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Estallido en Chile: los manifestantes que buscan tender puentes con militares y carabineros

Redacción TN by Redacción TN
23 octubre, 2019
in Internacionales
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La sociedad movilizada en Chileno le teme a los militares y carabineros en la calle.Los insulta, los enfrenta y, los más pacíficos, intentan convencerlos de que no está bien

apuntar sus armas contra compatriotas. Los intentos de convencer a los policías y soldados de que permitan al pueblo expresarse y que no tiren a la multitud gases lacrimógenos o helados chorros de agua, es otra de las imágenes que deja la sexta jornada de protestas en las calles de Santiago.

“Ningún cañón borrará el surco de tu arrozal”, dice la canción El derecho de vivir en paz, de Víctor Jara, músico chileno referente de la canción de protesta y asesinado por la dictadura de Augusto Pinochet, tras el derrocamiento del presidente socialista Salvador Allende. Ese himno lo interpreta una orquesta en plena manifestación en la costera ciudad de La Serena. Y los que protestan por la injusticia social hacen rondas, bailan y cantan.

Las canciones de protesta han vuelto a sonar en las calles de Chile, como la clásica “El pueblo unido jamás será vencido”, interpretado por Quilapayún, en 1973. Ha resurgido la nostalgia y la poesía de esos años oscuros y dolorosos. Los más jóvenes se sienten inspirados con estas letras que hablan de un futuro mejor. “Traje a mi hija de 7 años a la marcha porque no podía seguir indiferente a los que se movilizaban por el frente de nuestra casa”, explica Carla, una joven madre que salió cacerolear en la coqueta Las Condes. Los jóvenes en Chile se rebelan contra los privilegios y la clase dominante, en un país con el mayor ingreso per cápita de Latinoamérica pero una amplia brecha entre ingresos altos y bajos (39 veces más).

AFP

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En cada movilización, la gente desata su furia contra los uniformados que reprimen con balas de goma y gases. “El que no salta es paco, el que no salta es paco (equivalente a cana en Argentina)”, gritaban a coro un grupo de adolescentes en la Alameda, el eje central de la convulsionada ciudad. Una cuadra más adelante, cerca de la casa de Gobierno, el histórico Palacio de La Moneda (donde se suicidó Allende), un estudiante que no supera los 22 años, intenta convencer a dos soldados de que no deben reprimir: “Solo quiero saber si han conversado entre ustedes lo que está pasando. No han nacido en cuna de oro, son pueblo también”, les dice. La respuesta de uno de los soldados es formal y correcta: “Estamos cumpliendo nuestra tarea y protegiendo la seguridad de los ciudadanos”. Pero el chico insiste: “¿Cuánto cobra tu abuelita de pensión. Te parece bien que reciba solo 100 mil pelas (140 dólares)?”.

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Las redes sociales han replicado algunos momentos de reconciliación entre manifestantes y las fuerzas de seguridad, que desde el sábado regentean las calles de las principales ciudades chilenas. En una marcha el domingo en Santiago, un policía motorizado se acerca a la multitud para que despejen la calle. Una chica da un paso adelante y lo abraza. Pide: “Por favor, sin violencia. ¿Qué nos van a hacer (los policías)? Ellos son pueblo también”.

El resto aplaude conmovido, se multiplican los abrazos. La secuencia recuerda a la revolución de los claveles en Portugal, cuando no hubo violencia, ni gritos, ni siquiera ansiedad. El 25 de abril de 1974, los portugueses acabaron con una dictadura de 48 años, con una canción a la que siguieron flores y abrazos. La canción “Grândola Vila Morena”, censurada por la dictadura, era la última señal esperada por los militares para lanzarse a la calle, suena a las 00.25. El tema pasa a la historia como el himno antifascista luso. Al amanecer de ese mismo día, miles de civiles portugueses ganaron las calles en varias localidades, mezclándose con los militares sublevados.

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Uno de los hitos de aquellas concentraciones fue la marcha de las flores en Lisboa. Una multitud llevaba claveles, la flor de temporada. La camarera Celeste Caeiro, que regresaba a casa cargada de las flores retiradas de los adornos de un banquete, le acercó una flor a un soldado. El militar lo puso en su cañón y los compañeros repitieron el gesto colocándolos en sus fusiles como símbolo de que no deseaban disparar sus armas.

Muchos chilenos tienden puentes y buscan una salida pacífica a esta crisis inusitada. Ojalá lo logren.

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