
En un día vital para Gran Bretaña y la Unión Europea, la primera ministra Theresa May llegó a Bruselas para conseguir un “corto período de extensión del Brexit”, que
le permita conseguir un acuerdo político de consenso en Gran Bretaña para el divorcio, no ser eyectada del poder por los Brexitiers y no verse forzada a participar en las elecciones europeas del 23 de mayo, que van a significar su ruina en Downing St.
El problema es que Francia ha decidido que el reino debe ser relegado a “un Estado intermedio” mientras permanezca en la UE, en medio del proceso de separación de Gran Bretaña.

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Una humillación que va a resultar insoportablemente peligrosa para los políticos británicos. Nadie descarta que Gran Bretaña se puede ir el próximo viernes, a las 11 de la noche, porque Emmanuel Macron acaba de anunciar “que nada está asegurado para una extensión”. El No Brexit es la otra alternativa, que se fortalece, con una revocación unilateral por parte del reino.
La canciller alemana Angela Merkel le prometió el martes evitar esa humillación a la primera ministra británica, cuando almorzaron en Berlín. Ella cree en una extensión “flexible y con suficiente tiempo como para conseguir una solución política”. Por eso pedirá un corto Brexit, pero sin cumbres que alteren la agenda de los 27, que están exasperados.
Este nuevo status y escenario debilita aun más domésticamente a la primera ministra británica. Ella quiere irse de Europa el 22 de mayo, si consigue finalmente un acuerdo con la oposición laborista que le permita incorporar una unión aduanera, que su partido rechaza, y no participar en las elecciones europeas, para calmar la furia de los conservadores. Si lo consigue será un milagro del calendario político. Hasta ahora no tiene ni acuerdo ni certeza de que sea posible. Pero los europeos quieren evitar una salida tumultuosa, sin acuerdo de los británicos, que va a afectar a toda la UE.
Su fragilidad interna, su incapacidad de construir un compromiso durable que no sea arrasado por un próximo primer ministro euroescéptico, inquieta a los socios europeos y vuelve inflexible al presidente francés Emmanuel Macron. Por eso su postura será quitarle el veto a Gran Bretaña, no dejarla participar en bloquear minorías, impedir que tenga un comisario británico y forzarla al “deber de una sincera cooperación”.
Es lo que tenía previsto pedir Macron este miércoles, y se lo advirtió a May el martes en París. Por eso ella salió tensa y el, helado de la reunión del palacio del Eliseo. La posición dura francesa no es compartida por otros países de la Unión, que insisten en “no humillar” al reino, incluido el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk.
La exigencia de Macron debilita cualquier posibilidad para May de construir un consenso con el laborismo. Mucho menos facilitará la aceptación de este nuevo status “paria” británico por los conservadores, que ya sienten que van a ser arrasados en las elecciones locales del 2 de mayo, a causa de las negociaciones con Europa y por no haber salido de la UE.
A su regreso a Londres, la primera ministra acudiría a “votos indicativos” en el Parlamento legalmente vinculantes para romper la parálisis de salir de la UE, si no consigue firmar un compromiso con los laboristas. Pero serán críticas las próximas 48 horas para Theresa May.
La estrategia de Donald Tusk, si los europeos aceptan su propuesta de un largo período flexible para el Brexit, es forzar a los británicos a un segundo referéndum, que May no quiere otorgar si está en el poder.
El euroescéptico Bill Cash le advirtió al presidente del Consejo Europeo que “cualquier decisión de la primera ministra de aceptar una larga extensión del artículo 50 es altamente probable que sea desafiada en las cortes británicas”. Una nueva “judicialización” del Brexit, que se sumaría a la pesadilla.
May sigue en Downing St con un gabinete rebelado, donde no reina, “colgada de un hilo”, con la única fuerza de su deber de funcionaria de conseguir el Brexit. Los Brextiers han organizado un golpe para echarla del poder para el 23 de mayo e instalar un nuevo premier antes de las vacaciones de verano europeo en julio.
El Comité 1922, máxima autoridad partidaria que ya le avisó esta semana a May que los diputados querían verla afuera del poder , será quien la fuerce a renunciar. Un voto de no confianza es imposible porque ella está “blindada” por los próximos doce meses, al haber ganado el último que hicieron contra ella. La única forma es forzarla públicamente a la renuncia y que lo hagan los más importantes de su partido. Jacob Rees Mogg, Boris Johnson, la líder de la Cámara de los Comunes Andrea Jenkyns deberían pedir su cabeza abiertamente.
“Mi recomendación a la primera ministra es que no busque un segundo voto de confianza. Ciertamente lo va a perder. Será una humillación”, le advirtió el ex líder conservador Ian Duncan Smith.
El problema es que son las asociaciones conservadoras las que ha yan comenzado a planificar un voto de confianza contra la primera ministra. Ellos creen que el partido tiene la capacidad de eyectar a Theresa May y reemplazarla .
El Comité 1922 coincide pero ella debe permanecer en Downing St hasta que la batalla por el liderazgo entre los Torys termine. El Comité se reúne este miércoles para analizar cuál será la extensión del Brexit y como va a afectar el nuevo período en la permanencia de May en su cargo porque su “posición se ha vuelto insostenible”.
Podrían concretar la batalla por el nuevo liderazgo partidario en dos semanas. Luego, el país podría ir a una elección general durante seis semanas, que terminaría con un nuevo primer ministro británico.
En la lista de aspirantes el número uno es el ex canciller y periodista Boris Johnson, el ex secretario del Brexit Dominic Raab, la ex ministra del interior y pro europea Amber Rudd, la archi Brexitiers Penny Mordaunt, la líder de la Cámara de los Comunes Andrea Leadsom y el Brexitiers Michael Gove, el secretario de medio ambiente de May.
La extensión que Theresa May está buscando en la Unión Europea se produce en un nuevo aniversario del Acuerdo de Viernes Santo por la paz en Irlanda del Norte, que puso fin a la guerra civil religiosa que dejó 3000 muertos entre católicos y protestantes. Este ha sido un elemento fundamental para Europa para defenderlo e imponer salvaguardas para ganatizarlo, que han generado serias dificultades a Gran Bretaña.
La pro europea primera ministra de Escocia, Nicola Sturgeon advirtió este miércoles que si Gran Bretaña se va sin acuerdo, ellos convocarán a otro referéndum por la independencia.
París, corresponsal
CB