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¿Otra grieta?: empresarios divididos por el diagnóstico de la crisis

Redacción TN by Redacción TN
6 julio, 2018
in Economia
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El viento de frente que soportó en el último bimestre la economía argentina dejó una lista de malas noticias: una disparada del 50% en el tipo de cambio; una sequía que

le restó 8.000 millones de dólares a la actividad; el desplome de bonos y acciones, la disparada del riesgo país, y un freno evidente a la actividad económica. Todo el mundo recalculó en menos sus proyecciones para este año.

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Que 2018 no está transcurriendo como se proyectaba seis meses atrás no es novedad. Pero lo que sí empieza a aflorar, incluso entre los empresarios, es una suerte de grieta, otra más: ¿Cuán mal estamos, qué profundidad alcanzará la crisis económica?

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En los últimos días, se escucharon quejas del sector productivo (UIA, cámaras empresarias de distintas actividades y representativas de empresas de diverso tamaño) respecto a variables muy significativas, como la disparada de la tasa de interés a la que se financia la producción, el aumento de la morosidad y un récord en la cantidad de cheques impagos.

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También se habla del impacto en el empleo, de la caída del consumo o de un freno significativo en dos actividades que venían volando: construcción y venta de autos. Nadie discute, desde ya, que la inflación será bastante más alta que lo que se esperaba unos meses atrás.

Lo que sí es recurrente, es que cada vez que estalla una crisis, aparecen los señalamientos de la industria, el campo, la producción o el comercio, hacia (o contra) los bancos, por un tema puntual: el costo del dinero. Y las consecuencias que acarrea una suba de tasas de interés de las distintas líneas de financiamiento.

En el sector financiero salen a responder con datos que también maneja el Banco Central.

– No hay una “explosión” de cheques rebotados. Sobre un mercado que mueve cerca de 100.000 millones de pesos por mes, el índice de “rebotados” es de menos del 2% del volumen.

– La morosidad está en niveles menores al 1% entre las empresas y está subiendo muy levemente y lejos de alcanzar niveles alarmantes en deudores vinculados a cuentas sueldo. Consideran que hay cierta lógica en esto: los salarios este año ya están perdiendo frente a la inflación.

Un tema aparte es la tasa de interés, que en estos días llegó a la tapa de los diarios por la decisión del Banco Central de aplicar un verdadero torniquete monetario para estabilizar el mercado cambiario. Por efecto de este torniquete, la tasa de las Lebac saltó arriba del 60%. Es una tasa que en cierta forma se convierte en “referencia” para el resto de las tasas activas, es decir las que los bancos les cobran a sus clientes.

Según los casos, hay empresas que logran descontar cheques al 45% -si tienen un buen historial- y dependiendo del riesgo crediticio se llegan a cobrar tasas del 60%.

Un caso particular son los productores agropecuarios, que tienen su producción atada al precio del dólar. Acá hay una grieta dentro de la grieta: los bancos les ofrecen créditos en dólares al 4 o 5% anual, pero los productores quieren créditos en pesos, para aprovecharse de una eventual suba del dólar que les licue la deuda. Además, son una rareza los casos de morosidad en los créditos tomados por este sector.

Lo que no deja de ser una sorpresa -y es información que manejan en tiempo real la AFIP y los bancos que retienen impuestos por cada operación- es lo que está sucediendo con el consumo, al menos el que se paga con tarjeta de crédito. En el Gobierno manejan esta información: en junio, las operaciones pagadas con tarjeta de crédito subieron un 40% contra junio de 2017, es decir, cerca de 15% real, si se descuenta la inflación de ese período.

Ahí puede pasar de todo, pero no habría que descartar que se trate de un consumo financiado por los individuos que fueron dolarizando sus ahorros a lo largo del año pasado, y hoy encuentran que ese dólar que compraron a 16, 17 o 18 pesos en 2017 lo venden ahora a 28 pesos. Después de todo los argentinos compraron más de 10.000 millones de dólares el año pasado para ahorro personal. Es lógico: estaba barato.

En contra de los pedidos de tasas subsidiadas, nuevos impuestos o suba o reposición de retenciones a las exportaciones agropecuarias, en el sector financiero hay cierta unanimidad en celebrar la salida “ortodoxa” que está aplicando el Gobierno para capear el temporal cambiario. A qué llaman ortodoxia:mantener las reglas del juego, priorizar la estabilización del mercado cambiario (aun con un shock de tasa) y poner todas las fichas en cumplir las metas de déficit fiscal.

 

fuente clarin

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