
Puede que los informes de prensa y la preocupación de los medios sociales nos lleven a pensar que la vida es difícil en la Gran Bretaña de hoy, pero los
extraordinarios descubrimientos de una nueva excavación arqueológica constituyen un saludable recordatorio de que, hace un par de siglos, las cosas estaban mucho peor.
Los arqueólogos que trabajaban en un lugar de entierros de comienzos del siglo XIX en el mercado de New Covent Garden en el sudoeste de Londres, donde se hallaron unos cien cuerpos, han dicho que contienen evidencias de condiciones de trabajo arduas, un medio ambiente nocivo, enfermedades endémicas, deformidades físicas, desnutrición y violencia letal.

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Los lugares de entierro ofrecen una visión poco común de la vida en los comienzos del Londres industrial, entre las décadas de 1830 y 1850. Muestran lo dura que era la vida para los trabajadores industriales pobres que describe tan agudamente Charles Dickens en sus novelas clásicas.
Los restos óseos de quienes podrían haber sido personajes de Dickens –acaso los primeros londinenses “modernos”- fueron desenterrados por Wessex Archaeology durante la excavación de parte de un cementerio originalmente situado en el predio del mercado de New Covent Garden en barrio de Nine Elms.
El cráneo de una mujer que murió como resultado de una puñalada en la cabeza. Sociedad de Arqueología de Wessex
El cementerio estaba al lado de la iglesia de St George The Martyr. El terreno había sido despejado parcialmente en la década de 1960, poco antes de que se construyera el nuevo mercado, habiéndose reubicado desde su emplazamiento original en el centro de Londres.
Kirsten Egging Dinwiddy, osteoarqueóloga de Wessex Archaeology, le dijo a The Guardian que estas eran personas que habían llevado “una vida de trabajo arduo y mera supervivencia”.
Esta parte de la capital británica sufrió un cambio particularmente drástico al pasar de ser un conjunto de huertos rurales a convertirse en un entorno sumamente industrializado y urbanizado en unos pocos años, explicó. “De pronto, el mundo cambia y hay horribles fábricas y gases nocivos… Fábricas de gas, grandes depósitos ferroviarios, muchas obras en construcción”.
La arqueóloga agregó: “La diversidad circundante de industrias dañinas, peligrosas y necesitadas de mucha mano de obra habría dado como resultado condiciones de trabajo y de vida muy deficientes, aunque grandes números de personas seguían acudiendo a la zona para aprovechar las oportunidades de empleo. La mayoría de los que trataban de sobrevivir en la zona y sus alrededores se clasificarían como pobres o muy pobres”.
Las tumbas revelan altos niveles de infecciones crónicas, entre ellas sífilis endémica.
Datos fascinantes en tres tumbas
Tres tumbas en particular ofrecen datos fascinantes. Una de ellas es la de una mujer que sufrió de sífilis congénita y llevó una vida de trabajo extenuante que requería un uso intenso de la parte superior de sus brazos y hombros.
Tenía una fractura de nariz y una herida en el cráneo, lo que indica que fue asesinada. Los arqueólogos creen que fue atacada, probablemente desde atrás, y apuñalada en el oído izquierdo con una hoja delgada, como la de un estilete.
En otra tumba se halló a un hombre que supo medir 1,80 metro. Debe haber tenido un aspecto particular. La nariz aplastada y una depresión en la ceja izquierda indican que participó en “varias peleas violentas”, consideran los arqueólogos. Las peleas a puño limpio eran un pasatiempo popular –el hombre murió antes de la adopción de las Normas de Queensberry que exigían el uso de guantes de box- y sus nudillos muestran indicios de ese tipo de peleas.
Egging Dinwiddy dijo que “habría tenido una sonrisa poco seductora”, ya que le faltaban los dos dientes de adelante, probablemente debido al enorme quiste que tenía en el paladar. También padecía sífilis.
Los chicos
Alrededor del 40 por ciento de las tumbas eran de niños menores de 12 años, lo que refleja la alta tasa de mortalidad infantil de la época.
Una de las tumbas provoca particular desconsuelo porque el cajón tiene una placa con el nombre de Jane Clara Jay, que murió el 18 de marzo de 1847, poco antes de cumplir los 2 años.
Una caja de ataúd dice “Jane Clara Jay. Falleció el 18 de marzo, de un año de edad. Amén”. FOTO: Sociedad de Arqueología de Wessex
Era hija de Sarah Jay y su marido, el trabajador manual George James Jay de Nine Elms, Battersea. Los arqueólogos hallaron signos de desnutrición de base, pero la causa precisa de la muerte de la niña no está clara.
Hoy el de New Covent Garden es el mercado de productos frescos más grande del Reino Unido. Sus 175 empresas dan empleo a más de 2.500 personas. En sociedad con Vinci St Modwen, está siendo sometido a un importante redesarrollo con nuevos edificios e instalaciones.
Los arqueólogos quedaron sorprendidos por la cantidad de tumbas que había bajo lo que era un estacionamiento para autos. Pensaban que el lugar del cementerio original había sido despejado por completo en la década de 1960.
Lo hallado con el proyecto de New Covent Garden se mostrará como parte de un programa de BBC Four, Digging for Britain, que saldrá al aire el 5 de diciembre a las 21.
Por Dalya Alberge, GUARDIAN VERTICALS
Traducción: Elisa Carnelli