
La versión empezó a circular con fuerza el miércoles a la noche. En los últimos días, los analistas que siguen los números del Banco Central vieron que, súbitamente, los dólares que
el Tesoro tenía depositados en la entidad monetaria bajaban drásticamente. Y que los billetes que se estaban vendiendo eran parte de los US$ 7.200 millones de préstamo del Fondo Monetario Internacional que, en 2018, había sido destinado al fortalecimiento de las reservas internacionales.
La operación fue confirmada por fuentes oficiales y cuenta con el visto bueno del FMI. En realidad, cerca del Gobierno aseguran que no era necesaria la aprobación del Fondo para utilizar ese dinero, pero que de todas maneras el organismo fue informado de la intención del Gobierno de usarlo para hacer frente a gastos.
No se sabe si los US$ 1.860 millones que se cambiaron a pesos fueron para pagar deuda o para gastos corrientes.

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La movida de Hacienda se produce a una semana del regreso del ministro Hernán Lacunza de su visita a Washington, donde se reunió con los técnicos del FMI y tuvo el primer encuentro con Kristalina Georgieva, la nueva titular de la entidad multilateral.
El funcionario había viajado con la intención de apurar el desembolso de US$ 5.400 millones pendientes, que en teoría deberían haber sido desembolsados en septiembre.
Durante el viaje, David Lipton, en director interino del FMI, había dicho que la Argentina iba a tener que esperar para hacerse de esos fondos. Quizá el uso de los dólares del fortalecimiento de las reservas era una salida más aceptada políticamente, ya que se trata de fondos ya desembolsados.
Pero, en concreto, las reservas caerán. El miércoles cerraron en US$ 48.340 millones.