
Abril de 2018 quedará en la historia como el comienzo del fin del proyecto reeleccionista del presidente Mauricio Macri. En ese mes, con un dólar que rondaba los 20 pesos,
se cortó el crédito internacional para la Argentina, comenzó una nueva devaluación y la economía entró en un declive que, con pequeños vaivenes, se mantiene aún vigente. Uno de los costados más sensibles de este proceso -además, claro, del crecimiento de la pobreza– es la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados.
Con la difusión de la suba de salarios de septiembre de 2,7%, difundida este lunes por el Indec, se confirmó un dato inquietante: desde aquel abril negro, en 18 meses los sueldos quedaron 16,9 puntos debajo de la inflación. La erosión del bolsillo se puede graficar con estadísticas cuasi deportivas: en 15 meses los salarios perdieron con los precios, en 1 empataron y en apenas 2 ganaron.
Si la comparación se extiende a noviembre de 2017, el apogeo del macrismo tras el triunfo en la legislativa intermedia, hubo 19 derrotas de los salarios, 1 empate y 3 triunfos. Así no hay campaña que aguante.
Este cuadro con balance en rojo es el que suele mostrar el jefe de Gabinete, Marcos Peña, cuando le preguntan por qué se perdió la elección. Más allá de que insista con la cuestionable teoría de que la gente no vota (sólo) por la economía, Peña argumenta que es muy difícil ganar en las urnas cuando la gente pierde todos los meses en el bolsillo.
La diferencia del último septiembre estuvo entre las top de los últimos años, con 3,2 puntos en rojo: 2,7% de aumento salarial promedio (ingresos de empleados públicos y privados, incluso en negro) contra 5,9% de inflación. Hay que remontarse a septiembre del año pasado para encontrar una brecha negativa de semejante envergadura: en aquel mes, la inflación fue de 6,5% y la suba salarial de 2,9% (-3,6 puntos).
El dato menos malo que acompaña este fenómeno es la caída por ahora acotada del empleo: en el primer trimestre de 2018 la desocupación estaba en 9,1% y el último dato oficial, del segundo trimestre de 2019, la ubicó en 10,6%. Eso explicaría, en parte, por qué el sindicalismo no tensionó más el escenario: los salarios no dejan de perder poder adquisitivo, pero sin una ola de despidos indiscriminada.
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