
“Mi mayor crítica es tener que haber llegado a pegarme una piña tan fuerte para valorar las cosas”, dijo Fariña en el ciclo de Fantino, y reiteró detalles del manejo de dinero negro que llevaba adelante como uno de los brazos lavadores de dinero del kirchnerismo. “A Lázaro (Báez) yo le lavé 77 millones de dólares, así que cuando se habla de 60 millones, ahí faltan 17…”, dijo, precisando que “Lázaro no habla por respeto a Néstor (Kirchner) por lealtad a Néstor, porque su relación con Cristina era malísima, él mismo me lo dijo, se sentía menoscabado por ella, pero él sigue siendo leal a Néstor, en un 80% no habla por esa lealtad a su amigo”.
La experiencia en la cárcel de Ezeiza fue definitoria para que Fariña decidiera dar el paso a arrepentirse. Al respecto recordó: “cuando se habla de las cárceles, hay que estar ahí para ver que las condiciones son infrahumanas. Yo no quiero contar detalles, pero pregunten lo que son las requisas, lo que te hacen los guardias en esas requisas, a vos y tus familiares… Pasás hambre y te humillan más que cuidarte, es muy duro”, explicó, señalando que esa situación que le tocó vivir como lavador de millones de dólares del kirchnerismo “me dejó absolutamente solo, perdí todo, me costó y me sigue costando recuperar a mi familia. Yo le arruiné la vida a mi viejo…”.
“Yo a Lázaro le lavé 77 millones de dólares y Cristina tiene muchísimo más que eso…”, consideró Fariña cuando se habló de la fortuna K, indicando que “el propio Máximo Kirchner se encargaba de pedirles el dinero a los empresarios”. “Lázaro es un tipo que tiene 250 millones de dólares en propiedades. Ficción no es, la guita está”, dijo Fariña, aunque desestimó que vayan a encontrarse grandes cantidades de dinero “porque lo van moviendo y hay cientos de estancias perdidas”, apuntó que “la plata tiene que estar acá”.
Y también se refirió a Ricardo Echegaray, ex titular de la AFIP, asegurando justamente que “la AFIP fue la principal garante” de los negocios del kirchnerismo. A continuación dejamos el video del paso del arrepentido por “Animales Sueltos”, un testimonio de la corrupción en primera persona ciertamente revelador: