-Hablemos de la inflación. ¿No está más alta de lo que usted esperaba?
-Se va a moderar en el segundo semestre. Nunca pensamos que teniendo que ordenar y sincerar precios iba a suceder.
-¿Cree que la inflación va a terminar el año por abajo del 25 por ciento?
-Sí, yo tengo confianza de que lo vamos a lograr. Igual, lo más importante es que en el segundo semestre se va a reflejar una baja contundente que va a preparar la tendencia de 2017.
-En ese contexo, ¿cómo hace para incluir la suba del gas y del transporte?
-Por eso digo. Todo eso se termina en el primer semestre. Esos reacomodamientos ya no van a estar en el segundo y eso te va a permitir aterrizar.
-¿O sea que el ajuste de gas y de transporte van a ser en este semestre?
-Bueno, eso es lo que han anunciado los ministros. Están terminando los estudios y los cuadros tarifarios. Acá el problema mayor es el deterioro de todos los servicios que tenemos. Sin gas, sin luz, los celulares que andan mal. El deterioro de las rutas. Hay una necesidad de mejora en todos los órdenes. Ha habido un Estado ausente y nosotros nos comprometimos a hacer un Estado del siglo XXI. No queremos que esto quede en un discurso. Que se anuncie una obra y que se termine. Todo eso lo estamos construyendo.
-¿Cuál sería el plan antiinflacionario? ¿En qué basan el optimismo del segundo semestre?
Primero hay que entender que hay cosas que no resisten un debate en el siglo XXI: el principal responsable de que existe la inflación es el Gobierno y el Estado porque gasta más de lo que puede y lo que debe. Hay que ir ajustando el gasto a lo que la gente te paga en impuetsos. Hay que generar inversión para que genere futuro, esa es la ecuación. Y en eso ya estamos marcando una tendencia. En el primer trimestre hemos visto que se redujo la demanda al Banco Central a casi cero.
-¿Esperaba otro acompañamiento de los empresarios, que fueron sus colegas, en cuanto a los precios?
-De algunos sí. Pero tengo claro que acá lo importante es que haya reglas de juego claras y competitivas que los obligue a todos a esforzarse por un mejor producto, que eso significa mejor calidad y que la gente sea la beneficiada.
-¿Mantiene contacto con ellos?
-En los foros, en las reuniones oficiales. Pero queda claro: el acceso a la información, en el cual hemos trabajado para que todos sepan cuánto valen las cosas en cada lugar, y la puesta en funcionamiento de la Secretaría de la Defensa de la Competencia, que garantice que no hay cartelización ni prácticas monopólicas… eso va a curar cualquier tipo de intento de abuso y de ponerse por arriba de la ley. El que intente hacerlo va a tener problemas gravísimos ante la ley porque no va a haber ninguna flexibilidad a la hora de castigar a quienes cometan abusos.
-¿Qué otros aspectos rescata de la gestión?
-Haber empezado a construir el elemento central que va a movilizar la Argentina a crecer, que es la confianza. Establecer un vínculo con la gente donde decimos la verdad. Este era el principal drama en el que habia caído la Argentina. Todo giraba alrededor de una enorme mentira. Hacíamos como que no teníamos inflación, como que no teníamos inseguridad y narcotráfico, hacíamos como que el mundo nos rendía pleitesía y acataba nuestras órdenes. Nada de eso pasaba. Yo vengo hablando con los gobernadores y del trabajo en equipo. Esta es a Argentina, discutiendo las mejores propuestas, las obras más importantes para cada provincia, siempre con la tensión de los recursos que no alcanzan. Venimos de años de pésima administración. Ha habido un incremento del gasto corriente en contra de la inversión, exceso de empleo público… si hay mucha crítica de los gobernadores que han sucedido a los de su mismo espacio. Hemos entrado en un cambio cultural muy positivo para la Argentina, en base a los valores centrales: dialogar, escuchar, trabajar en equipo.
-Hubo promesas en campaña que no se cumplieron. Por ejemplo, dijeron que ningún trabajador iba a pagar el impuesto a las Ganancias…
-Yo dije que los que no pagaban en el 2006 no iban a pagar y con los 30 mil que fijamos estamos más o menos… logramos en mucho lo que habíamos prometido. A todos nos gustaria ir más rápido, pero tampoco sabíamos que se habían ocultado gastos, deudas, en ese mundo de la mentira en el que vivíamos. Todos tenemos que entender lo que nos toca administrar.
-Las paritarias complican la discusión?
-Nos complican la cantidad de problemas que tenemos que administrar. Por suerte tomamos la decisión de salir adelante. Esta es la época de la Argentina. Uno a uno vamos a ir resolviendo cada problema.
¿Los gremios tienen una postura moderada?
-Sí, porque tenemos un buen diálogo y un entendimiento. La carrera a dar es la de la productividad, la de la competitividad. Como decía el general Perón la estrella polar de un país es la productividad. Todos tenemos que estar enganchados. Cada uno tiene que hacer su trabajo de la mejor manera posible con el menor costo posible porque eso beneficia que al de al lado haga lo mismo porque eso significa venderle más al mundo y generar trabajo. Y si hay más trabajo vamos en la línea de pobreza cero. Todo tiene que ir en línea con cuánto trabajo vamos a crear. Política, sindicatos, empresarios, universidades, la ciencia y la tecnología, todo, tenemos que pensar en cómo encontrar trabajo. Tenemos talento, creatividad, recursos humanos, recursos naturales y, además, lo más importante: el mundo dijo “bienvenida la Argentina”. Tenemos una oportunidad única. No vienen de casualidad los líderes más importantes del planeta en tan pocas semanas. Vienen porque quieren apoyar y porque sienten que Argentina tiene mucho para dar.
-Usted habla de crear empleo pero lo que estamos viendo en estos meses es destrucción de empleo. Según los indicadores que empiezan a aparecer se han perdido puestos.
-Dos cosas importantes para destacar. Primero: la Argentina venía de no crecer casi cinco años y de un últmo trimestre con una actividad negativa alta. Igualmente, en esta etapa donde todavía no tenemos un índice creíble y confiable, porque el INDEC está en proceso, lo más verosímil que existe en la AFIP y los datos de los Cuiles que se han dado de alta y de baja. Eso da práticamente chato enero y febrero, sin movimiento, independientemente que ha habido pérdidas de empleo importantes en la construcción por el parate de las obras del año pasado y nuestra llegada hizo que tampoco arranquemos tan rápido. Además está habiendo problemas de recesión de sectores que le venden a Brasil. Brasil está en una crisis económica y política que nos pega en el nivel de actividad. Pero se ve que debe haber otros sectores que lo han compensado. Claramente el empleo es la preocupación. Pero entendamos: 100 días. El avión venía en descenso y lo hemos equilibrado. Ahora hay que remontar vuelo. Son etapas y tiempos que hay que recorrer. Hay sectores que ya arrancaron: ustedes habrán visto en Expoagro. Récord de venta de equipamientos. Las energías renovables van a ser otro empujón… va a haber miles de millones de dólares para hacer energía renovable. Vaca Muerta también.
-¿Hasta qué punto de su gestión lo explica la herencia?
-Pónganse de acuerdo. Muchos me dicen que criticamos poco la herencia, que no explicitamos con contundencia lo que recibimos. Traten de decirme una sola cosa porque si no me mareo. No podemos negar la realidad. 700 por ciento de inflación acumulada durante casi una década, reservas menguadas en el Central, trabas de todo tipo para mover la ec
onomía, aislamiento del mundo. Son cosas que existían. Dije el 5 por ciento en el discurso del 1 de marzo. Se ha desmantelado el Estado para convertirlo en una gran bolsa de clientelismo político.
– Ahora que habla de coherencia. ¿No hay una contradicción entre lo que ustedes decían sobre el contrato de YPF-Chevron y lo que dicen ahora, que se niegan a revelar el contrato?
– Es verdad. Suena incoherente. Pero hubo tanta desinformación de parte del Gobienro kirchnerista, generó tal nivel de prejuicios, que todos pensábamos que existía algo particularmente espinoso. La verdad, viendo la información, lo que existe es un sistema para que Chevron se defendiese de causas que tiene en otras partes del mundo. Además, había información relativa a las prospecciones que ya había hecho Chevron que no pueden ver los competidores porque con lo que ellos invirtieron descubrieron una cantidad de cosas que son un valor. Eso no hacía a la Argentina.
-Pero ese sistema para proteger a Chevron de juicios en otros países, ¿no abría la puerta para protegerlo de hechos de corrupción o de manejos poco claros? Había cuentas a nombre de funcionarios de YPF.
-Eso no lo verificamos. Siempre las cuentas terminan siendo representadas por una persona, pero no encontramos nada. Lo que hay que entender, por otra parte, es que YPF es una empresa privada, con mayoría estatal, que cotiza en la Bolsa de Nueva York, con lo cual tiene que tener esa flexibilidad en el manejo de sus tratativas comerciales con pares. Si no, ninguno va a querer asociarse con YPF. Es importante que YPF acelere el proceso de producción, de explotación y desarrollo energético en el país.
-¿Va a haber cambios en la cúpula de YPF?
-Sí. Se va a hacer una búsqueda internacional. Hay 3 o 4 de nivel internacional, argentinos, en la actividad petrolera.
-¿Por qué se fue Galuccio?
-Se cumplió un ciclo. Había la posibilidad de renovar y el consenso de gobernadores nos lo permitió.
-¿Se va a saber cuánto gana el nuevo CEO?
-Sí, claro.
– En Brasil se inició un proceso judicial muy importante. ¿Habló con Dilma Rousseff? ¿Qué mirada tiene, le preocupa?
-Me preocupa. Desde el afecto, Brasil es un pueblo muy querido para mí y para la mayoría del pueblo argentino. Es nuestro principal socio y claramente este parate económico y la crisis política nos afecta. Pero a la vez tengo que ser muy respetuoso de la política interna de otro país.
-Usted dice que en Argentina hubo un corte entre populismo e institucionalidad. ¿Cree lo mismo de Brasil?
-Acabo de decir que no quiero opinar de eso.
-¿Ese corte puede implicar que funcionarios vayan presos? En la Argentina en general los políticos no van presos…
-Yo espero que aquellos que hayan violado la ley paguen las consecuencias. Yo estoy harto, como la mayoría de los argentinos, de la corrupción. Espero que la Justicia, en tiempo real, defina si hay gente que ha abusado y violado la ley y pague las consecuencias. Insisto: depende de los jueces. Espero que los jueces entiendan que hay una demanda de que se acabe la impunidad.
-¿Podría ser un sello de su Gobierno? El poder político siempre se protegió entre sí.
– Bueno, mi compromiso, es no obstruir y ayudar a que los futuros jueces que se tengan que nombrar sea focalizado en los mejores y no en los amigos del poder. He dado el ejemplo con los dos jueces que designé para la Corte Suprema, a quienes no conozco.
-¿Se podría ampliar el cupo de jueces en la Corte?
– No por el momento.
– ¿Qué quiere decir por el momento?
– Siempre se debate. Puede surgir en el senado. Pero no está en nuestras prioridades.
-Usted habló de los amigos del poder K. ¿Qué tiene para decir de sus amigos Caputo y Angelici, dos personas que son cuestionadas incluso por alguno de sus aliados?
– Son dos personas que quiero, que son amigos. Nicolás es como mi hermano y es un empresario importante, como toda su familia. Por suerte tenemos muchos empresarios como ellos, y que participarán como todos, con las mismas reglas, sin ninguna ventaja. Lo que hay que entender es que el amiguismo deviene de licitaciones poco transparentes. Si vos hacés todo transparente, donde todos compiten, no hay nada de qué preocuparse. Lo mismo hice durante 8 años en la Ciudad. Y Angelici es el presidente de Boca, que tiene una visibilidad absoluta y además una militancia radical. Ha ayudado al crecimiento de PRO. Nos ayuda, pero su prioridad es Boca.
-¿En qué los ayuda?
-Traer militantes y gente capaz para que se sume.
-¿No es operador en la Justicia?
-No creo en los operadores. No estoy dispuesto a llevar y traer. El que lleva y trae… eso no fue bueno para la Argentina.
– ¿Ya puso sus bienes en un fideicomiso, como prometió en campaña?
– Está hecho el borrador y lo tiene la Oficina Anticorrupción. Si nos aprueban la propuesta que hicimos, arranca.
-¿Por qué tiene que dictaminar la OA?
-Para que ellos estén cómodos. Lo mandamos allí para que ellos, que se ocupan de estos temas, nos digan si está bien. No voy a hacer algo para que no cumpla con las expectativas. Esta es la primera vez que se hace. Bastante revolucionario es, ¿no?
-Habiendo tantos hombres de empresas en su Gobierno, ¿va a estimular que hagan algo parecido? Porque, por ejemplo, ya se planteó que hombres como Lopetegui, que es un ex presidente de Lan, en discusiones sobre Aerolíneas, que es su principal competidor, y que sugería planes de ajuste.
– Tengamos buena fe. Lopetegui era presidente de Lan, no dueño de Lan. Ya no tiene nada que ver. Hay cero conflicto. A lo sumo puede aportar su experiencia de conocimiento en el sector, pero no tiene intereses en Lan. Amén de que la autoridad en el tema es Dietrich y Costantini y quien les habla en todo caso. Acá es como complicado. Estamos contentos, creo yo, porque tenemos un equipo de lujo como prometí en la campaña, el mejor en cincuenta años. Pero si ese equipo sabe es porque tiene experiencia, si no, no sabría. Yo soy el responsable de haber elegido gente honesta y capaz de ser independiente más allá de la historia que hayan recorrido, empezando por mí. Yo conozco a todos, o a la mayoría de los empresarios argentinos. Tal vez ellos están más preocupados por eso que contentos. A mí eso no me contamina en nada, voy a decidir ecuánimemente y por eso intento tener las mejores reglas de juego.
-¿Hay un prejuicio sobre los ministros que fueron empresarios o es acertado?
-Tengo un gabinete equilibrado. Hay mucha gente que viene conmigo de la Ciudad y de otras fuerzas y también del sector privado. Esta diversidad es un aporte.
-¿Hay algo que diga “lo podría haber hecho mejor en estos 100 días”?
– Siempre. Acá el debate es siempre la ansiedad por ir más rápido, por hacer más cosas. Y en la etapa que estamos, después de tanto daño, hay que recuperar la confianza. En algunas cosas quisimos ir demasiado rápido sin buscar consensos. Por ejemplo, con el decreto de los jueces para la Corte. Es constitucional, pero no nos tomamos el trabajo de explicarlo en ámbitos académicos, políticos, periodísticos. Fallamos en no explicarlo antes de hacerlo.
-¿La llegada de Obama abre un nuevo vínculo con Estados Unidos?
-Estamos comenzando una etapa madura, inteligente, queriendo tener una relación que sea conveniente para ambos. Yo tomo la visita de Obama como un gesto de afecto del gobierno americano al país y además como un gesto de apoyo al gobiern
o que comienza. Compartimos banderas muy importantes. Defensa de la democracia, de los derechos humanos, contra el cambio climático, contra al terrorismo, y a favor de la innovación y de la incorporación de tecnología para garantizar el trabajo a nuestra gente. Tenemos mucho para crecer. El desafío final es el conocimiento.
-¿Va a viajar a Cuba después de Washington?
-No está confirmado. Pero podríamos ir. Hay que apoyar este intento de apertura, las reformas en Cuba.