
“Cada vez hay más mujeres que no quieren ser madres. Hoy, una de cada cinco mujeres termina su edad fértil sin ser madre. No soy una terrorista de la maternidad, simplemente
soy una mujer que no quiere ser madre. Sé que hay muchas mujeres como yo que no quieren ser madres, pero no lo admiten por temor al rechazo”. Paula es una periodista que trabaja en una revista femenina que se va a pique, y que se le ocurre escribir una columna sobre “anti maternidad”, que rápidamente se convierte en un éxito y logra salvar a la publicación. Paula firma como Juana de Arco. El seudónimo la protege un tiempo, pero las críticas finalmente llegan. Y ella también ve tambalear su postura al enamorarse de un varón separado con una hija a cargo. Por ahí va el argumento de “No soy tu mami”, la película que se estrenó esta semana en clave de comedia y que trata de popularizar un tema que en 2019 no es novedoso, pero tiene un valor: marca cómo aún hoy se juzga a las mujeres que rompen mandatos, toman decisiones y hablan de deseos.
Una escena de “No soy tu mami”.
“La película no se pronuncia en contra de la maternidad, sino a favor de la libre elección, a favor de una maternidad deseada, a favor del deseo autónomo de tener un hijo –explica a Clarín Celina Font, actriz y una de las guionistas, que hace de hermana de Paula, Eva, que justamente está embarazada-. El prejuicio sigue pesando sobre las mujeres. En algunos ámbitos todavía se sigue percibiendo a la mujer adulta sin hijos como a una persona incompleta, o con algún tipo de riesgo psicológico o social por el hecho de no haber sido madre. El mandato social de la maternidad sigue jorobando la vida de muchas mujeres, pero ahora tenemos la posibilidad de manifestarnos en rebeldía y de hacer o de intentar hacer al menos con nuestras vidas lo que realmente deseamos, como tantos varones, a los que no se los cuestiona si no son padres”.
Eva es quien en la película le da la idea a su hermana de escribir sobre las razones por las cuales no quiere ser madre. Eso genera una discusión, porque Paula se inspira en las charlas con su hermana para escribir, como también en las “mamis del cole” de la hija del vecino del que se enamora (Pablo Echarri). Así, esta Juana de Arco escribe sobre el mal sexo tras la maternidad o la pesadilla de los cumpleaños infantiles. Al final Paula pide perdón por sus “propios prejuicios” sobre la maternidad, pero también deja en clara su postura: “Yo batallo todos los días contra los prejuicios que ustedes tienen conmigo, por mis elecciones. Ojalá puedan entender mis razones y respetarlas”.
“La película plantea el poder de decidir. Sigue habiendo prejuicios contra las mujeres que no quieren ser madres. Se sigue viendo como algo raro, extraño. Creo que recién ahora podemos ver realmente que una mujer pueda ser independiente, pueda elegir, trabajar… Existe la idea de que se puede tener hijos, una carrera, trabajar, y eso sucede sólo en algunos estratos sociales, en los que se puede, y aun así siempre es más cómodo para los varones. Si una mujer está en edad fértil se le pregunta si va a ser madre porque se toma como un parate en la carrera, no está contemplado en la estructura social, laboral ni económica, ni hablar de las licencias –explica Julieta Díaz–. El tema es que la gente no tiene empatía con lo que no conoce, y se debería tener empatía… como yo tengo empatía con Paula, puedo entender perfectamente el universo de una persona que no quiere tener hijos. Aceptar, entender, de eso se trata. Lo bueno de la película es que de una manera amable plantea el tema”.
“No sólo te juzga la sociedad, las parejas también. Varias se terminaron porque no entendieron mi deseo. Y ahora, a mi edad, en general salgo con hombres separados que tienen hijos y es difícil compatibilizar y que entiendan mi libertad y que no quiero estar 24 horas con un tipo, que quiero vivir sola”, afirma Celeste Flores. Tiene 44 años, vive en Olivos, estudió Administración de Empresas, ahora estudia Ciencias Políticas, trabaja en ONG’s, da un taller de metodologías de estudios.
Celeste Flores. Tiene 44 años y asegura que sus parejas también la juzgaron.

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“Amo a los chicos pero no quiero tener hijos. Nunca sentí ni tuve ganas físicas ni psíquicas de tenerlos -sigue Celeste-. Pero es difícil que te entiendan, la gente prejuzga, enseguida piensan que sos lesbiana, que sos rara, que tenés problemas. Y si bien de a poco todo está cambiando y tengo amigas que piensan y sienten como yo, la sociedad todavía sigue siendo muy machista”.
Verónica Otero tiene 46 años, es modista, estudia Diseño de Indumentaria en la UBA, vive por Belgrano, corre maratones: “Siempre fui muy libre, A los 14 años empecé a coser y a ganar mi plata porque en casa no había. Tuve varias parejas que no compartieron mi no deseo de maternidad y bueno, se terminaron, porque nunca dudé en tener hijos. Los chicos me encantan, pero no para mí. La gente te pone cara de pobrecita, que raro, debe tener un problemita… La verdad es que no me arrepiento, es una de las buenas decisiones que tomé en mi vida”.
Verónica Otero, en su casa de Belgrano. Foto: Luciano Thieberger.
“Luchás contra el mandato social todo el tiempo –afirma Silvina Constenla, periodista, 40 años–. A mí nunca me apareció el deseo. Ni siquiera cuando vi a mis amigas con las panzas y después con sus bebés. Y sí, tuve temor a arrepentirme y que sea tarde. Después de los 30 hice terapia, pero no. La psicóloga me pidió que le diera razones para ser madre, y a mí no se me ocurrió ninguna… Ahora ya tengo 40 y sigo convencida. Pero es muy difícil romper con el estereotipo, todo el tiempo tenés que mostrar que no sos una desalmada ni una egoísta, pero la gente no puede creer que no quieras tener hijos. A mí me dicen ‘Te vas a quedar sola’, y yo me pregunto ‘¿Voy a tener un hijo para no quedarme sola?’. De ninguna manera, eso sí es egoísmo”.
Silvina Constenla es periodista. Tiene 40 años y sigue convencida de su decisión.
“Fue un proceso muy largo. De joven sí pensaba que iba a tener hijos, pero después nunca aparecía el momento adecuado, o esperaba que de alguna manera me naciera el instinto maternal que no sentía, creía que era algo que de repente te aparecía… pero a mí no me aparecía, y bueno, después pude darme cuenta de que en realidad no quería. Hice terapia porque tenía miedo a arrepentirme más tarde, o que me pesara lo de la edad biológica, pero no. Y hace tres años empecé a poder decir que no ser madre es mi deseo, mi decisión, algo que yo elijo“, señala Mariana Riccio, 40 años, de Almagro, empleada bancaria, estudiante de teatro.
Mariana Riccio es empleada y estudiante de teatro. Dice que ser madre no es su deseo.
“Lo que más pesa es la mirada de los demás, gente que ni te conoce y aún así te pide explicaciones. La gente quiere confirmar que tenés un problema, que algo te pasa, cualquier cosa es mejor que entender que una mujer pueda decidir, y que esa decisión la tomás desde un lugar de sanidad, y que es tu deseo”, concluye Mariana.
AS