Vera es recibido por Francisco muy seguido en Roma y este funciona como amigo-vocero en Buenos Aires. Esta condición le sirvió para recibir y ocultar información. Por otro lado Total News puede confirmar que Vera, también recibió información en su correo, sobre corrupción del gobierno porteño en la compra de tachos de basura.TNA-Foto Vera saliendo de la Secretaria de Inteligencia.
Una oscura trama que incluye maniobras de inteligencia interna, la recopilación de pruebas en contra de la familia Kirchner en Santa Cruz para una denuncia que nunca presentó, a un veterano de la guerra de Malvinas que sirvió de intermediario entre él y los denunciantes, aprietes y mentiras que sólo contribuyeron a encubrir se esconde detrás de Gustavo Vera. El legislador “amigo” del Papa Francisco.
En Santa Cruz muchos ciudadanos comprometidos, y que realizan tareas sociales, juntaron pruebas sobre prostitución, trata de personas, complicidad policial y política, tráfico de drogas, ventas de tierras a precio vil, cuentas de Néstor Kirchner en el exterior. Pero en aquella lejana provincia desde hace años que es imposible presentar denuncias contra el gobierno provincial o la ex familia presidencial.
Cooptados por el kirchnerismo, los juzgados cajonean las denuncias o directamente echan a las personas –bajo amenaza– que intentan radicarlas.
Ante esto, un grupo de ciudadanos –católicos– en el año 2014, y ante la representación arrogada por parte de Gustavo Vera, legislador porteño y titular de la ONG La Alameda, fueron contactados por un intermediario, Oscar Doria Fernández, veterano de la guerra de Malvinas, que se había reunido con el Papa Francisco. La idea era que les entregaran las pruebas de los delitos que descubrían y que Vera hiciera las denuncias.
Al ser consultados por Adelanto 24 sobre la razón que los llevó a confiar en él, la respuesta fue simple: “Cómo pensar que iba a mentirnos si es amigo del Papa”.
A través de correos electrónicos aportados por los denunciantes, este portal pudo reconstruir la historia. En ellos encontramos el camino de captación de la atención primero, el convencimiento a los denunciantes para entregar las pruebas después –haciendo uso de la figura del Papa– y, finalmente, la puesta en marcha de maniobras de espionaje interno, con seguimientos y aprietes, para hacerse de la información y luego terminar el contacto.
La identidad de nuestras fuentes es preservada, porque aún hoy le temen al hombre que se declara emisario del Papa, sin que el Vaticano jamás lo desmienta o confirme oficialmente.
Gustavo Vera, como es de público conocimiento, empezó usurpando un local de una pizzería en Floresta. Allí montó un comedor insalubre, disfrazado de cooperativa, sin ninguna habilitación. En 2007 consiguió su expropiación.
Luego, pese a tener uno, se dedicó a denunciar la existencia de talleres clandestino y cualquier otra cosa que le resultara conveniente a sus amigos de la ex SIDE. Entre ellos, Fernando Pocino, ex director de Reunión Interior y enemigo público número uno de otro ex agente: Antonio “Jaime” Stiuso. Tras su salida de “La Casa”, Pocino se dedicó al negocio de la consultoría junto al ex jefe del Ejército, César Milani.
Como antecedente de vínculos de Vera con el kirchnerismo puede señalarse su relación con Guillermo Moreno. Es dable recordar que la mujer del ex secretario de Comercio fue directora de Caritas Internacional y tiene un estrecho vínculo con Jorge Bergoglio. Otro con el que el titular de La Alameda tiene una estrecha relación es el ex embajador argentino en el Vaticano, Eduardo Valdés.
El dueño de una famosa marca de ropa –Stone– denunció la amistad de Vera con Moreno en un programa de radio. No porque le cayera mal la relación, sino porque juntos le habrían pedido una coima de 2 dólares por cada una de las camisas que importaba a 10. El empresario no accedió, lo cual derivó en un allanamiento en los talleres de la firma para “ablandarlo”.
Volviendo al caso de los denunciantes patagónicos, una vez contactados por Oscar Doria Fernández desde Islas Canarias, donde el veterano de guerra tiene una empresa de buceo, fueron puestos en conocimiento de Gustavo Vera. Una serie de intercambio de mails entre Vera, Doria Fernández y los denunciantes, muestran una verdadera maniobra de inteligencia, dirigida por alguien que estaba por encima del “amigo” del Papa.
En los mails, Doria Fernández se refiere a él como Carlitos Bala y señala que la información que está recabando es para asestar un golpe a los K con una denuncia, que luego nunca hizo. Ambos, se refieren “al jefe de Roma” que sería nada menos que el ex arzobispo Bergoglio. Con ese argumento, convencen a los testigos santacruceños de entregar la información, preparando para ellos un viaje desde Rio Gallegos a la Ciudad de Buenos Aires, donde tendrían un encuentro con el titular de la Alameda.
El empresario de buceo cuenta además que preparan la candidatura de Vera a jefe de gobierno porteño para las elecciones de 2015, por el partido Bien Común, con auxilio económico de Roma, desde donde se habrían mandado hacer encuestas para conocer cómo medía el futuro candidato. Doria Fernández sería, en caso de ganar Vera, nombrado por el Papa, embajador de Paz del Vaticano en Canarias. Pero resultó no medir nada.
Lo grave es que hablan abiertamente de que el dinero para sostener el partido Bien Común, con personería jurídica desde 2013, provenía de Roma.
El viaje para la entrega de información que comprometía a los Kirchner se concretó en julio de 2014, siguiendo expresas instrucciones de los devenidos en espías, como usar un celular que no fuera el que usaban siempre –para eso proveyeron la compra de nuevos chips– o salir camuflados de Río Gallegos. Todo como una manera, además, de infundir miedo en los denunciantes.
También debían hacer dos copias en distintos pendrive de toda la documentación y llevarla en mano, señalándoles que no hicieran fotocopia de la misma en ningún lugar de Buenos Aires porque estaban siendo vigilados.
Una vez en Buenos Aires, permanecieron tres días en un hotel donde eran custodiados. Los iba a buscar un chofer que sería de la Legislatura porteña, o eso dijo Vera para demostrar poder. Nunca los dejaron solos y recibieron órdenes de no moverse si ellos no lo indicaban.

La primera reunión fue en una oficina donde había al menos seis personas. Una actuaba como el jefe de todos, incluso de Gustavo Vera. Uno de los denunciantes cree reconocer por fotografías que le mostraron después que podía tratarse de Fernando Pocino (foto). El personaje en cuestión se encontraba callado, pero trataba a quien actuaba como su subordinado –Vera– de manera muy despectiva.
Lo que más les intereso a este misterioso hombre fueron aquellos temas vinculados al gobierno nacional, como detalles sobre la construcción de una zona de aduana libre en la que estaba involucrada la empresa London Suplay y la existencia de pistas clandestinas, donde aterrizaban jets privados con quién sabe qué mercancía a bordo.
El segundo encuentro con la gente de la Patagonia se realizó en la oficina de Vera en la Legislatura porteña, que –según relatan– estaba llena de fotografías de él con Bergoglio y de él con el ya Papa luego de 2013. También se podían observar estampitas, rosarios, denarios, todos con la leyenda del Vaticano, marchandasing que el legislador tenía para entregar sólo a quienes le caían bien, según él mismo contó a los informantes.
En esa oficina estuvieron dos días, pasando información de los pendrive que llevaban a unas notebooks provistas por la gente de la Alameda, y explicando de qué se trataba, mientras su titular entraba y salía sudoroso del recinto.
Cuando todo terminó, fueron advertidos de no contar lo sucedido a nadie, que ellos se encargarían de proceder a las denuncias sobre tráfico de drogas, trata, prostitución, corrupción, irregularidades en los pasos fronterizos de Santa Cruz. Aunque, debían chequear toda la información y comprobar si los denunciantes estaban “limpios” porque, según palabras de Vera, no quería quedar pegado en nada ni con nadie. El “jefe de Roma” era muy riguroso con los que proveían información.
Hoy, después de más de dos años de aquel episodio, los testigos santacruceños se sienten estafados. Sus denuncias nunca fueron elevadas y están convencidos de que Gustavo Vera neutralizaba denunciantes del kirchnerismo para cajonear esas denuncias y así protegerlos. A la luz de su intención de formar un frente electoral con el FpV, la idea cobra fuerza. El titular de la Alameda, impostó una actitud de denunciador serial de los delitos del kirchnerismo, cuando en realidad no concretaba nada y sólo los encubría junto a sus amigos de la ex SIDE K.
El último contacto que creen haber tenido con esta gente, fue un hecho extraño que ocurrió luego de insistir con el material que entregaron para las denuncias. Un helicóptero del Ejército se posó a muy baja altura sobre la casa de uno de los denunciantes, ellos creen a manera de apriete. Luego sobrevino el silencio.
con información de adelanto24

