
Con una percha con el traje en su mano, el candidato a jefe de gobierno lavagnista, Matías Tombolini, fue el primero en llegar al estudio del Canal de la Ciudad, en el
barrio de Once, donde se llevó adelante el debate porteño.
El jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, entró último de la mano de su mujer, Bárbara Diez. “Pelado, botón, gato”, le empezó a gritar un hombre desde un edificio de al lado. “Callate”, lo increpó uno de los vecinos que observaba el despliegue de móviles desde un balcón.

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Adentro ya esperaban el candidato del Frente de Todos, Matías Lammens, y el del Frente de Izquierda, Gabriel Solano.
Cuando el reloj se acercaba a las 21, la hora pautada para el inicio de la transmisión, una voz en off, empezó a pedir apagar los celulares o ponerlos en modo avión. Apenas alguien lo sacaba, un hombre de seguridad se acercaba a reprenderlo. “Atención, celulares, no podemos transmitir, hay interferencias”, pidió a la vuelta de un corte el director del estudio.
Antes de que se encendieran las cámaras se los vio conversar animadamente a Larreta con Lammens. No era sobre la Ciudad sino sobre San Lorenzo y Racing, sus equipos.
Ya adentro del estudio, los candidatos se saludaron cordialmente y posaron sonrientes para la foto grupal.
Si en cámara el debate lució encorsetado, el detrás de escena estuvo acorde. En completo silencio “las tribunas” de no más de 15 personas que cada candidato llevó, siguieron la discusión en completo silencio. Apenas con gestos y cuchicheos con sus compañeros de asiento.
Los cinco momentos más picantes del debate porteño
Los acompañantes de los candidatos quedaron mezclados entre las sillas.
A Larreta lo acompañó su vice, Diego Santilli, el candidato a senador Martin Lousteau, el jefe de campaña Eduardo Macchiavelli, Graciela Ocaña, el lilito Maximiliano Ferraro, Emiliano Yacobitti, y el socialista Roy Cortina, el socialista que se unió al oficialismo para esta elección.
Lammens recibió apoyo de su vice Gisela Marziotta -que se fue a mitad del evento- su mujer, Mariana Gené; el senador Pino Solanas -que se dormitó en un momento-, Dora Barrancos, el legislador Mariano Recalde, entre otros.
Tombolini también estuvo con su familia y Marco Lavagna, primer candidato a diputado por la Ciudad, y a Solano, Néstor Pitrola, entre otros.
En los corte, las luces se encendían y los candidatos, cual boxeadores, iban a sus esquinas a recibir los consejos de sus equipos, que cuando los candidatos volvían a su atril, se quedaban analizando.
“El pelado es un robot”, señalaban en el Frente de Todos sobre Larreta, y celebraron como un gol el momento en que Lammens ventiló que el jefe de Gobierno le había ofrecido cargos en el oficialismo y él rechazó. “Eso va a dar que hablar”, apostaban.
En el oficialismo lo vieron “ampliamente superior” a Larreta y “flojo” a Lammens. “Titubea, lee, le sobra tiempo”, apuntó un candidato porteño. “Hasta vino en camisa blanca, que para televisión se sabe que no sirve”, consideró un hombre del equipo de comunicación.
Sin embargo, lejos estuvieron de los cruces y chicanas. Lammens apenas cargó a Tombolini por motivo futbolístico. “No sabe nada de fútbol”, le lanzó. “Mi hermano jugaba y lo fui a ver muchas veces”, se defendió.
“Esto es como Titanes en el Ring: una pelea pero nadie se pega en serio. Yo soy la Momia Negra”, bromeó Tombolini sobre el final.
Los oficialistas coincidieron. “Debate, debate fue el de Larreta con Lousteau de 2015, había propuestas, altura”, señalaban
Cada uno tuvo un camarín reservado, en el primer piso, para cambiarse tomar un café y repasar sus discursos. Abajo, un bufet improvisado ofrecía empanadas, frutas y té.