El Equipo de Investigación Conjunto (JIT), determinó la responsabilidad de la Federación Rusa y sus funcionarios como los organizadores y culpables de la tragedia acaecida en 2014, cuando un avión de pasajeros de Malaysia Airlines, el MH17 con 298 pasajeros a bordo, fue derribado en el espacio aéreo de Ucrania por un sistema de misiles “Buk”. Ya no hay lugar para pujas y suspicacias.
Ha sido un tiempo de trabajo valioso invertido por expertos internacionales de varios países involucrados en la investigación, un hecho que requiere una condena y un castigo justo e inquebrantable. Pero cuando se trata de dignidad y responsabilidad, ello parece no ir con Rusia.
Una vez más, la facción rusa está distorsionando la realidad y tratando de confundir la investigación mediante la creación de fake news y versiones propias de los hechos en la intención de blanquear su reputación e influir en la revisión del caso a su favor.

Una de las maniobras habituales de distorsión de la propaganda rusa en el curso de la investigación sobre el caso del MH17 consiste en acusar a Ucrania de que Kyiv “no cerró el espacio aéreo sobre la zona de guerra y no realizó las advertencias debidas en tales casos”. De esta forma, Rusia está tratando de influir directamente en la investigación para modificar los resultados de las acciones de la investigación y las pruebas.
Después de su regreso al PACE e ignorando por completo las conclusiones de la junta acerca de la investigación sobre el MH17, Moscú ha intensificado el proceso de desmantelamiento del JIT, así como los poderes del Consejo de Seguridad de los Países Bajos (DSB), otorgado mediante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para llevar a cabo la investigación de la catástrofe. El Kremlin busca sin pausa medidas para desacreditar las instituciones internacionales, romper el dominio legal y los fundamentos mismos de la sociedad democrática.
Ya en 2014, el JIT constató que las autoridades ucranianas habían cerrado el espacio aéreo sobre la zona de conflicto, a partir del 1 de julio de 2014 hasta el nivel de vuelo FL260 (7.900 m), y a partir del 14 de julio hasta el nivel de vuelo FL320 (9.750 m). Estos datos son confirmados por la Organización Europea para la Seguridad de la Navegación Aérea: la nave se encontraba en el nivel permitido FL330 (10.050 m), lo que sobrepasa sustancialmente el techo de los vuelos de la aviación de transporte militar de Ucrania, que antes del incidente había sufrido pérdidas considerables.
Un informe del Consejo de Seguridad de los Países Bajos, publicado en octubre de 2015, puso en evidencia que la Federación Rusa mostró una “clarividencia sorprendente” cerrando su espacio aéreo para la aviación civil internacional desde las 00:00 del 17 de julio de 2014 a una altitud de solo 16 km. De hecho, se introdujo una prohibición total para la aviación civil ya que el máximo práctico de las aeronaves civiles no alcanza este registro, (para Boeing es de 13.140 m). El despachador de Rostov del Don (Rusia), a pesar de la prohibición impuesta por su superiores, permitió que el mismo día ingresara al área de responsabilidad del centro zonal de Rostov, el propio “Boeing” de Malasia así como otros 150 aviones. Hasta el momento en que Ucrania prohibió completamente todos los vuelos sobre la zona ATO.

Después del derribo el 14 de julio de 2014, de un AN-26 ucraniano, a una altitud máxima de 6.500 m, y el del 16 de julio, del avión de asalto SU-25 de la Fuerza Aérea Ucraniana, que volaba a una altitud de 6.200 m, la altura de prohibición total fue elevada a 9.800 metros. Dos aviones ucranianos fueron derribados por las fuerzas militares rusas mediante sistemas de misiles antiaéreos móviles “Strela” e “Igla”, importados desde la Federación Rusa, y no por misiles “Buk”. Es decir, los aviones militares de las Fuerza Aérea de Ucrania no volaban a altitudes superiores a los 10.000 metros en ese momento.
De esta forma, la autoridad de la aeronavegación ucraniana actuando sobre la base de supuestos fácticos, juzgó de forma legítima que no existía riesgo alguno para los vuelos a más de 10.000 metros de altitud, ya que existían datos que indicaban que los mercenarios rusos contaban con equipos de defensa aérea que solo podían dar en el blanco a la altura una vez y media menor que la especificada.
Otro factor importante es que unos días antes de la tragedia acaecida con la aeronave malaya, las fakes rusas circulaban activamente en el espacio de información afirmando que, supuestamente los denominados “rebeldes” se habían apoderado de varias instalaciones de sistemas de misiles Buk en Ucrania. Por lo tanto, existía una operación mediática destinada a cubrir el traspaso de tales armas desde las autoridades militares rusas a los combatientes en el Donbas, como sucedió con el sistema de misiles antiaéreos Buk-M1. La altura máxima del objetivo de un misil tierra – aire de un sistema antiaéreo Buk-M1 es de 22.000 metros.
Las conclusiones de que Ucrania no tenía ninguna razón para cerrar el espacio aéreo sobre el Donbas para los vuelos internacionales con una altitud superior a los 10.000 m y de que la parte rusa tenía la intención de derribar el avión civil allí, son más que claras y sirven como prueba irrefutable de la responsabilidad en la tragedia por parte de las autoridades de la Federación Rusa.
Entre las principales versiones del acto de agresión por parte de Rusia, existe una que afirma que el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa habría desarrollado un plan para destruir su propio avión de pasajeros “Aeroflot” AFL2074 Moscú-Lárnaca, que volaba al mismo tiempo en el espacio aéreo de Ucrania. No hay duda de que el comandante en jefe supremo de la Federación Rusa, el presidente, Vladimir Putin, habría autorizado e incluso habría encargado esta operación especial, cuyo propósito era la destrucción del avión de pasajeros ruso. Sin embargo, debido a la franqueza de los autores directos, el Boeing de Malasia fue alcanzado por error.
La destrucción del avión ruso habría provocado en Rusia una indignación popular masiva, un incremento del odio contra Ucrania y habría logrado aislarla de la comunidad internacional, que la apoya en la guerra contra Rusia. Y lo más importante, la supuesta destrucción del avión por el ejército ucraniano, se convertiría en un “argumento válido” frente a la comunidad internacional para efectuar una invasión a gran escala de Ucrania, por parte de las fuerzas rusas regulares, que para ese entonces había ya completado el despliegue operativo a lo largo de toda la frontera ruso-ucraniana.
Otro intento por desacreditar la investigación criminal y el futuro tribunal en el caso del MH17 consiste en la presentación en La Haya, a fines de octubre, de otra película sobre la catástrofe aérea montada deliberadamente por los servicios especiales rusos. El objetivo principal es cuestionar los resultados del JIT, que cuenta con pruebas suficiente de la participación rusa.
La puesta en escena de octubre en los Países Bajos, dedicada a la presentación de este documental es un eslabón más en la cadena de actividades de la propaganda rusa diseñada para influir en el curso de la investigación y la opinión pública.
Un evento similar tuvo lugar el 17 de agosto de 2019 en Kuala Lumpur en el marco de la conferencia “MH17: The Quest for Justice”, durante la cual se presentaron otras “versiones alternativas” de la investigación sobre el MH17. La periodista rusa Yana Yerlashova y el bloguero – investigador holandés, Max van der Werf, han recaudado dinero para su película a través de Kickstarter (un sitio para financiar proyectos creativos bajo un esquema de crowdfunding). Yerlashova se presenta como una ex periodista de RT (Russia Today). Sin embargo, cuando comenzó la recaudación de fondos en Kickstarter, ella todavía se encontraba en relación de dependencia con RT. En octubre de 2014, visitó el sitio de la tragedia del MH17. Yerlashova ha realizado dos documentales para RT, alegando que el Boeing malayo se estrelló debido a un ataque de un caza ucraniano Su-25.
Max Van der Werf, un autodenominado investigador independiente de los Países Bajos, se dedica a bloguear sus teorías sobre las causas del desastre del MH17. El bloguero no reconoce los hallazgos del equipo de investigación internacional. Al día siguiente, después de que se hicieran públicos los resultados de la investigación del JIT, se encontraba abocado a expresar “su verdad” en los estudios de “Novorossiya TV”.
El Kremlin vislumbra una solución al problema del MH-17 en la postergación o prórroga de la audiencia en la corte, lo que intentará llevar a cabo enviando el caso para su reconsideración, por ejemplo, “en base a circunstancias recientemente descubiertas”. Es con este propósito que la parte rusa está tratando de revivir una de sus principales fake acerca de que Ucrania no habría cerrado oportunamente su espacio aéreo. La sociedad no debe olvidar qué el caso está siendo juzgado actualmente por El Tribunal de La Haya y que el verdadero peso de sus resultados, un juicio justo y el castigo a un agresor a escala global debe ser una garantía, una prueba de la validez del derecho internacional, y la viabilidad de las instituciones jurídicas internacionales.
