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Según una encuesta, el GBA es el lugar del país con peor acceso a las vacunas y la Patagonia, el mejor

Redacción TN by Redacción TN
16 diciembre, 2019
in Sociedad
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A la hora de sondear, por ejemplo, intenciones de voto o variables socioeconómicas como el nivel de pobreza, los 24 distritos del Gran Buenos Aires suelen ser una radiografía precisa del

diagnóstico nacional. Visto así, son poco alentadores los resultados del Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas (ICAV) difundidos este lunes por la Fundación Bunge y Born: del casi 14% de los habitantes del Conurbano bonaerense que declararon no haberse podido vacunar o no haber podido vacunar a sus hijos la última vez que lo intentaron, nada menos que el 90,7% lo atribuyó al ítem “faltante de vacunas”, un porcentaje mayor -pero no tan distante- del 86,3% del promedio nacional. 

Como ya publicó Clarín en julio en base a un informe preliminar del ICAV, otro dato fuerte de esta encuesta (hecha entre julio y octubre de este año, a 7.000 personas mayores de 15 años, de todo el país) es el gran nivel de confianza en las vacunas: aunque cuesta acceder en muchos casos, el 96% de los consultados opinó que “vacunarse es seguro”, un dato que prácticamente echa por la borda el ajetreo mediático que vinieron generando distintos grupos “antivacunas”. 

Así que el mayor problema no está en querer vacunarse sino en poder hacerlo. Mientras la imposibilidad de vacunar o vacunarse fue más o menos pareja en todo el país, el ítem “faltante de vacunas” fue notablemente mayor en el Conurbano y contrasta con regiones como Patagonia -donde el 62,7% de los que no accedieron a esta protección hablaron de“faltantes”-, la ciudad de Buenos Aires, con el 65,9%, y las zonas Centro Noreste, con el 75% y 75,5%, respectivamente. Además del Gran Buenos Aires, los faltantes tuvieron protagonismo en Cuyo (87,3%) y el Noroeste (87,3%).

Indice de confianza en vacunas 2019

Es importante también nombrar el resto de las causas invocadas por los consultados: detrás de los “faltantes”, en segundo lugar se mencionó el ítem “resfrío o diarrea”, casi 7% a nivel nacional. Según detalló Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez” y líder del proyecto “Observatorio de la Salud del Niño y el Adolescente” de la Fundación Bunge y Born, “son las famosas contraindicaciones erróneas; o sea que la persona llegó al vacunatorio y como estaba resfriada o con diarrea le indicaron, erróneamente, que se vacune otro día”.

“En tercer lugar (4%) se nombró el inconveniente de haber tenido que esperar más de 30 minutos. Es decir que mientras el tema de los faltantes le compete al Estado, los otros dos son ítems que tienen que mejorar los equipos de salud”, aseguró López. Un dato interesante es que mientras en todas las regiones del país la espera fue mencionada por menos del 10% de los encuestados, en la ciudad de Buenos Aires alcanzó al 21% de los consultados. Finalmente, el cuarto causal nombrado como obstáculo fue que el vacunatorio estuviera cerrado.

En referencia a estas barreras, Pablo Bonvehí, médico infectólogo, miembro de la Comisión de Vacunación de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), explicó que “esto es lo que en el sector suelen llamarse ‘oportunidades perdidas’. Un poco por obligación, miles de personas llegan al centro de vacunación y es clave que el sistema funcione y la vacuna esté disponible. A veces no es eso sino el horario del vacunatorio y es un problema porque mucha gente no tiene los medios para volver. Creo que esto pudo haber incidido este año”.

Sobre las dosis faltantes en la provincia de Buenos Aires, detalló: “Creo que influyen varios factores… la situación socioeconómica, la gestión heterogénea -que depende de cada municipio- y la gestión a nivel provincial central, que es más compleja que en otras provincias”.

El infectólogo también habló de la relación entre el nivel educativo y la asistencia a los vacunatorios. Justamente, algo de eso se coló en el informe: ante la pregunta “¿las vacunas son buenas para los niños?”, saltó una diferencia importante: entre aquellos con primaria incompleta, asintieron el 87%; de los que habían tildado “universidad o terciario completo”, el 98,2%.

“Va todo unido (subrayó Bonvehí). El conocimiento sobre las vacunas y el nivel educativo… la menor confianza o el desconocimiento sobre su efectividad… va todo junto”.

López sumó una variable más: además de las diferencias en el acceso a las vacunas por región, hay particularidades según el rango etario: “La edad influye como barrera de acceso. Los individuos que tuvieron más problemas fueron los de menor nivel educativo, pero también los adolescentes, que es donde el Estado tiene que estar más presente. Claramente no podés usar la misma estrategia de vacunación para unos y para otros”.

Es que -coincidieron los dos médicos-, mientras predomina un primer momento de “adhesión” a las vacunas, le sigue, en muchos casos, un abandono. López detalló que “las que menos se dan son las dos dosis de la vacuna contra el HPV, que deberían aplicarse a los 11 años… además, los adolescentes deberían tener puesta la triple A celular y las que combaten el meningococo”.

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El índice pone en primer plano el rol que le toca al Estado en todo esto. Ocurre que, tomando en cuenta la asistencia a hospitales y a centros de salud, el 86% de la población argentina se vacuna en el sistema público. “Si cae el Estado, cae la vacunación”, resumió López.

¿Se pueden nombrar dos o tres medidas habría que incorporar en forma urgente para mejorar la llegada de la población a las vacunas? El médico del Gutiérrez las detalló: “Que los vacunatorios atiendan hasta las 5 de la tarde y abran sábado, domingos y feriados, para que quienes trabajan puedan llevar a sus hijos. Además, tienen que abastecerse en tiempo y forma. Y sería importante ir a trabajar en terreno: hay modernos containers que garantizan la cadena de frío. A los adolescentes se los podría vacunar en las escuelas o clubes del barrio. Yo le llamo ‘Estado proactivo versus estado pasivo’”.

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TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

  • Vacunación

  • Salud

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