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¿Y si vamos todos presos?

Redacción TN by Redacción TN
15 agosto, 2018
in Sociedad
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¿Esta cagada de auto tenés? Sos un pez gordo, dejame de joder. ¿No tenés más plata en tu casa? Me estás jodiendo…

– La plata se guarda en la compañía, nunca tuve plata en casa. Y me muevo en ese auto.

-¿Con esposas y en el celular o sin esposas en tu auto entonces, vas a darme una mano?

——–

Este dialogo existió mientras el hombre se vestía para irse detenido, lo que nunca pensó que le pasaría. Lo primero que hizo el agente cuando entró a llevarse a uno del raid de los detenidos por coimas días atrás fue eso: pedirle coima. Coimearlo para que pudiera evitar salir esposado, o en otro auto, o por otra puerta. Todo tiene precio, incluso esta situación.

El estallido moral que sacude al país hace dos semanas a raíz de la publicación de los Cuadernos de Centeno ha suscitado más un interrogante en la sociedad. Hasta dónde llegará la justicia en este caso pornográfico de corrupción peronista. ¿Es tan solo peronista o kirchnerista este saqueo del futuro de la Argentina reconocido ahora hasta por el ex jefe de Gabinete Abal Medina o no distingue partido? Ya las patas de la mesa entera reconocen el desfalco en el que incurrieron sólo para ser más millonarios, ninguno de los inculpados logró saciar su hambre, y evidentemente tampoco su ambición. Justicia, empresarios, políticos, corruptores y corrompidos.

Queda entonces Cristina Kirchner, que irá presa, sola en un país cada vez menos habitado, tal vez sólo por su imaginación, hijos y Oscar Parrilli. Allí residen entonces estos pocos en una dictadura represiva, con presos políticos como Milagro Sala; retirando millones en efectivo comprobado, utilizando un mini Cooper para moverse por Jujuy, hasta que el caluroso enero jujeño la obligó durante años a moverse a Punta del Este, relatado por ella misma. La ficción no todo lo puede.

También en ese país los medios sólo arman tapas en connivencia con jueces, fiscales y un puñado de empresarios, no existe el periodismo, que ella consideraba libre en épocas del estalinista 6,7,8 o la gestión que en 2006 echó a Victor Hugo Morales por no ser kirchnerista. Allí fue el ex jefe de Gabiente que nunca vio nada, Alberto Fernández, y su brazo periodístico sonrientemente ejecutor en el canal que se encargó de echar al relator, hoy encerrado en un síndrome de Estocolmo inentendible. Hay infinidad de casos.

Así entonces planteadas las cosas, en otros países han sido invariables los resultados de los reales golpes de timón y reconciliación nacional por combatir la corrupción. Italia dio origen después al insaciable Berlusconi, delirante personaje que logró empatar ineficacia, promiscuidad y corrupción en altos niveles por igual. Brasil interrumpió un gobierno democrático como el de Dilma, enjuiciada por una jauría de corruptos, casi dos tercios del Congreso con señalamientos de corrupción. El PT sólo primerea en las encuestas porque Lula no podrá ser candidato y el vacío de poder en los partidos restantes es absoluto. Un candidato, Bolsonaro, un esperpento de la realidad brasilera que llegó a decirle a una compañera de banca que ni siquiera merecía que la viole, puede gobernar Brasil.

En Argentina tenemos la posibilidad de poner en su lugar a estas personas de la más baja calaña y que pasen al olvido como ladrones, el argentino mediocre de José Ingenieros puede reaparecer; el peronismo puede sanearse y borrar de su historia al kirchnerismo para intentar seducir a alguien en las urnas, por difícil que parezca, los empresarios corruptores desde el empréstito de la Baring Brothers para hacer el puerto a la campaña Cristina, Cobos y Vos… de 2007 financiada por el narcotráfico y empresarios con aportes en efectivo en negro; para Cristina y para Vidal y los generosos aportes de marginales sin ingresos.

Así entonces desembocamos en un maremagnum difícil de surfear. ¿Estamos dispuestos a terminar con la corrupción? Es mucho más sencilla y cercana que el torpe kirchnerismo paseando con bolsos por Plaza de Mayo. Eso también pasó. La corrupción nos rodea, somos parte y muchas veces cómplice. Si realmente queremos una Argentina renovada, implacable frente a lo que no corresponde, tenemos que hacernos la idea de que vienen por nosotros o muchos de nosotros también, personas queridas, vecinos, familiares, amigos de nuestros amigos.

Los que gastan efectivo porque cobran un bono en negro, también, sí, forman parte de una Argentina que tiene que terminar. Quienes tenemos un amigo, un conocido, un familiar que estuvo dentro de algún entramado en el sector privado para dirigir ventas o compras de una empresa a determinado proveedor, también, eso en la Argentina que nos llenamos la boca de decir que queremos, no puede existir más.

Las coimas a los policías, muchas veces simples coimeros con disfraz azul, otras veces héroes sin reconocimiento, es algo que todos hicimos o escuchamos decir al de al lado en el asado y la anécdota terminó siendo más graciosa que lo que es; un acto de corrupción.

Los que tienen un amigo en el ministerio que te da una mano, un gestor que se encarga, un abogado que es amigo del fiscal, todo, todo eso, también es corrupción e imposibilita que un cambio moral profundo, sincero y de largo plazo desembarque en este país.

No son José Lopez, pero porque no tuvieron la oportunidad. Cuántos irían corriendo a la comisaría si se encuentran de noche un bolso con nueve millones de dólares sin tocar un billete.

San Agustín postuló el “voluntarismo” para hablar sobre el mal moral de las personas. Es decir, tenemos la voluntad, que va por encima del entender, de elegir sobre los actos y que eso nos ponga en la vereda de lo que corresponde. Si así es, entonces tenemos que saber que si realmente avanza la justicia, van presos los que leemos en los diarios, y muchísimos más. La prueba más clara es la doctrina Pichetto: “no damos desafuero si no hay sentencia firme”, sintetiza sin sonrojarse quien hoy se posiciona como un peronista dialoguista, habiendo negado hasta la ley de gravedad por pedido de la hoy senadora Fernández.

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