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Del viento de cola a la tormenta perfecta

Redacción TN by Redacción TN
15 abril, 2016
in Adalberto Agozino
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EL VIENTO DE COLA
Durante la mayor parte de los doce años (2003 – 2015) en que el kirchnerismo condujo los destinos del país, disfrutó de condiciones muy favorables en la economía internacional. Era el llamado “viento de cola” que impulsaba a la economía argentina.
 
En esos años, los altos precios de las materias primas favorecieron la expansión de las economías latinoamericanas.
 
Lamentablemente, los gobiernos kirchneristas no fueron capaces de aprovechar debidamente esa prosperidad para desendeudar al país, impulsar el desarrollo industrial y tecnológico, mejorar la infraestructura y rescatar de la pobreza al sector de la población que fue duramente golpeado por la crisis económica del año 2001.
 
Pese a todo lo declamado, el llamado modelo de crecimiento con inclusión y matriz diversificada que aplicó el kirchnerismo demostró ser solo un heterodoxo coctel de consumo voraz, subsidios desbocados, irrisorias tarifas para los servicios públicos, descarado clientelismo político y aumento desmedido del empleo público.
 
Todo ello condimentado con retenciones a los sectores realmente productivos, precios máximos, cepo a la venta de divisas, restricciones a las importaciones y corrupción gubernamental en niveles sin precedentes en la historia argentina.
 
Ese burdo desaguisado económico y político fue la causa principal que propicio la derrota del Frente para la Victoria en los comicios presidenciales de 2015. Una verdadera oportunidad perdida para el país.
 
EL MODELO DESARROLLISTA
El actual gobierno del Frente Cambiemos, encabezado por el ingeniero Mauricio Macri, ha insistido en autodenominarse como “desarrollista”. Es decir, como partidario de las mismas políticas que, a fines de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, aplicó el entonces presidente Arturo Frondizi.
 
Traducido a la Argentina del siglo XXI, hablar de aplicar una política desarrollista implica priorizar la reconstrucción económica del país poniendo el acento en el sinceramiento de las principales variables económicas, reinsertar a la Argentina en el contexto mundial y atender las urgencias de una infraestructura muy deteriorada que atenta contra la recuperación económica del país.
 
Implica también que ciertos sectores no serán prioritarios, al menos en una primera etapa. Entre los sectores postergados en el inicio se encuentran: la educación y la salud pública, la seguridad y todo lo vinculado con la defensa nacional. En esto campos se atenderán solo las urgencias y no cabe esperar grandes transformaciones.
 
LA TORMENTA PERFECTA 
Uno de los mayores inconvenientes que enfrenta este planteo estratégico reside en las adversas condiciones que la economía mundial y regional enfrentará al menos en los próximos tres años.
 
Según estimaciones del FMI, en 2016, la economía global crecerá tan sólo un 3,27, su peor marca desde el año 2009.
 
Mientras que la economía de EE. UU. podría crecer hasta un promisorio 2,5% y la de la eurozona un 1,6%, la economía latinoamericana sufrirá este año una contracción del 0,5% del PBI.
 
América latina está sufriendo en este nuevo ciclo de bajo crecimiento mucho más que el conjunto de las economías emergentes, para las que se proyecta un incremento del 4,1%.
 
Los malos indicadores de América Latina están influidos directamente por la recesión de Brasil -cuyo PBI se contraerá este año en 3,8%. Brasil no solo es la mayor economía del subcontinente, cuya caída impacta en toda la región es también el principal socio comercial de Argentina.
 
El problema puede agravarse según se resuelva la destitución parlamentaria (impeachment) o no de la presidenta Dilma Rousseff y el relevo del Partido de los Trabajadores por el Partido do Movimento Democrático de Brasil en el gobierno carioca.
 
El gobierno de Macri debe tomar muy en consideración estos datos. Si la economía crece menos en forma persistente, lleva a una disminución de las inversiones y hace que la actividad económica no sea suficiente para mantener los niveles de empleo ni para mejorar los salarios lo que genera inevitablemente tensiones sociales y políticas.
 
LA GOBERNABILIDAD EN RIESGO
El presidente Macri debe comprender que el reloj está corriendo. Aunque grandes sectores de la población son hoy conscientes de la necesidad de realizar sacrificios para reencauzar la economía y retomar la senda del crecimiento, postergada por largo tiempo.
 
La capacidad de estos sectores para afrontar estos sacrificios no es infinita y cada día se ve erosionada por la inflación, la recesión y los niveles crecientes de desocupación.
 
Si no se altera el rumbo económico, llegará un momento en que, al vislumbrar la luz al final del túnel, el apoyo popular mermará hasta desaparecer. En ese instante, la gobernabilidad del país comenzará a ser un serio problema.
 
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