La plaza de los Dos Congresos tiene un aspecto triste. Veredas destrozadas y basura desparramada por doquier coronan el escenario de un día después sombrío. “Es una lástima lo que hicieron acá”, se lamentaba una mujer mientras paseaba a sus perros.
Hace alrededor de tres meses que la icónica plaza había recuperado su esplendor, pero hoy otro es su aspecto. Hay bancos de concreto que fueron dañados, como si hubiesen sido construidos originalmente de cartón. Algunos, sólo conservan la estructura metálica que sirve y de base. Un caño de agua no deja de regar la zona sin sentido. Se ven escombros y palos por todos lados. Las cuadrillas de limpieza de la Ciudad intentan poner orden desde temprano, pero los restos de elementos contundentes están dispersos en toda la zona.

“¿Aprenderemos algún día?”, se preguntaba un vecino cuando observaba azorado los restos de piedra acumulados en un rincón.

Del lado de Yrigoyen varios locales tienen sus vidrieras rotas. Es producto del paso de la violencia. Ni las maderas que tapiaban a algunos de los locales pudieron contener la desidia. En la esquina de esa calle al 1700 los manifestantes habrían ingresado por la fuerza a una sede de una compañía de seguros.
Las señalizaciones viales no fueron ajenas a los desmanes. Un par de los tradicionales carteles verdes de publicidad fueron doblados.
Apenas unas horas después los alrededores del Parlamento intentan volver a la normalidad. No hubo gente congregada al momento de la aprobación por lo que las vallas fueron levantadas y los vehículos ya pueden circular por las cercanías del Congreso.




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