
Hace un año, en octubre pasado, el ministro de Justicia, Germán Garavano, visitó uno de los pabellones de la cárcel de Ezeiza. En medio de su recorrida, rodeado de funcionarios del Servicio Penitenciario Federal (SPF), uno de los presos le gritó algo que él no escuchó.Por Nicolás Wiñazki.
Sí lo hicieron algunas de las personas que lo acompañaban en ese camino intramuros. Una de las autoridades de la prisión paró su marcha, y retrocedió hasta el lugar exacto en el que se encontraba el grupo de reos del que había salidos salido esa toreada verbal. El empresario K, ex Rey del Juego y líder del Grupo Indalo, Cristóbal López, había elevado su voz para que Garavano escuchase lo que finalmente no oyó: “Vamos a volver, y él que va a estar adentro vas a ser vos”, le había dicho, palabras más, palabras menos, muy enojado. Cristóbal admitió que había dicho lo que dijo. El suceso no produjo mayor consecuencia que la obligada vuelta al calabozo, en solitario, del colérico López.
Hoy, esa anécdota es simbólica. Resume el sentimiento de revancha y bronca que tenían y tienen buena parte de los ex funcionarios o empresarios que fueron detenidos desde que el poder político cambió.
Ese clima ahora parece haber cambiado en sentido contrario. La ola de votos que recibió en las PASO la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández, muy por encima de la que Mauricio Macri-Miguel Ángel Pichetto, enfervorizó a los hombres y mujeres vinculados a la política K que padecían la cárcel por estar procesados con prisión preventiva. El kirchnerismo intentó instalar en la opinión pública que todos ellos, y también incluso quienes ya tenían una sentencia efectiva dictada por un tribunal oral sin posibilidad de recurrir a instancias superiores en la Justicia, eran “presos políticos”.
Por razones que quizás no tengan que ver con azares generados por los tiempos judiciales, o que tal vez sí tengan que ver con el resultado de las PASO, muchos de esos miembros de la clase dirigente y empresarial que padecían una prisión preventiva o domiciliaria, involucrados en casos de corrupción, lograron conseguir la libertad. Eso, sin que se detuvieran los juicios en su contra. Cristóbal López es uno de ellos. Hace dos días, la sala I de la Cámara Federal le otorgó a él y a su socio, Fabián De Sousa, las excarcelaciones que esperaban que se hagan efectiva hace un par de semanas. Saldrán de la cárcel en pocas horas o pocos días más, una vez que consigan juntar los 60 millones de pesos de caución que les impuso el último juez que les negaba la vida extramuros. Es Claudio Bonadio, quien instruye la causa conocida como Cuadernos de las Coimas.
Según un cálculo del portal Infobae, antes de las PASO había setenta y cuatro “presos K” en los complejos penitenciarios federales. Hoy quedarían, según esos mismos cálculos, diecinueve detenidos en causas de corrupción entrelazadas con las gestiones presidenciales de los Kirchner. Esta semana, además de las excarcelaciones de Cristóbal y De Sousa, aun no efectivas, había obtenido el mismo beneficio el también empresario enriquecido durante la década de ganadores, Gerardo Ferreyra, uno de los dueños de la compañía que hizo negocios ganando diversos contratos y concesiones estatales. Ferreyra también estaba preso en la Causa Cuadernos de las Coimas. Primero en una cárcel. Luego en su casa bajo el régimen de detención domiciliaria. Esta semana fue liberado.
Esta “suelta de presos” de la política dio la sensación de ser una tendencia no azarosa debido a que también hace pocos días fue excarcelado otro dirigente político, el ex líder del grupo de choque callejero Quebracho, Fernando Esteche, quien permanecía detenido con preventiva por el caso del Memorando con Irán. Es un expediente que se desprende de la denuncia inicial del fallecido fiscal del caso AMIA, Alberto Nisman. Esteche tenía vínculos variables pero siempre estrechos con los referentes radicalizados del Régimen de al República Islámica de Irán en la Argentina. Y Solía viajar a Teherán.
El tribunal federal número 8 lo liberó bajo fianza de 400 mil pesos.
La excarcelación de los presos K marcó un quiebre a partir del fallo que le otorgó la libertad a uno de los detenidos del caso Cuadernos de las Coimas, el ex prófugo Oscar Thomas.
Durante un tiempo indefinido, se instaló en la opinión pública informada que los presos K eran detenidos bajo lo que se identificó como la “doctrina Irurzún”, por el nombre del camarista Martin Irurzún, quien en uno de sus fallos definió que un ex funcionario público de relevancia tenía aun el poder suficiente para intentar esquiva el accionar de la Justicia o destruir pruebas. El concepto está resumido, por supuesto.
En rigor, no fueron tantos los presos K que fueron a prisión teniendo en cuenta esa “doctrina”.
Según fuentes judiciales, y también de acuerdo a la descripción que hacen del nuevo escenario integrantes de las defensas jurídicas de los detenidos por la supuesta corrupción kirchnerista, todo habría cambiado no solo por el resultado de las PASO, sino también a partir del llamado “fallo Thomas”. Se trató de la decisión de la Cámara Federal de excarcelar a otro de los ex funcionarios presos en la causa Cuadernos de la Corrupción, Oscar Thomas, ex titular del Ente Binacional Yacyretá.
Debido a que buena parte de ese caso ya fue elevada a juicio oral, los camaristas consideran que ya no habría impedimentos legales para sostener que los detenidos vinculados al poder político, en ese expediente podrían obstruir el trabajo judicial.
El “fallo Thomas” es más extenso y profundo al respecto.
Otro preso “kirchnerista” emblemático que consiguió salir en libertad fue el ex jefe del Ejército detenido en una caso de lesa humanidad, Gerardo Santos del Corazón de Jesús Milani. Fue sobreseído en el juicio por supuesto secuestro y torturas de la familia Olivera, en La Rioja, durante la última dictadura. Ese sobreseimiento apelado por las querellas argumentando que los jueces habrían avalado el accionar ilegal de los militares para detener personas sin orden judicial.
Milani se filmó después, junto a su familia, en el casamiento de su abogado, José Manuel Ubeira, cantando la típica arenga de la militancia kirchnerista: “Ooooh, vamos a volver, a volver, vaaamos a volverrr”, sonríe él mientras hace con sus dedos la “V” de la victoria del PJ. Milani debe afrontar aun otro juicio por otro caso de lesa humanidad, y uno más por enriquecimiento ilícito. Ahora, tras el resultado de las PASO, parece estar más confiado.
En las cárceles federales aun quedan varios presos K.
Algunos son muy relevantes para ese el esquema de poder kircnhnerista.
fuente clarin