
La incertidumbre llegó a su fin en la noche del domingo, a horas del plazo límite: los negociadores canadienses y estadounidenses alcanzaron a un acuerdo sobre la reforma del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, conocido como NAFTA por sus siglas en inglés), informaron representantes de ambas partes.
Esta nueva versión del NAFTA, un tratado vigente desde 1994 entre Estados Unidos, Canadá y México, es reenegociado desde 2017 a exigencia del presidente estadounidense, Donald Trump, que lo tachó de “desastre” para su país.
Los principales escollos entre ambas partes eran que Washington buscaba que Canadá redujera la protección a su sector lechero, algo que se llevará a la práctica, según un funcionario canadiense. También habría conseguido mantener los aranceles a las exportaciones de acero y aluminio canadienses aunque Ottawa espera que serán retirados en el futuro
Canadá, presionado por el acuerdo que cerraron México y Estados Unidos en junio, consiguió preservar el actual sistema de solución de conflictos entre los socios del TLCAN que Washington quería modificar. Y también le interesaba tener la seguridad de que, si firma el acuerdo, se levantaría la amenaza de aranceles a su industria automotriz, una medida habitual en la guerra comercial de Trump con el exterior.
Además, se espera que se cambie el nombre del tratado: ya no sería NAFTA, sino que pasaría a denominarse Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá (US Mexico Canada Agreement, en inglés).
Después de meses de negociaciones, la expectación creció cuando el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, convocó el domingo a las 22 locales (23 de la Argentina) una reunión de emergencia de su gabinete, dos horas antes del plazo establecido por Washington para cerrar la renegociación.
Al salir de una reunión de gabinete de emergencia, Trudeau aseguró que “es un gran día para Canadá”. (Justin Tang/The Canadian Press via AP)
Una hora y 15 minutos más tarde, Trudeau abandonó satisfecho el encuentro. “Es un gran día para Canadá”, se limitó a comentar ante los medios, y agregó que este lunes brindará más información sobre los términos del tratado.
Por su parte, el mexicano Jesús Seade dio por hecho el pacto. “Celebramos el acuerdo trilateral. Se cierra la puerta a la fragmentación comercial de la región. TLCAN 2 dará certidumbre y estabilidad al comercio de México con sus socios en Norteamérica”, escribió en Twitter quien representó a Andrés Manuel López Obrador.
Esta vez, las conversaciones se desarrollaron de forma remota, a diferencia de otros ciclos de diálogos en los que la ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, se había desplazado a Washington.
Al filo de la hora límite, se desarrolló un fin de semana entero de trabajo por videoconferencia de los negociadores para alcanzar un acuerdo de último momento para modernizar el tratado comercial.
Los primeros signos de relajación llegaron el domingo por la tarde, cuando Peter Navarro, asesor de Comercio del presidente de Estados Unidos, dijo que ambas partes estaban negociando “de buena fe” y que el resultado de las conversaciones se conocería a más tardar el lunes por la mañana.
“Puedo decirles esto: tendrán noticias mañana (lunes), de una forma u otra, que serán importantes y tal vez puedan remover a los mercados”, dijo en la cadena televisiva Fox News.
Se especula con el cambio de nombre del acuerdo: ya no sería NAFTA sino que se denominará Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá. (Lars Hagberg / AFP)
Los negociadores canadienses se veían presionados por una condición adicional: las concesiones en el sector lácteo serían muy mal recibidas en Quebec, que está llamada el lunes a las urnas para designar al próximo gobierno de esta importante provincia francófona.
Los principales partidos de Quebec y las organizaciones de agricultores defienden firmemente el sistema de “administración de la oferta”, que controla la producción y el precio de la leche y las aves de corral y además garantiza ingresos estables para los agricultores canadienses.
Con información de AFP y EFE