
Argentina tuvo en agosto un superávit fiscal primario de $13.746 millones. Esto implica una mejora si se tiene en cuenta que en igual mes de 2018 había registrado un déficit primario
de $10.356 millones.
Medido en términos del tamaño de la economía, el resultado primario acumulado asciende a 0,2% del PBI. El año pasado había un déficit de 0,9 puntos del producto.

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El ahora fiscal se explicó porque los ingresos del Tesoro crecieron a un ritmo mayor que los gastos. Probablemente impulsados por la inflación más alta, los recursos tributarios crecieron al 57% (“por encima de la inflación”, señalaron en Hacienda). En términos reales, los gastos primarios cayeron 8% en agosto (encadenando 21 meses consecutivos de caída real). En el acumulado del año los ingresos crecieron a un ritmo que fue 14 puntos porcentuales mayor a los gastos.
“Es la primera vez desde 2011 que el sector público nacional no financiero tiene superávit primario en los primeros ocho meses del año, señalaron desde Hacienda. “Habremos bajado el gasto en más de 5 puntos del PBI en cuatro años, algo sin precedentes”.
Por su parte, por el pago de los intereses de la deuda ($ 28.544 millones), el déficit financiero aumentó en agosto. En los primeros ocho meses ya equivale al 1,7% del PBI.
El promedio del mercado cree que Hacienda no alcanzará la meta de déficit fiscal cero para el año, como quedó expreso en el plan con el FMI. No obstante, el país puede tener un déficit de hasta 0,5% del PBI y, utilizando los ajustadores previstos en el acuerdo con el Fondo, mostrar un cumplimiento de los objetivos del stand-by. Será algo que Hernán Lacunza le comentará a David Lipton en un almuerzo en el edificio del FMI el miércoles que viene.