
En pleno desierto patagónico, una torre de 30 metros de alto indica que hemos llegado al pozo de perforación HYP129. La sala de máquinas está a la misma altura. Rodeado de
pantallas, el operador comanda un proceso complejo en el que los tubos de perforación se dirigirán primero en posición vertical a unos 3.000 metros de profundidad y luego, en la que será una curva de un ángulo muy abierto, abrirán espacio en 3.000 metros horizontales. Desde esa inmensa plataforma se perforan cuatro pozos como en ramillete, pero distanciados entre sí unos 300 metros. Explican que “navegarán” en distintos niveles por Vaca Muerta en forma paralela. Los tubos están equipados con sensores y cámaras, como si fueran satélites, pero debajo de la tierra. Así informan en tiempo real a los geolocalizadores y ellos los van guiando hasta llegar a los reservorios del shale.
Los técnicos son brasileños, bolivianos, mexicanos y también argentinos. En la torre se destaca el “enganchador”, ese experto en trabajo en altura que ayuda a colocar cada tubo en el equipo para ese viaje al fondo de la tierra. Sabe que hay otro equipo de perforación, unos kilómetros más allá, donde su función ha sido sustituida por un robot. No lo lamenta, hay muchas más tareas para cumplir.
Cada paso está cronometrado. Y a este estilo de trabajo lo llaman “factory”. Decididamente, la industria petrolera adoptó el método de las automotrices que se inspiraron en Toyota con su modelo de mejora continua y manejo inteligente de stocks.
Anyelen Larsen dice que si bien trabajan con la incertidumbre geológica, el modelo factoría tiene procesos muy estandarizados que minimizan riesgos y bajan costos. Ingeniera química sub40, es una de las profesionales que abundan en Loma Campana, donde las mujeres ocupan casi la mitad de los puestos de decisión.
La sala de control es otro indicio del modelo factoría. Allí hay telesupervisión en la que se monitorean las 24 horas unas 50.000 variables a través de tableros y alarmas para operar de forma centralizada y remota.
Todo sea para aprovechar Vaca Muerta. Esta roca madre con inmensos reservorios de gas y petróleo está a 3.000 kilómetros de profundidad y se extiende por Neuquén, Río Negro y el sur de Mendoza. Se originó en un mar interior conectado con el Pacífico hace 150 millones de años. El proceso de formación del petróleo a partir de materia orgánica, como las algas microscópicas, se extendió durante 3 millones de años. El shale se descubrió en EE.UU. por error en 1947. La geóloga Guillermina Sagasti explica la complejidad de las perforaciones como si se tratara de una cirugía. Y la ingeniera Daniela Secco afirma que no están en contacto con los acuíferos y que el agua que utilizan para las estimulaciones del río Neuquén, unos 1.500 metros cúbicos por etapa de fractura, no pone en riesgo el caudal del río ni las actividades de la zona.
En estos días hay clima festivo en Loma Campana: concretaron un pozo de 6.527 metros de extensión, de los cuales 3.200 se desarrollaron en forma lateral. Es el mismo recorrido de la 9 de Julio desde el fin de la autopista Illia a Constitución. Lo lograron en 37 días a un costo de US$6 millones. Más barato que en EE.UU.