
“Tuve que ir a buscar a un abogado”, comenzó Alberto Fernández, carraspeando la presentación de Carlos Zannini, elegido como Procurador del Tesoro, es decir jefe de los abogados del Estado nacional.
“No me lo impuso nadie”, abundó el presidente electo, la voz vacilante y la mirada perdida.
Es que Zannini, a quien Fernández nombró varias veces con un inédito “Carlitos”, es una de las figuras históricamente más cercanas a Cristina Kirchner, la vicepresidenta electa que este viernes, sin estar ni ser mentada, se mantuvo omnipresente. La aclaración de Alberto no fue la mejor herramienta para despejar las dudas que muy pocos tienen, pero en sentido contrario al que alienta el presidente que está a punto de asumir su cargo.
Además de su expertise como secretario Legal y Técnico de la presidencia durante los tres gobiernos kirchneristas, Zannini también fue designado -siempre según las palabras de Fernández- como una manera de reivindicar “la injusticia” de haber pasado “107 días detenido” por orden del juez Claudio Bonadio. El funcionario K fue acusado entonces como parte del staff que participó de la redacción del Memorándum de Entendimiento con Irán, herramienta del supuesto encubrimiento del atentado a la AMIA según la justicia.
Desde la última fila de inminentes funcionarios, entre Vilma Ibarra y Roberto Salvarezza, Zannini escuchaba de brazos cruzados y apoyado contra la pared.
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