
Son 30 minutos en auto los que hacen falta para llegar a San Fernando desde la Ciudad de Buenos Aires. Ahí comienza un enorme mundo silvestre. Desde el muelle para bajar
a la lancha ya se puede percibir la mano del hombre sobre la naturaleza: botellas, bolsas y un olor nauseabundo pintan de gris lo que solía ser un paisaje utópico.
Pero el viernes 21 de septiembre lejos se encontró de ser un día amargo. A las siete de la mañana el equipo de cuidadores y rehabilitadores del Centro de Recuperación de Especies Temaikén (CRET) ya tenía listas las cajas, donde trasladaron al gato montés, un carancho, una gavilán mixto y una tortuga de agua, en la lancha que se dirige a la Reserva Che Roga, en el Delta del Paraná.
Estas cuatro especies, como otras 3.500 en 10 años, fueron víctimas del tráfico y mascotismo ilegal de animales. Por ejemplo, “Manchitas”, como la bautizaron chicos de diferentes escuelas de la zona, es una hembra adulta que fue mantenida por un indeterminable tiempo en un hogar de familia. “Tuvimos que enseñarle a cazar sus presas y a sobrevivir en su hábitat natural”, cuenta Cristian Gillet, encargado en el área de Comportamiento de Fundación Temaikèn.