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La ciencia ficción y la sociedad moderna

Redacción TN by Redacción TN
16 noviembre, 2018
in Sociedad
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Luces y sombras cubren la historia de la diálisis. Luces si uno piensa que 50 o 60 años atrás el fallo renal grave era mortal; poco y nada cabía hacer ante

dos riñones que no funcionaban. Ahora se puede y las máquinas –cada vez más chicas– mantienen vitales a muchos pacientes por años. Pero están las sombras: la diálisis a veces los abate, les quita fuerza, los estresa y les produce efectos secundarios no desdeñables. ¿Con qué parte quedarse? Con la vida, claro, aunque no todo lo que brille sea oro y aunque haya que aguantar lo que a veces no se quiere. La alternativa, sin embargo, es peor.

Mi contacto, indirecto, con la diálisis resultó complicado. Mi padre la inició a los 86 años con bastante esperanza. Creía que esa máquina mágica tendría resultados ídem. Hasta ese momento había sido una persona muy activa. A los 85, por ejemplo, subió a Machu Pichu. Tenía ilusión de hacer viajes cortos una vez que empezara el tratamiento pero su salud se fue deteriorando. A cierta edad y con una enfermedad declarada, murió poco antes del año. Ya no había lugar para la magia en un organismo que sufría problemas serios y eso era algo difícil de aceptar.

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En las enseñanzas que dejan las experiencias aun cuando son complicadas sobresalen dos. La primera, la sorpresa de mi papá sobre cómo la diálisis era pura vida para mucha gente más joven. Una vez mencionó la historia de una mujer que se dializaba junto a su padre (por una enfermedad genética los dos tenían fallo renal). Llegaba y se iba llena de energía. Eso lo asombró. La segunda enseñanza era su decisión irreductible de seguir activo siempre. A esa edad tuvo su primer libro electrónico en el que leyó un par de obras mientras se dializaba: “Es práctico porque al tener inmovilizado un brazo, cuesta dar vuelta la página de papel”, decía. El libro digital necesita apenas el vaivén de un dedo y él lo adoptó sin problemas.

A diálisis se llega por distintos caminos y a diferentes edades. Por eso la manera de vivirla también difiere. Es difícil –o demasiado fácil, en verdad– hablar como observador porque la experiencia es intransferible. Decir, sí, que la diálisis resume el dilema de la modernidad terapéutica: hay enormes posibilidades en comparación a otras épocas pero la ciencia ficción ideal –esa en la que se esfuman los efectos colaterales– no existe por ahora. Se pone el cuerpo y se afrontan costos. Pero tenemos futuro, algo que parece tan simple pero que –hablando en tiempos históricos, para la gente con fallo renal– es radicalmente novedoso.

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