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Después de la tragedia: la odisea de salir a remar en Tigre en un mundo de lanchas gigantes

Redacción TN by Redacción TN
25 febrero, 2019
in Sociedad
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Salir para no saber si vas a volver. Esa es la sensación de los que remamos en Tigre. Ya lo sentíamos hace tiempo, pero se potenció desde que Daniela Arnolfo

perdió la vida tras navegar en una piragua -kayak de madera- y ser atropellada por una lancha colectiva. Sabemos que a cualquiera podría pasarle, porque el lugar es un caos.

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Años atrás hice un curso para usar botes de madera, de esos típicos de Tigre. Los dictan, también, para los kayaks. Son unas cinco o seis clases, de baja intensidad, y destinadas a personas de todas las edades. Cuando terminás, te dan un carnet que te habilita a transitar por la zona.

De entrada, te das cuenta de que la técnica es simple, pero lo más difícil es lidiar con el tránsito. Al igual que en la calle, acá también hay reglas. Como la mano y contramano, porque vas por un carril y volvés por el otro. Y existen prioridades: así como un auto debe cederle el paso a una bicicleta, en el agua se prioriza la “tracción a sangre”, es decir, los que reman.

La periodista de Clarín durante unos instantes de mayor tranquilidad en las aguas de río Tigre.

La periodista de Clarín durante unos instantes de mayor tranquilidad en las aguas de río Tigre.

“Te pasan por arriba”, “no respetan las velocidades” y “faltan controles” son algunas de las quejas de la comunidad remera y kayakista, que se siente desprotegida. Para vivir su malestar a flor de piel, nos subimos a un bote con Alejandro Barreda, que es parte del equipo de WebTV de Clarín y también remero de la zona.

Navegamos por el Río Tigre, el mismo donde atropellaron a Daniela Arnolfo, a la altura de la Estación Fluvial. Incluso, pudimos ver a Elena Delta, la lancha de la empresa Líneas Delta que la embistió y permanece incautada. Aparentemente, pasó por encima a la canoa, dando marcha atrás, y ocasionó serios cortes a la mujer con la hélice. Esta abogada de 48 años y madre de tres hijos quedó internada y falleció el lunes 18 de febrero.

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En nuestro recorrido, pudimos constatar que es una “ley de la selva” donde gana el más fuerte. Y que cualquiera podría tener un accidente como el que sufrió ella.

Tuvimos que pasar cerca de grandes catamaranes, de los que van a Uruguay, y de lanchas colectivas, que son como los “bondis” que te llevan a las islas. Estos vehículos de gran porte dejaron olas que nos volvieron inestables. En un momento, quedamos como atrapados en una rampa, porque el fuerte movimiento del agua nos impulsó y nos impidió movernos.

Confirmamos que varias reglas no se cumplen. Nos cruzamos con un bote a motor que iba a contramano, con todos los riesgos que eso implica. En otro, sus dos tripulantes iban mirando el celular. También notamos que algunos vehículos circulan más rápido de lo que deberían. Y que hay lanchas colectivas que estacionan en doble fila, obligándote a pasar de carril e ir contramano.

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“Convivimos con lanchas colectivas, con catamaranes, con lanchas de isleños y con otros botes. Debemos ser prudentes, cada uno hacer lo que corresponde”, dice Agustín Rocha, entrenador del Buenos Aires Rowing Club, que nos acompañó en la travesía. “La Prefectura es quien nos tiene que ordenar a todos, educándonos en el agua y fuera del agua. Para que ninguno haga macanas y quien las haga sea corregido o sancionado”, continúa.

Los que practican estos deportes se sienten ninguneados. Y lo sufren, paradójicamente, en la “capital provincial del remo argentino”, tal como fue declarada en 2012 por iniciativa del entonces intendente Sergio Massa. Mientras que el actual jefe comunal, Julio Zamora, se muestra comprometido con esta tradición y fue nombrado “Padrino del remo de Tigre” en 2015.

Sin embargo, los conflictos de intereses están a la vista. “El turismo en Tigre ha crecido de una manera desorbitante y eso generó todo el tráfico que hemos visto”, dice la remera de travesía Érica Piskulich, otra compañera de nuestra experiencia. Asegura que aumentó la frecuencia de los viajes y la cantidad de vehículos que transportan pasajeros, algo que empeora los sábados y domingos.

“El reclamo es que bajen la velocidad. Es lo que nosotros les pedimos desde arriba del bote. La seña que hacemos con la mano -‘bajá’, ‘bajá’, ‘bajá’- es una constante. Estamos a los pitazos con los silbatos. Si se respetaran las velocidades, no habría una ola que te llena de agua el bote”, concluye la mujer que le enseñó a remar a sus 9 hijos, varios de ellos remeros de competición.

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Consejos para remar con seguridad

El equipo del Buenos Aires Rowing Club comparte algunas recomendaciones:

– Tomar clases de inicio de remo y tener un carnet. Buscar un buen profesor, que enseñe cómo actuar en las situaciones de riesgo.

– Antes de subir al bote, chequear que esté el tapón para que no se llene de agua, armar bien el timón y confirmar que esté funcionando.

– Llevar elementos de seguridad: silbato, bomba o envase para sacar el agua, celular (ante un problema llamar al 107), linterna, destornillador, bichero (palo con gancho) y cabo de arrastre (soga).

– Respecto al chaleco salvavidas, la Prefectura exige que esté dentro del bote. No suele usarse para remar porque es muy incómodo e imposibilita la actividad.

– No arriesgarse y no hacer lo que nos dijeron que no hagamos. Evitar pegarse demasiado a una lancha.

– En un bote donde van dos o tres personas, que estén todos atentos. No ir mirando el celular.

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