El método podría ser descripto como “burocracia en defensa propia”.
Quienes lo utilizaron lo hicieron con la aceptación de la ex Presidenta Cristina Elisabet Fernández, o incluso por órdenes dictadas directamente por ella misma. Al fin y al cabo, al final de su gestión también intentó ampararse en reglamentaciones y nuevas instrumentaciones gubernamentales que pensaba que la podrían beneficiar en caso de que la Justicia, como pasaba y pasa, la empezara a comprometer con pruebas firmes en expedientes por delitos de corrupción.
El poder, ahora, lo ejercen otros.
Una de las primeras víctimas de esta nueva dinámica, que recién empieza, es Amado Boudou.
Los documentos de inscripción de la empresa The Old Fund fueron ocultados por autoridades políticas K al menos desde mediados del 2012.
En esa época la Justicia avanzaba sobre pistas sólidas que indicaban que el entonces vicepresidente, a través de testaferros, había usado esa compañía para adueñarse de la imprenta de dinero Ciccone Calcográfica.
En teoría, el extravío del expediente de The Old Fund perjudicaba a Boudou si es que era cierto, como él decía, que era inocente de las acusaciones en su contra.
Pero el ex vicepresidente no actuó en ese sentido: utilizó diferentes recursos públicos, obtenidos gracias a su cargo, para presionar a jueces, fiscales, empresarios, testigos y periodistas que podrían complicarlo en las causas por corrupción que lo empezaban a tener como principal imputado.
El legajo de The Old Fund que reapareció el martes pasado en la IGJ, manejada ahora por Sergio Grodsky, muestra que The Old Find era una sociedad absolutamente trucha.
Y además, y sobre todo, los nuevos documentos develan que la empresa recibió al menos un aporte millonario, en efectivo, que podría ayudar a indagar a la Justicia en la ruta del dinero que se usó para financiar la aventura gráfica de Boudou y sus amigos, como el ex director de The Old Fund, Alejandro Paul Vandenbroele, o quien fue por poco tiempo su subdirector, el ex dueño de una panchería en Mar del Plata llamado Sergio Martínez.
La firma The Old Fund, se sabe con mayor elementos que antes, compró la única imprenta privada del país capaz de confeccionar billetes, acciones, títulos universitarios o cheques. La ex Ciccone Calcográfica era una compañía única y hasta estratégica.
La sociedad The Old Fund era manejada, según consta en el legajo completo de la IGJ, por otras sociedades con accionistas desconocidos; o que directamente figuraban allí como “prestanombres”. Todo irregular.
La firma fue controlada un tiempo, por ejemplo, por otra empresa radicada en el extranjero llamada Tierras International Investments VC. Su apoderado, en realidad, era un jubilado argentina, muy activo pero sin ningún vínculo con la ex Ciccone. Se apellida Schneider, su apodo es “Piluso”: terminó por admitir en público que había cobrado poco dinero para poner su firma en papeles que nunca supo bien qué eran. Otra sociedad accionista de The Old Fund era Dusbel, también de origen extranjero.
Según un acta de directorio de The Old Fund, que consta en el legajo encontrado por el ministerio de Justicia de Germán Garavano, se especifica que quienes firman como accionistas en ese documento oficial tienen “firmas ilegibles”.
En otra foja, se detalla que el 29 de octubre del 2010, la asamblea de accionistas con rúbricas indescifrables dispuso una “prima de emisión” por 2.408.370 pesos que “fue integrada en dinero en efectivo mediante transferencia” a una “cuenta corriente bancaria del Banco Macro”, y se acompaña también su número de identificación.
Esa prueba, tal vez, sirva para conocer quién pagó tanto dinero para que funcione The Old Fund como controlante de la ex Ciccone Calcográfica.
En agosto del 2012, el Congreso estatizó la imprenta en lo que fue un trámite de expropiación único en la historia argentina: los accionistas mayoritarias de esa compañía gráfica sensacional jamás aparecieron, ninguno, no quisieron reclamar ni un peso, así como si fueran, en realidad, culpables de haber cometido una infinidad de delitos. Anónimos accionistas. Lo dice el legajo de The Old Fund: tenían “firmas ilegibles”. Aun así la Casa Rosada K los contrató para fabricar dinero.
Amado Boudou irá a juicio oral porque la Justicia considera que era él uno de los dueños de The Old Fund. Su firma, en los billetes que fabricó la ex Ciccone, se lee bien. Está en el reverso, al lado de una imagen de Julio Argentino Roca.
fuente clarin