
A algo menos de dos horas para que el Senado comience a tratar la legalización del aborto, en los alrededores del Congreso de la Nación se prepara una manifestación que podría
ser histórica. Los militantes por la interrupción voluntaria del embarazo se plantearon el objetivo de reunir dos millones de personas. Y se cree que podría darse la concentración más numerosa de la historia de las que se dividen en posturas opuestas.
Sobre las ocho y media de la mañana, las calles cercanas al Congreso estaban totalmente valladas. Tanto, que llegar a las zonas delimitadas para manifestarse demandaba —como lo hará en toda la jornada— cierta dificultad.
La estación Congreso de la línea A de subtes estaba cerrada.
El operativo policial ya era importante. Se veía gran cantidad de camiones y efectivos, tanto de la Policía de la Ciudad como de la Policía Federal. Los escenarios —tanto el del lado celeste como el del verde— ya estaban instalados y se realizaba el montaje de los equipos de sonido. También se estaban instalando baños químicos.
Sin lluvia y con la luz del sol, la gente empezaba a llegar. En el sector celeste se veía aún a muy pocas personas. Eran alrededor de cien. Apenas unos grupos aislados que empezaban a juntarse debajo del escenario principal, decorado con un gran cartel que dice: “No al aborto”. Otros se reunían en una pequeña carpa donde servían café caliente.
Eran pocos, pero se mostraban animados. “Se siente, se siente, Jesús está presente”, repetía una mujer con un megáfono en la mano. “Se siente, se escucha, hay vida en el vientre”, gritaba otra a pocos metros. Como si fuera una competencia de coros, unos jóvenes cantaban a un costado: “Se siente, se siente, la voz del inocente”.
En el lado verde, estaban desde anoche armadas las cuatro carpas y los dos escenarios, cuyos nombres identificatorios rinden homenaje a diferentes militantes históricas por los derechos de las mujeres.
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