
Mientras el atacante de las mezquitas avanzaba, asesinado a disparos a quienes estaban a su paso, Abdul Aziz no se escondió. En lugar de eso, le arrojó lo primero que pudo
encontrar, una máquina para cobros con tarjetas de crédito. Salió corriendo y le gritó “¡Ven aquí!”.
Esto ocurrió en la segunda mezquita, la de Linwood, que atacó el supremacista blanco Brenton Tarrante este viernes. Venía de asesinar a 41 personas en la mezquita de Al Noor.
Aziz, de 48 años, contó que mientras corría afuera gritando, trató de distraer al atacante. Tarrante corrió a su auto para tomar otra arma, y Aziz le arrojó la máquina de tarjetas de crédito.
El pistolero regresó, disparando. Aziz corrió serpenteando los autos estacionados frente a la entrada, lo que impidió que el atacante le hiciera un disparo certero.
Entonces Aziz vio un arma que el sospechoso había abandonado y la recogió, apuntó y apretó el gatillo. Estaba vacía. Tarrante corrió de vuelta al auto por segunda vez, probablemente para agarrar otra arma más.
“Se metió en su coche y yo sólo tomé el arma y la arrojé a su ventana como una flecha y le rompí la ventana. Por eso se asustó y huyó en el auto”, agregó.
Aziz tenía a sus cuatro hijos adentro de la mezquita.
Latef Alabi, el imán en funciones de la mezquita de Linwood, dijo que el número de muertos habría sido mucho mayor si no hubiera sido por Aziz. Allí hubo ocho víctimas fatales.
Alabi relató que escuchó una voz fuera de la mezquita alrededor de la 13.55, cuando detuvo la oración que estaba guiando y se asomó por la ventana. Vio a un hombre con ropa negra de estilo militar y un casco, empuñando un arma grande, y supuso que era un policía. Luego vio dos cadáveres y oyó al pistolero gritando vulgaridades.
“Me di cuenta de que esto era algo distinto. Este es un asesino”, aseguró. Le gritó a la congregación de más de 80 personas que se agacharan. Dudaron. Se oyó un disparo, una ventana se rompió y un cadáver cayó, con lo que la gente empezó a darse cuenta de que todo era real.
“Entonces vino este hermano. Fue tras él, y se las arregló para dominarlo, y así fue como nos salvamos”, dijo Alabi, refiriéndose a Aziz. “De lo contrario, si hubiera podido entrar en la mezquita, probablemente nos habría matado a todos”.