Durante la GESTA DE MALVINAS, el domingo 1ro de Mayo de 1982, Día del Trabajador, se produce después de 28 días de tensa espera y ardua preparación de las posiciones defensivas, el esperado pero no deseado inicio de las hostilidades. Por el Coronel Veterano de Guerra de Malvinas Héctor Gustavo Pugliese.
Es decir, el BAUTISMO DE FUEGO para los combatientes de las Fuerzas Armadas
y de Seguridad Argentinas que se encontraban desplegadas en Puerto Argentino y Prado
del Ganso. Aquí me incluyo. Ese día pero un poco más tarde se produce el Bautizo de
nuestra joven, temeraria y gloriosa Fuerza Aérea Argentina.
A las 4.40 hs, aún de noche cerrada, faltando tres horas para el amanecer, estallan las
primeras bombas en proximidades del extremo Este de la pista de la terminal aérea, entre
la colina María y la bahía Yorke en la península de Freycinet donde estaba el aeropuerto.
A escasos cincuenta metros de allí nos encontrábamos cubriendo la vigilia nocturna en el
puesto de comando del Regimiento 25 de Infantería, el Teniente Coronel Mohamed
Seineldín, el Capitán Fernando Isturiz y yo (con el grado de Capitán). Cercano a
nosotros, el puesto de comando del Comodoro Destri, Jefe de la Base Aérea Militar
Malvinas.
El almirante inglés Sandy Woodwar (comandante británico de las operaciones) en su
libro “Los Cien Días” dice: “Nuestros planes eran bastante simples. Daríamos un fuerte
golpe en el aeropuerto de Puerto Stanley, con un ataque de los Vulcan desde Ascensión,
y luego, al amanecer, usaríamos los Sea Harrier otra vez contra el aeropuerto, al mismo
tiempo que atacaríamos la pista de aterrizaje del Prado del Ganso” “Esperaba yo obligar a
su Fuerza Aérea a entrar en acción”.
La operación del bombardero Avro Vulcan B 2 fue ejecutada con el nombre clave de
“Black Buck” (traducido: Chivo Negro). Para llevarla a cabo se necesitaban diez
reabastecimientos aéreos a proveer por los aviones tanque Víctor y navegar doce mil
setecientos kilómetros (8.000 millas) ida y vuelta, de la isla Ascensión a las Malvinas. El
jefe de la misión era el Teniente piloto Martin Withers, del Escuadrón 101 de la Real
Fuerza Aérea, RAF. El Bombardero traía 21 bombas de 500 kg.
Woodward dice: “Llegó a la zona del aeropuerto en la más absoluta oscuridad a 400
millas por hora, a tres mil metros de altura, en dirección sudeste, procedimiento
elemental de bombardeo en los libros de texto de la RAF. Las 21 bombas fueron
distribuidas cada cincuenta metros y lanzadas cada 5 segundos, dos millas antes de la
pista, para compensar el efecto de avance del avión”. Regresando a la base Wideawake
de Estados Unidos en la isla Ascensión.
“Señores, se inició la guerra”, nos dijo el Teniente Coronel Seineldín, y pasamos a las
posiciones de apresto. Las cosas que pasaban por mi cabeza no eran del todo agradables,
los hombres de armas conocemos más que nadie el flagelo de la guerra, el peor de los
jinetes del Apocalipsis, y pese al profesionalismo y a la educación e instrucción recibida,
en lo más profundo del corazón uno esperaba un acuerdo de Paz, las tres Banderas, una
mediación, etc. El recuerdo y la evocación de mi familia, mi esposa e hijas, de 5 años y
tres meses, estaban presentes. Entonces el cerebro quitó al corazón y empecé a trabajar y
pensar como un profesional, capacitado para estas situaciones extremas. La batalla acaba
de comenzar, el enemigo era real y efectivo. El regimiento gracias a Dios estaba sin
novedad, la única baja había sido un soldado de la Fuerza Aérea, Guillermo García.
Además nuestras posiciones defensivas, trincheras, pozos de zorro, observatorios,
puestos de comando, etc, fueron hechos con gran esfuerzo y profesionalismo técnico, y
controlados permanentemente por los superiores de cada fracción, incluido diariamente el
Jefe del Regimiento.
Al amanecer pudimos comprobar los efectos del bombardeo, había un cráter a un
costado de la pista, casi al comienzo de ella y otros doce aproximadamente a ambos
lados, las 21 bombas no habían explotado, los cráteres en la turba tenían cerca de 7
metros de profundidad y 20 de diámetro. Un verdadero Milagro la única desafortunada
baja que teníamos que lamentar. La pista continuó utilizable durante todo el conflicto,
todas las noches, hasta el 13 de junio, arribaron los aviones de transporte Hércules C 130
desde el continente y operaron los aviones de combate Pucará y Aero Macchi.
“El sol comenzaba a salir -dice Woodward- eran las 8.00 en la isla Soledad, el
Capitán de Corbeta Tony Ogilvie con 4 Harrier iniciaba el bombardeo de las posiciones
de defensa aérea en las colinas Mary y Canopus (posición ocupada por la fracción del
Capitán Hernán Garay, a 150 metros de mi puesto de combate); el grupo de 5
bombarderos del Capitán de Corbeta Andy Auld atacó el aeropuerto dejando caer las
temibles bombas de 300 kg sobre aviones en tierra y hangares” … “los otros tres Harrier,
del portaaviones Hermes, atacaron la pista de aterrizaje de Prado del Ganso” … “Los 6
GR-3 Harrier del Portaviones Invincible protegían la flota”.
A las 8.00 hs recibíamos la alarma de alerta roja y ocupamos nuevamente las
posiciones de combate. Ahora eran los caza bombarderos FSR-1 Sea Harrier, quienes nos
atacaban. A estos los veíamos arriba de nuestras cabezas, descargar su carga mortal. Eran
las 8.20 aproximadamente. Además de las bombas convencionales MK-17 de 300 kg,
nos tiraron con bombas “belugas” BL-755 de 450 kg, que esparcen 150 granadas
fragmentarias que explotan o quedan como minas cazabobos. También vimos caer
derribado por un misil Roland a uno de ellos y a otro por las baterías de artillería de
defensa aérea. El Regimiento seguía sin novedad, la Virgen, ante el rezo del Rosario, nos
seguía protegiendo.
Mientras controlábamos las posiciones defensivas y contactábamos en forma
personal a los oficiales, suboficiales y soldados del Regimiento, aproximadamente a las
14.20 hs aparece una nueva amenaza que pronto se transforma en real al iniciarse un
fuego de artillería naval desde tres barcos que navegaban al sur de nuestra posición. Otra
vez éramos el blanco. Una nueva experiencia comenzaba. Casi un mes duraron los
bombardeos aéreos y navales.
El almirante Woodward comenta en su libro, “Mientas ocurría todo esto, habíamos
enviado el Glamorgan, el Arrow y el Alacrity a bombardear el aeropuerto de Stanley
desde el mar” … “y al Brilliant y al Yarmouth para llevar a cabo una ofensiva
antisubmarina, por las dudas.”
Los destructores y fragatas tenían misiones claras, sobre nuestras posiciones y la
pista, con cañoneo naval reglado desde helicópteros.
Con lo que me quedaba de alegría y con espíritu folclórico provinciano le puse
nombre a los diferentes ataques, así el Vulcan fue “el lechero” por ser el que llega más
temprano, los Harrier, “el panadero”, y los barcos, “el carnicero”, por la cadencia de
disparo. Y así quedaron.
El bautismo de la Fuerza Aérea Argentina se produjo, primero, en el intento de
detener el asalto aéreo enemigo y luego, para contener el ataque naval Británico. Para
cada uno de ellos se emplearon distintos tipos de aviones y configuraciones. Ambos
fueron exitosos, interrumpieron la ofensiva aérea y detuvieron el cañoneo naval,
causándole daños a los buques y haciéndolos retirar de la zona de tiro.
El Comodoro Veterano de Guerra Rubén Moro, en su excelente libro, “La Guerra
Inaudita”, dice “…afrontar la grave responsabilidad que se tornaba realidad, la de
enfrentar a un enemigo totalmente superior en tecnología y medios, y para colmo en un
teatro (naval) que no era habitual para los pilotos Argentinos”. “Como atacar a un
moderno buque misilístico” … “primero vinieron los Mirage M-III de Río Gallegos, a
las 6.40 hs, luego los Dagger M-V de Río Grande, a las 7.45 hs para atacar a los Harrier.”
… “luego los Douglas A-4B y A-4C Skyhawk, los Canberra MK-62 armados con
bombas y cañones para atacar objetivos navales” … “escoltados por patrullas de Mirage
y Dagger”
En estos combates prevaleció el factor humano, es decir el Piloto sobre las máquinas,
el Valor a veces temerario sobre la tecnología, el honor sobre los modernos sistemas de
armas. El arrojo y la audacia son reconocidos internacionalmente por los expertos.
Sintetizo con algunas opiniones del enemigo. John Nott, ministro de defensa
británico: “Los pilotos Argentinos están demostrando una enorme bravura”. Almirante
Woodward: “Los pilotos Argentinos fueron muy valientes. Me dieron muchos dolores de
cabeza, pero igual los admiro”. General Jeremy Moore, comandante terrestre inglés: “El
cuerpo de oficiales y muchos de sus técnicos fueron sumamente capaces, particularmente
en el caso de la Fuerza Aérea Argentina”.
Este, nuestro BAUTISMO DE FUEGO, constituye un legado a la historia de las
armas de la Patria, asume y ocupa un lugar importante entre nuestras gestas heróicas
junto a Suipacha, Maipú, Ituzaingó, Curupaytí y tantas otras.
El pueblo de la Nación Argentina así lo siente y lo manifiesta permanentemente,
honrando a sus Veteranos de Guerra en toda oportunidad.

