Las protestas de los taxistas contra Uber tuvieron esta semana una de las escaladas más violentas. En una de las manifestaciones al pie del Obelisco, decenas de choferes rodearon con sus vehículos a un conductor, no lo dejaron circular y tanto él como su pasajera fueron asistidos por la Policía para poder salir. Pero este episodio ahora tiene un giro inesperado: el conductor asegura que no es chofer de la aplicación.
“No soy chofer de Uber y nunca lo usé”, dice Héctor, un empleado de 54 años que trabaja como empleado, aunque no quiere decir dónde. Después algo dirá. “Nunca me había pasado algo así en Buenos Aires. Soy un damnificado, no soy un delincuente”, aseguró en diálogo telefónico con Infobae quien prefirió resguardar su apellido por seguridad.
Del otro lado de la línea, Héctor habla rápido: le tiembla la voz. Cuenta que es peruano nacionalizado argentino, que llegó al país hace 30 años y que, “por suerte”, ayer no lo agredieron físicamente, pero el Volkswagen Suran que manejaba (y está a nombre de su hijo) no tuvo el mismo destino. “Lo rayaron todo y le rompieron la tapa del combustible”, detalla.
–Los taxistas que lo rodearon, ¿le dijeron algo?
–Ellos decían que la vieron a mi amiga con un teléfono. Todo el mundo tiene un teléfono en la calle. También le pedían a los de la Ciudad que me pusieran una multa, pero la gente de la Ciudad no encontró ningún delito para ponerme una infracción. En ningún momento me sacaron el auto.
–¿Usted es chofer de Uber?
–No soy chofer y nunca usé la aplicación. Si ven lo que le hicieron al auto, no es de una persona normal. Los taxistas tienen que ponerse un espejo y ver la delincuencia que tienen.
–¿Qué estaba haciendo ayer en el centro porteño?
–Fui a buscar a una amiga mexicana, que se estaba alojando en un hotel. Yo trabajo con la congregación Legionarios de Cristo, que son mexicanos, y fui a buscar a mi amiga porque íbamos a almorzar en casa con mi señora. Venía por (la Avenida) Corrientes, y me cerraron el paso en Libertad. Ahí me llevaron donde estaba toda esa gente.
–¿Y luego qué pasó?
–Me empezaron a golpear el auto, me pedían que mostrara el celular. Yo no lo suelto porque es una cosa privada. Por suerte estaba uno de los gendarmes, vino la Policía y la gente de la Ciudad de Buenos Aires. A la Policía sí le mostré el celular, con una orden del juzgado.
Luego del episodio, Héctor fue a declarar a la Comisaría 3, sobre la calle Tucumán al 1500. “El auto lo tengo conmigo porque no hice nada malo, pero ahí radiqué una denuncia por privación ilegítima de la libertad y por daños y perjuicios contra el sindicato de taxistas”, detalla.
La respuesta de Uber
La empresa expresó en un comunicado oficial su posición contra la protesta de taxistas. “Lo último que Buenos Aires necesita es violencia contra quienes buscan ofrecer un servicio de transporte seguro, confiable y legal”, se defienden. Y agregan: “Como siempre, apoyamos a nuestros socios en todo lo que sea necesario”.
Los sindicatos de taxistas reclaman que el servicio es ilegal y sigue funcionando a pesar de distintas instancias judiciales que prohibieron sus operaciones. Además, sostienen que la app que conecta pasajeros y choferes privados genera “competencia desleal”.
fuente infobae