Pero sus plumas más destacadas reafirman no sólo su defensa de la Década Ganada sino también su enfoque negativo hacia Mauricio Macri. Ellos son “los viudos de Cristina”. Por ejemplo:
Cristina y una idea de sus viudos: “(…) macrismo y kirchnerismo se consoliden como los dos lenguajes políticos de la Argentina del siglo XXI; constituyen las dos soluciones discursivas y políticas a la crisis de representación del 2001, son contemporáneos y mantienen entre si una simétrica rivalidad seguirá marcando el ritmo y los contenidos de la disputa política. (…)”.
El Mundo K arde en defensa de los emblemas del ‘modelo’. Ejemplo 1: Defensa de la Ley de Medios y de Alejandra Gils Carbó. Se llega al colmo a afirmar que los medios de comunicación críticos de Cristina son monitoreados por la CIA. ¡…!
Hernán Brienza en el diario Tiempo Argentino:
“Una pena. Una verdadera pena. El revanchismo parece estar quitándole espacio a la lucidez. A pocos días de asumir, el Macrismo, que podría haberse presentado en sociedad como un “progresismo de derecha”, ya está demostrando que va a ser más derecha que progresista, que su supuesto liberalismo –incluso hay algunos inocentes autodenominados libertarios- va a tener mucho más de conservador, siguiendo la tradición argentina del siglo XIX y XX, que de liberal.
(…) Antes de asumir, Macri ya demostró sus verdaderas intenciones. Con los anuncios de devaluación y liberación de las restricciones cambiarias generó un aumento de precios y una corrida cambiaria que dejó un tendal de víctimas: los trabajadores comunes, cuyos sueldos ya no acompañan la suba inflacionaria gracias a las paritarias.
Estas fiestas van a ser mucho menos dulces para los sectores populares que la de los últimos doce años. Y lo cierto es que no es culpa del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, más allá de los errores que se puedan haber cometidos: es pura y sencillamente culpa de las maniobras desestabilizadoras que generó el nuevo sistema de alianzas en la Argentina formada por la derecha política, el capital concentrado –Sociedad Rural y AEA-, los Medios de Comunicación, monitoreados por distintas terminales en el Departamento de Estado norteamericano, que incluyen, obviamente, a la CIA.
Pero hay más: imbuido de un espíritu republicano digno de un condottiero, ya se dispuso a quebrar la Ley de Medios –obsesión de su cómplice Héctor Magnetto- enviando primero a Miguel de Godoy, su ilusorio representante en la AFSCA a amedrentar a Martín Sabbatella, y al día siguiente al juez-heraldo Claudio Bonadio a apretarlo directamente con una causa que beneficia al Grupo Clarín.
Pero eso no fue el primer tributo que recibió del Poder In-Judicial: en una panquequeada jurídica que hará historia, el mismo fiscal pidió sobreseer a Macri en la misma causa que antes lo había involucrado. “Un cuadro nuevo y distinto se abre ante los ojos del suscrito, el cual pone en evidencia, lógicamente, nuevos elementos de valor que merecen ser considerado”, redacta el propio fiscal en su escrito, reconociendo que la pronta asunción convierte a Macri en un monarca al que la justicia no lo alcanza.
El tercer momento de avasallamiento del presidente electo sobre el PJ del Estado se produjo con la campaña contra la procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, quien sufre una violenta “embestida” (Clarín style) para que renuncie a su cargo, dos años antes de lo que lo establece la ley, porque el futuro Presidente quiere designar a alguien de gusto y placer en ese puesto. Como bien podría haber dicho la divertida Adelina Dalesio de Viola (¿volverá en este revival noventista?): independencia de poderes “las pelotas”. (…)”.
El ejemplo 2 intenta incluir a Mauricio Macri en una hipotética investigación judicial que quiere sanciar a empresarios y empresas supuestamente vinculados a la represión de guerrilleros y activistas de izquierda durante la dictadura cívico-militar de los años ’70:
Horacio Verbitsky en el diario Página/12:
“El próximo jueves, por primera vez en el siglo transcurrido desde que se celebran elecciones por el voto universal y secreto, un partido de la derecha patronal alcanzará el gobierno por medios legales y no derribando a golpes instituciones y derechos. El miércoles pasado, Cristina Fernández de Kirchner promulgó en la EXma la ley 27217 que crea en el ámbito del Congreso una Comisión Bicameral “de Identificación de las Complicidades Económicas y Financieras durante la última dictadura militar”.
Al día siguiente, se presentó en el auditorio Emilio Mignone, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), un monumental informe de mil páginas sobre la responsabilidad empresarial en delitos de lesa humanidad. Un ejemplar ya fue entregado al fiscal general Jorge Auat, titular de la Procuradoría de crímenes contra la humanidad del Ministerio Público y a su adjunta Carolina Varsky, y la semana próxima recibirá el suyo el diputado Héctor Recalde, autor del proyecto por el que se creó la Comisión Bicameral. La relación entre estos hechos es evidente, pero indirecta, porque ni 2016 es 1976, ni Macrì es Videla, por más que representen intereses afines, aunque no idénticos.
(…) El 29 de mayo de 1991, ya retirado de la Justicia, el camarista y luego Procurador General Andrés D’Alessio, reveló su verdadero origen. Uno de los miembros del tribunal, Jorge Valerga Aráoz, le preguntó a su amigo Osvaldo Pérez Cortés quién podría prestarles un equipo moderno. Pérez Cortés presidió la Comisión de Informática del Poder Judicial de la Nación durante la dictadura, fue vicepresidente de la Asociación Argentina de Informática Jurídica durante 1983 y 1984 y Gerente Legal de Asuntos Contractuales y Contencioso Administrativo de Sideco Americana, desde marzo de 1984. En respuesta a la consulta de Valerga Aráoz, Pérez Cortés regaló la procesadora de texto a la Cámara Federal en nombre de Sideco Americana. Su gerente general era Maurizio Macrì.
No es de extrañar que la investigación a los instigadores, cómplices y beneficiarios civiles de la dictadura no fuera contemplada ni siquiera en el considerando 12 y el punto 30 de la sentencia de 1985, que ordenó el enjuiciamiento no sólo de los ex Comandantes sino también “de los oficiales superiores que ocuparon los Comandos de Zonas y Subzonas de Defensa”, de “todos aquellos que tuvieron responsabilidad operativa en las acciones”, de “quienes por su ubicación en la cadena de mandos conocieron de la ilicitud del sistema”, o cometieron hechos aberrantes o atroces. Ni una palabra del poder económico. El juicio pudo realizarse sin riesgo de descarrilamiento institucional pero dejó una democracia castrada que no supo, no quiso o no pudo demasiadas cosas fundamentales.
Luego de la bancarrota del gobierno radical, que debió dejar el poder antes de tiempo en medio de una crisis hiperinflacionaria y de saqueos, los grupos económicos emergentes como el nuevo poder participaron con entusiasmo en el desguace del Estado.
Cuando Carlos Menem accedió a la presidencia, Pérez Cortés fue uno de los hombres que el grupo Macrì colocó en el Poder Ejecutivo, primero como Subsecretario de Asuntos Legales de la Presidencia de la Nación y luego asesor de gabinete del Ministerio del Interior. En la actualidad, el ex camarista Valerga Aráoz es el abogado defensor de Carlos Blaquier, principal accionista
de una de las empresas investigadas, el Ingenio Ledesma. (…)”.
de una de las empresas investigadas, el Ingenio Ledesma. (…)”.
El ejemplo 3 consiste en un luto por Cristina. En teoría, nadie fue mejor ni nadie lo será. El texto es casi una endecha por la mandataria en retirada:
Roberto Caballero en el diario Tiempo Argentino:
“(…) Con su estilo frontal y decidido, la convicción de todo cuadro político forjado en los ’70, peleando la mayoría de las veces, en una sociedad machista como la nuestra, contra el prejuicio extendido en los ambientes del poder por su portación de faldas, Cristina Kirchner gobernó la Argentina, que no es otra cosa que administrar los intereses, muchas veces contrapuestos, de los distintos actores sociales, políticos y económicos, nacionales y extranjeros. No lo hizo durante una semana, ni 24 meses: fueron ocho años.
Su legado, contra el nuevo relato oficial que vuelve a plantear la pesada herencia recibida como excusa al pánico escénico que implica hacerse cargo de estas infinitas tensiones, es el más consistente de las últimas décadas: la creación de empleo, la reindustrialización, la apertura de universidades, la política de Derechos Humanos, el impulso a la ciencia y la tecnología, la recuperación de empresas estratégicas como AA o YPF y el desendeudamiento son algunas de las materias aprobadas de modo transversal.
Visto desde el ahora, parece bueno. Es invaluable, sin embargo, cuando se cotejan estos resultados con épocas anteriores y no demasiado lejanas. Todos los presidentes democráticos recientes dejaron su marca con cosas buenas y malas.
(…) Cuando se analiza en perspectiva histórica, sin los apasionamientos de coyuntura, el legado de Cristina Kirchner, más que virtuoso, es de una enorme potencia democrática. Sus dos mandatos fueron reparadores de los errores de otros gobernantes, fortaleciendo la soberanía popular. Mientras ella tuvo los atributos de mando, no gobernaron Techint ni Clarín ni la Sociedad Rural ni los bancos: gobernó la democracia de todos los argentinos.
De todos los presidentes previos, incluido Néstor Kirchner, Cristina Kirchner fue la que más tuvo que lidiar con la comunicación concentrada y monopólica. Ni mil tapas en contra la hicieron modificar el modelo que se había trazado, revalidado en 2011 por el 54% de los votos.
Víctima de ataques y extorsiones mediáticas, demonizaciones a mansalva, hostigamiento empresario, zancadillas del Poder Judicial, operaciones de embajadas extranjeras y traiciones recurrentes de esos dirigentes caprichosamente jabonosos que existen en todos los gobiernos, va a entregar un país mejor del que recibió Néstor Kirchner en 2003.
Y se lo entrega a Mauricio Macri, expresión de una derecha, dueña del poder y del dinero desde siempre, que usó todos los atajos posibles para llegar al gobierno institucional (obstruccionismo legislativo, operaciones mediáticas continuas, judicialización de toda la gestión y corridas cambiarias diversas) y finalmente comprendió que, si quería entrar por la puerta grande de la Casa Rosada que deja Cristina Kirchner, debía ganar legítimamente en elecciones y lo hizo, en comicios transparentes organizados y garantizados por el gobierno saliente, con la mitad más uno de los votos.
(…) Utopías tienen todos, también Macri. Menem las tenía. Terminó preso en la quinta de Armando Gostanian, una vez que esos mismos grupos le sacaron todo lo que podían sacarle, para hacerse más grandes, más concentrados y más monopólicos.
Cuando deje de pelear contra sus propios fantasmas y contra el kirchnerismo, Macri va a tener que gobernar él solo, sin Jaime Duran Barba y su guía budista. Entonces, deberá dirigir a dirigentes que no se quieren dejar dirigir. Manejar a gente que promete cosas que no le va a cumplir. Sostener vínculo y relaciones con personajes que lo van a tratar de hundir mientras le palmean la espalda y le sonríen. Tratar con corruptos que lo van a acusar de corrupto a él por lo que hizo o lo que no hizo nunca y lo van a llevar de paseo turístico a Tribunales después del dulce de los primeros tiempos. Manejarse con grupos comunicacionales que, así como ahora instalan una figura de galán maduro, dentro de dos años van a editarle todas sus fotos donde aparezca como loco o decrépito.
(…) La cultura política nacional es despiadada con los mandados y también con los que mandan. Lo único que Cristina Kirchner no pudo modificar es eso: la ley de la selva del poder. Se mejoró en muchas cosas, claro que sí, pero la dirigencia del país que Macri va a presidir (la élite empresaria, la política, la sindical, la deportiva, la religiosa, la cultural) tiene un compromiso con el bien común, la transparencia y el diálogo de baja o nula densidad. (…)”.
Ejemplo 4: continuidad de la idea que el comicio fue un empate y no triunfo concreto de Mauricio Macri, la idea es la sociedad polarizada, en 2 porciones casi iguales y antagónicas. Luego, se habla de macrismo y kirchnerismo, dejando en claro que es el bipartidismo que asegura la permanencia de Cristina.
Raúl Kollman entrevistó en Página 12 a varios sociólogos que proveyeron de trabajos de investigación a los K durante años:
“(…) La mirada de Roberto Bacman, quien lidera el Centro de Estudios de Opinión Pública (CEOP), es distinta. “El jueves 10 de diciembre, cuando asuma la Presidencia de la Nación, Mauricio Macri se enfrentará a un país con un alto nivel de polarización, y mal que le pese a quien le pese, no queda duda alguna que la Argentina, tras el resultado de las recientes elecciones presidenciales, se ha convertido en un país polarizado, dividido en dos posiciones diferentes, incluso antagónicas. El resultado de tales elecciones fue más que evidente al respecto: mientras alrededor de un 51 por ciento optó por un cambio, el resto, casi el 49 por ciento, eligió –a su manera– la continuidad. Una balanza que se inclinó por muy poco hacia un cambio de gobierno. Sin lugar a dudas, en estos comicios no existió una consigna de referencia que haya representado el pensamiento de una clara mayoría, y que por ello se haya convertido en dominante. Por el contrario, la sociedad se dividió dejando al descubierto dos modelos en pugna, donde la interpretación del concepto de cambio se posicionó entre dos significantes. Si desde el año 1989, en cada elección presidencial la economía ocupó el centro de la escena, en esta última elección la interpretación de dicho concepto se dicotomizó: por un lado la propuesta entre el significante vacío de definiciones económicas con respecto al cambio; y por el otro, la conceptualización del concepto de ‘continuidad más cambios”, que suponía la necesidad de no tirar por la borda los doce años de gestión del kirchnerismo, y por consiguiente seguir construyendo sobre sus cimientos. Y esta fuerte polarización, se convertirá en el principal indicador que surcará la primera etapa de la gestión de Macri. Justamente allí radica su desafío de arranque: cualquier equivocación o desvío puede ser fatal”.
(…) Ignacio Ramírez es el titular de Ibarómetro, la consultora que fundó Doris Capurro. Ramírez hace un análisis muy detallado. “La sociedad viene recorriendo la transición con mayor calma que la que se observa en el sistema político y periodístico. Pese a que la foto electoral del 22N haya alumbrado una suerte de empate ideológico en la sociedad, la política argentina está metabolizando la alternancia sin erupciones sociales o institucionales. El ánimo en la sociedad reúne dos rasgos que no convergieron en anteriores alternancias: una extendida ilusión asociada a la oportunid
ad del cambio y un amplio balance positivo del ciclo político que se cierra, cuyos avances en materia de inclusión y ampliación de derechos suscitan una generalizada adhesión. En este sentido, y si bien el Frente para la Victoria perdió la condición de mayoría en manos de Cambiemos, la mayoría de los argentinos se siente representado por alguna de las dos principales fuerzas políticas que interactúan en la escena política argentina: kirchnerismo y macrismo. Esto es, la ciudadanía argentina manifiesta signos muy distintos a los que distinguieron el ambiente del 2001, cuando el nihilismo político (la idea de que son todos iguales) teñía todas las esferas de lo social. No obstante, cierta fatiga sedimentada en el curso de un proceso político intenso y largo ha configurado las condiciones favorables al cambio, pero sin que ello implique un repudio masivo a la fuerza política que deja el poder. De allí que macrismo y kirchnerismo se consoliden como los dos lenguajes políticos de la Argentina del siglo XXI; constituyen las dos soluciones discursivas y políticas a la crisis de representación del 2001, son contemporáneos y mantienen entre si una simétrica rivalidad seguirá marcando el ritmo y los contenidos de la disputa política. El proyecto encabezado por Mauricio Macri ha logrado suavizar los temores que activaba al inicio del proceso electoral y también ha conseguido, en este último tramo, inspirar expectativas de signo más positivo. Sin embargo deberá atender un desafío fundamental: no ha ganado apalancado por una eufórica y masiva identificación con sus propuestas sino más bien por un sentimiento de cambio que pudo encolumnarse detrás de una única opción y que por poco desbordó el 50 por ciento de los votos. (…)”.
ad del cambio y un amplio balance positivo del ciclo político que se cierra, cuyos avances en materia de inclusión y ampliación de derechos suscitan una generalizada adhesión. En este sentido, y si bien el Frente para la Victoria perdió la condición de mayoría en manos de Cambiemos, la mayoría de los argentinos se siente representado por alguna de las dos principales fuerzas políticas que interactúan en la escena política argentina: kirchnerismo y macrismo. Esto es, la ciudadanía argentina manifiesta signos muy distintos a los que distinguieron el ambiente del 2001, cuando el nihilismo político (la idea de que son todos iguales) teñía todas las esferas de lo social. No obstante, cierta fatiga sedimentada en el curso de un proceso político intenso y largo ha configurado las condiciones favorables al cambio, pero sin que ello implique un repudio masivo a la fuerza política que deja el poder. De allí que macrismo y kirchnerismo se consoliden como los dos lenguajes políticos de la Argentina del siglo XXI; constituyen las dos soluciones discursivas y políticas a la crisis de representación del 2001, son contemporáneos y mantienen entre si una simétrica rivalidad seguirá marcando el ritmo y los contenidos de la disputa política. El proyecto encabezado por Mauricio Macri ha logrado suavizar los temores que activaba al inicio del proceso electoral y también ha conseguido, en este último tramo, inspirar expectativas de signo más positivo. Sin embargo deberá atender un desafío fundamental: no ha ganado apalancado por una eufórica y masiva identificación con sus propuestas sino más bien por un sentimiento de cambio que pudo encolumnarse detrás de una única opción y que por poco desbordó el 50 por ciento de los votos. (…)”.
fuente urgente24