

Mientras que la monarquía saudita comenzó hace meses una campaña internacional con visitas de Estado, reuniones con empresarios y notas glamorosas en influyentes medios para convencer de
Con una ola de detenciones, el gobierno amedrentó a las decenas de mujeres que desde 1990 han encabezado la campaña para exigir el derecho a manejar y moverse libremente entre el trabajo, la facultad, de shopping o simplemente paseando.
El mensaje enviado al mundo era claro: el único responsable de esta supuesta apertura era el flamante príncipe heredero de 32 años, Mohamed bin Salman.
Cerca de una decena de activistas -hombres y mujeres- se rebelaron contra el discurso oficial y rompieron el silencio. Denunciaron la medida como una operación mediática y volvieron a pedirle a la monarquía que ponga fin al sistema de tutela, que establece que una mujer debe depender de la voluntad de su padre, hermano, esposo o hasta un hijo menor de edad, de ser necesario, durante toda su vida.