Con el ascenso de Nicolás Dujovne al nivel de ministro coodinador (¿superministro?), como anticipó Clarín en exclusiva, se viene ahora un reacomodamiento del equipo económico, que deberá ajustar sus decisiones a
la opinión del ministro de Hacienda. Y por qué no, alinearse, además al marco de discusiones que se están llevando adelante -oficialmente desde el viernes pasado- con el FMI.
Hay nueve ministros que desde ahora deberán conocer la opinión de Hacienda. Aunque esa no es una regla estricta para todos, como se verá:
Luis Caputo: El ministro de Finanzas es hoy un líbero. En sus funciones formales -conseguir fondos en los mercados de capitales- su palabra vale más que la de cualquiera en el Gobierno. Pero en estas semanas de turbulencias financieras su peso específico dentro del Gabinete creció sustancialmente. En una semana consiguió plata fresca para reforzar las reservas del BCRA con un bono en pesos que fue suscripto por inversores del exterior, cerró con éxito las licitaciones para obra pública bajo el sistema PPP y además, según lo reconocieron altas fuentes oficiales, su opinión fue decisiva para delinear la estrategia cambiaria del BCRA, que decidió parar la tensión cambiaria con una oferta de 5000 millones de dólares a 25 pesos.
Rogelio Frigerio: El ministro de Interior volvió a la mesa chica con una función específica. Será el encargado de lubricar la relación con los gobernadores e intendentes para llevarles malas noticias: recortes de gastos para cumplir con las nuevas metas fiscales, las que decidió el Gobierno y las que -más exigentes aún- termine consensuando con el FMI. A Frigerio le piden entonces que haga valer su buena relación con gobernadores y senadores para que el ajuste fluya hacia el interior con la menor conflictividad posible.
Jorge Triaca: Otro jugador de peso en la nueva etapa. Tiene que atajar los reclamos de revisión de paritarias que se vendrán inexorablemente tras la devaluación de peso. Para el Gobierno y para los empresarios la clave de que esta devaluación no haya sido en vano pasa por mantener la ganancia de competitividad, que se perderá si la inflación reinicia el ciclo de atraso cambiario.
Carolina Stanley: la ministra de desarrollo social maneja uno de los presupuestos más importantes, pero a su vez el más difícil de recortar. Recaerá sobre ella la tarea de hacerlo más eficiente.
Juan José Aranguren: está en una posición ambigua. Del Presidente Macri para abajo, todos quieren achicar al máximo el gasto en subsidios a las tarifas. Pero el mal humor que generaron los últimos aumentos tal vez lleven -es una posibilidad- a atenuar los futuros ajustes.
Guillermo Dietrich: el gasto en obra pública financiado con el presupuesto nacional caerá sensiblemente. Tiene para compensar los anuncios de obras que se financiarán mediante el sistema PPP. Pero no es todo. Debe definir con Dujovne si mantiene el ritmo de aumento de las tarifas de servicio público, hoy la principal fuente de subsidios.
Luis Etchevehere: Al frente de agroindustria debe atajar los señalamientos, incluso dentro del Gobierno, de que el campo no está respondiendo como se esperaba con la liquidación de dólares, algo que en el sector rechazan de plano. Para compensar, deberá esforzarse en ampliar las negociaciones multilaterales para abrir mercados internacionales a la producción local.
Francisco Cabrera. Enfocado en las mejoras productivas y la “revolución macroeconómica”, deslizó el viernes una iniciativa que puede traer cortocircuitos internos. Quiere relanzar los créditos a tasa subsidiada para pymes y empresas, una movida que ya cuenta con el rechazo público del Banco Central. Es incierto hacia qué lado laudará Dujovne.
Andrés Ibarra: El ministro de Modernización está enfocado en la reducción del empleo público. Habrá que ver qué margen de maniobra le queda con la conflictividad social en aumento.
Gustavo Santos: El ministro de Turismo tiene sobre sí el desafío que planteó el presidente Macri, que quiere que este sector se convierta en un pilar del crecimiento del empleo en las economías regionales.
