Radiografía de la avícola que, tras su quiebra en 2015, es manejada por Proteinsa S.A
Era el principio del fin. Milenko Rasic, dueño entonces de Cresta Roja, veía cómo los empleados de la empresa se abalanzaban sobre su auto. Querían explicaciones. No sólo habían dejado de cobrar sus sueldos, sino que el rescate financiero prometido por el gobierno provincial, durante el mandato de Daniel Scioli, no se completaba. La plata no alcanzaba ni siquiera para alimentar a los pollos. Parecía que no había solución ni margen para afrontar el pasivo de más de 2000 mil millones de pesos.
La situación era agobiante. Por lo bajo, los propietarios de la segunda avícola más importante del país, que entonces controlaba 13% del mercado interno, culpaban al ex secretario de Comercio Guillermo. En reuniones privadas aseguraba que por la política de precios máximos, había perdido mucho. Y daba números: 63 millones de dólares. El gobierno de entonces se comprometía a dar compensaciones para que no subieran los precios, pero algunas no llegaron. Mientras recibían los subsidios y tenía el negocio con Venezuela, todo funcionó. Pero cuando se cayó, los problemas se acentuaron.
La quiebra, decretada por la jueza Valeria Pérez Casado el 22 de diciembre de 2015, fue un capítulo que parecía escrito de antemano. Para evitar el cierre, y no despedir a sus más de 3000 empleados, se otorgó provisionalmente por un mes la explotación al consorcio de empresas Proteinsa S.A (compuesta por las empresas Ovoprot, Tanacorsa y Grupo Lacau).
Para poner en marcha a Cresta Roja, la compañía invirtió entonces, según fuentes del sector, 1100 millones de pesos. El plazo se terminó extendiendo hasta octubre de 2016 cuando completó su adquisición por 120 millones de dólares, al imponérsele a Avícola Del Plata, comanda por Granja Tres Arroyos.
Tomada como símbolo de recuperación económica por el propio presidente Mauricio Macri, hoy atraviesa nuevamente una dura realidad. Tras tomar la decisión de despedir a 51 empleados, a los que acusa de “desafiar la autoridad” y “generar situaciones de violencia física sobre personal jerárquico, trabajadores y bienes de la empresa”, las protestas se agravaron. Y volvieron otra vez los cortes sobre la autopista Ricchieri, que traen a la memoria las tristes imágenes de hace un año y medio, cuando el derrumbe de la empresa parecía inevitable.
“Hoy hay 51 personas que no quisieron respetar a los delegados elegidos por el voto de los trabajadores dentro del Sindicato de la Alimentación, prohibiendo de hecho su entrada a trabajar y han agredido a personal jerárquico verbal y físicamente en reiteradas oportunidades”, alegaron desde la compañía.
Un antiguo delegado gremial, que pidió mantener en reserva su identidad, indicó que el jueves radicó una denuncia en la comisaría por golpes y amenazas. “Hace un mes y medio que no piso la planta porque la última vez me mataron a piñas”, dijo.
Cresta Roja genera al día de hoy de 2350 puestos de trabajo directo, lo que representa 70% de los empleados que tenía la ex Rasic Hermanos S.A. “Los trabajadores que no fueron incorporados aceptaron las indemnizaciones correspondientes. Pero esto es un problema puntal con este grupo que es anárquico”, señalan desde la empresa.
La versión que dan los trabajadores desplazados es que fueron apartados injustamente y en pos de generar una “flexibilización laboral”. Votaron nuevos delegados “de hecho” porque no se sentían representados.
Situación económica
A las protestas se le suman factores externos que no ayudan a su consolidación económica. La retracción del consumo interno es la principal causa, pero también un suerte esquiva: hace dos semanas se incendió la planta de incubación La Aurora, ubicada en San Miguel del Monte, que destruyó 4,6 millones de huevos fértiles y 54 plantas incubadoras, lo que le generó un costo adicional, según pudo saber LA NACION, de $ 100 millones.
A esta situación se le suma que la producción está frenada desde el jueves pasado, lo que implica un costo de 10 millones de pesos diarios.
La empresa, según datos a los que accedió este medio, faena diariamente 200.000 pollos, 50% menos que su mejores momentos, cuando alcanzaron el punto máximo con sus antiguos dueños los Rasic antes de la quiebra. La facturación anual que tiene la compañía asciende a 3500 millones de pesos, y la erogación por sueldos es de $70 millones mensuales.
El mercado avícola es pendular. Si algo lo caracteriza es la velocidad con la que puede crecer y recuperarse, pero también caer.
fuente lanacion

