
El dólar arrancaba agosto con subas de entre 4 y 10 centavos en los bancos, mientras que a nivel mayorista caía tres centavos, a $ 27,40.
El mercado mayorista es donde
operan bancos, grandes empresas y el Banco Central, y cuya cotización termina incidiendo luego en el canal minorista, donde compran los ahorristas.
Después de alcanzar un pico de $ 29,57 por unidad en el mercado minorista el último día de junio, el dólar cerró julio a $ 28,02, es decir un retroceso del 5,2%.
Después de la furia devaluatoria que arrancó a fines de abril y siguió durante los siguientes dos meses, julio fue un mes para apostarle al peso. Con el dólar en baja y tasas muy positivas, el carry trade “resucitó” y dejó ganancias – en dólares- del orden del 10%.
Es cierto también que quienes quedaron mal parados durante los meses de la devaluación perdieron cerca del 15% en dólares. Pero es innegable que el torniquete monetario que aplicó Luis Caputo desde que se puso al mando del Banco Central dio sus frutos, al menos si lo que se buscaba era calmar la tormenta que azotó a los mercados.
El precio que está pagando el Gobierno (y que por cierto está dispuesto a hacerlo) es la tasa de interés muy alta y su innegable impacto sobre la actividad económica.
Plazos fijos: qué banco paga la tasa más alta
Para colmo, todo el tema productivo se magnifica porque por culpa de la sequía los números del INDEC resultaron muy malos. Ahora, el Gobierno apuesta a que si la inflación empieza a bajar (fue 3,7% en junio y se espera un punto menos en julio) las aguas empiecen a calmarse.