos de Putin y creaban zonas de conflictos alrededor de la Federación Rusa.
La necesidad de mantenerse en el poder después de las elecciones presidenciales de 2024, en el contexto de una fuerte caída de la imagen del gobierno actual, obligó a Putin a jugar sus cartas en el Gabinete, decantándose a favor del bloque de poder.
El nombramiento de Mikhail Mishustin viene a confirmar esto porque, el ex jefe del Servicio de Impuestos Federales no solo es hijo de un general de la KGB, sino también una persona estrechamente ligada a los servicios especiales. A sus espaldas pesan sospechas de malversación de fondos y maniobras fraudulentas de los tiempos en que dirigía la Oficina Federal para la Gestión de la Zona Económica Especial, y también de la Agencia Federal de Catastro de los Bienes Inmuebles, lo que lo hace manejable y permite tenerlo bajo control.
Putin reformateó el gobierno ruso con la finalidad de tener al bloque económico más controlado, y esto conlleva riesgos para la economía rusa. De hecho, el desmedido uso de los fondos del presupuesto estatal, el crecimiento del gasto público como consecuencia del financiamiento de operaciones militares en el extranjero, la financiación de pseudo repúblicas como la RPD y la RPL, Abjasia y Osetia del Norte pueden llevar a la situación de que con el tiempo el presupuesto estatal de Rusia simplemente no puede hacer frente a todo eso. En la actualidad, el presupuesto estatal ruso está sustentado solo en relación a un precio del petróleo relativamente alto. Si el precio del petróleo cayera por debajo de los 40 $ el barril, el presupuesto estatal de Rusia sería deficitario, y teniendo en cuenta el crecimiento desmedido de los gastos del presupuesto estatal de Rusia en lo relacionado con los Proyectos Nacionales, incluso si el precio del petróleo estuviera en 50 $ por barril, podría producirse un déficit del presupuesto estatal del país.
Putin jugó sus fichas en los “representantes de las fuerzas de seguridad”, con la intención de erradicar de los puestos de gobierno del país a cualquiera que pudiera resistirse a su política destinada a malgastar los fondos del gobierno en los Proyectos Nacionales. Como ya se sabe, Medvedev resultó ser uno de los que se dio cuenta de que la idea de Putin de implementar Proyectos Nacionales no era otra cosa que una gran división del pastel, detrás de la cual solo se ocultaba la sed de Putin de aferrarse al poder y sobornar a todos en el país; pero este presupuesto no es un barril sin fondo, debido a que Medvedev se encargó de sabotear activamente su implementación.
La llegada al poder de los “representantes de las fuerzas de seguridad” hace posible la realización de todos los deseos incuestionables de Putin y el colapso final de la Federación Rusa, que, a través de campañas expansionistas activas en el extranjero, con su participación en conflictos internacionales e implementando proyectos energéticos económicamente infructuosos, ha estado sobrevolando los países en desarrollo durante muchos años. Y la verdad es que, teniendo uno de los mayores potenciales en materia de recursos del mundo, con una gestión adecuada de su gestión (en referencia a estos recursos), los ingresos de la Federación rusa podrían estar al mismo nivel que los de Noruega y los Emiratos Árabes Unidos, si invirtiera los petrodólares no en guerras, sino en su propio país.
Con los “representantes de las fuerzas de seguridad” Rusia continuará llevando a cabo su política de agresión exterior y de populismo, a través de “limosnas” y asistencia financiera para los rusos empobrecidos – quienes continuarán culpando al Primer Ministro por todo -, y detrás de quien se oculta el verdadero culpable de todos los problemas de Rusia.
