
Los primeros cómputos a boca de urna están muy disputados en las elecciones parlamentarias de Israel, que estuvo marcada por una baja participación.
Según un sondeo, la alianza opositora liderada por
el ex comandante del ejército israelí, Benny Gantz, se habría impuesto con 37 bancas de las 120 del parlamento de Israel. El actual primer ministro Benjamin Netanyahu lo sigue con 35 asientos.
Sin embargo, otra encuesta muestra un empate técnico, lo que llevó a Netanyahu a mostrar optimismo.
En un electorado muy fracturado por diferencias políticas y religiosas, la participación era muy baja. Sólo llegaba al 42 o 43 por ciento.
Sin diferencias significativas en los programas de gobierno entre los dos candidatos, la campaña se transformó en un plebiscito sobre la persona de Netanyahu, adorado y detestado por igual.
Como ninguno de los dos principales candidatos obtendría la mayoría absoluta, están obligados a formar alianzas con partidos menores para conformar una coalición de Gobierno.
El promedio de los sondeos de boca de urna sostiene que Netanyahu y las fuerzas ultranacionalistas y ortodoxas que lo apoyan sumarían 62 bancas, un número suficiente para controlar al Knesset (parlamento) y, por lo tanto, formar el próximo gobierno.
Bibi Netanyahu ya arrebató el Gobierno hace una década a Tzipi Livni, pese a que esta le superase en votos, por su capacidad para sumar partidos.